-¿Dónde estará el Chapo?- me pregunta mi hija Paty que, para términos prácticos, se ha convertido en una mini dirigente sindical de la CNTE; las vacaciones le han dado la oportunidad de “negociar” sus actividades que incluyen plantones a la entrada de su cuarto (pieza, decía mi abuelita) para manifestar su decisión de no recoger sus “cosas”, hasta que haya un cateo que dé con una méndiga diadema.
-A dónde se fue y con el permiso de quién?- insiste la Luz Clarita toluqueña.
Yo, que tengo y no la respuesta, le pido que hagamos un ejercicio de imaginación e, instalados en nuestro papel de policías rurales, aventuremos algunos lugares.
Tepetongo. Quizá esta mañana esté a punto de lanzarse por el tobogán principal del parque, en traje de baño color caqui (para no perder la costumbre), y dispuesto a construir un tobogán tipo túnel para su deleite personal.
En Kidzania, me dice la frutita de mi vientre. Es probable que ande escondido en la zona de baños.
-Ya en serio- insiste la alumna de Elba Esther Gordillo.
Ya en serio, me digo yo. ¿A dónde se habrá ido El Chapo?
En Holanda, unos hijos de los tulipanes, aseguraron haberlo visto en un estacionamiento, echándose un zapateado con sus nuevas albarcas cántabras (suecos). No era.
Fotos revelan que viajaba de copiloto de una avioneta fumigadora de Villa Guerrero.
Lo primero que yo hubiera hecho, de ser el capo, sería lanzarme a una estética de Alfredo Palacios por un buen corte de cabello – casquete corto- ante la muy mala peluquería que, parece, se practica en el Altiplano; luego, ya peinadito, me compraría mi sombrero, unos huaraches y enfilaría mi camino hacia Pilcaya. Allá los jueves tendría asegurado mi pozole blanco y un litro de Coyote. Viviría cerca de la barranca y todas las tardes solicitaría mi plato de pepinos con limón, chile y queso Cotija.
Todos los días leería la Biblia –no todos los pasajes, por recomendación de don Enrique- y caminaría un kilómetro y medio, por si las dudas.
Sí, ya sé, yo no soy el Chapo. Él está en el nicho del santo heroico, o en el altar del enemigo máximo. Escondiéndose o exhibiéndose; riendo o llorando; soñando en su encierro o tal vez encerrado en sus sueños.
Paty me mira, suspira y luego me pregunta: ¿Y dónde estás tú?
Yo ya no respondo, me defiendo más callado.
Nos encontramos en @gfloresa7


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