Afonía del Cicerone

Mi historial educativo pasa, orgullosamente, por la escuela pública. En ella fui educado y maleducado; aprendí e ignoré; me quedé sin recreo y varias veces barrí el patio después del descanso, en castigo por no sé qué cargos. Un día la directora, “Seño Amparito” – como ve, lectora- lector querido, la maestra ya llevaba en el nombre la razón jurídica-  me agarró rascándome la cabeza con singular alegría. En ese mismo instante, y bajo una minuciosa exploración, estilo Arely Gómez, en el túnel de El Chapo, decretó que andaba empiojado. Todo se derrumbo dentro de mi, igualito que a Emmanuel.
julio 30, 2015

Mi historial educativo pasa, orgullosamente, por la escuela pública. En ella fui educado y maleducado; aprendí e ignoré; me quedé sin recreo y varias veces barrí el patio después del descanso, en castigo por no sé qué cargos.

Un día la directora, “Seño Amparito” – como ve, lectora- lector querido, la maestra ya llevaba en el nombre la razón jurídica-  me agarró rascándome la cabeza con singular alegría. En ese mismo instante, y bajo una minuciosa exploración, estilo Arely Gómez, en el túnel de El Chapo, decretó que andaba empiojado. Todo se derrumbo dentro de mi, igualito que a Emmanuel. En mi casa, la Sociedad Fitosanitaria, encabezada por mi mamá y mi tía Yeyó, tenía preparado el banquito con una almohada en donde posaría mi blonda cabellera para comenzar la tarea de matar piojos, liendres y uno que otro director técnico, en pos del buen nombre de la familia y la limpieza capilar que siempre había caracterizado a sus integrantes.

Me aplicaron, pues, el Martinolazo, y luego de unas horas de exploración, acabaron – con la ayuda de sus firmes uñas-  por aplastar a toda la fauna nociva que habitaba de la mollera para abajo.  

Si AMLO hubiera visto esto, seguramente diría que se trataba de una cortina de humo para distraerme de las maniobras familiares que preparaban la llegada de un fregadazo llamado Araceli, y que, a la postre, resultó ser mi inteligente hermana menor.

El tabasqueño aseguraría que todo estaba preparado por la mafia en el poder encabezada por la “Seño Amparito”, mi jefa, su hermana, el carpintero que hizo el banco y el ganso que aportó las plumas para la almohada.

A varios años de distancia, creo que la conspiración que podría haber relatado el Peje era verdad.

Una cortina de humo que me distrajo de dos horas de tele, dos panes tostados con Lechera y media bolsa de chiclosos “Kori” que eran una grosería a las encías.

Aguas, las cortinas de humo están por todos lados. Nada de lo que parece es; nada de lo que es parece. El mundo se mueve bajo el manto de la conspiración del capitalismo salvaje y la mafia en el poder.

Desde mis piojos hasta El Piojo, un mundo nos vigila.

Yo quiero mis “Kori”, y que la cortina de humo me la hagan con olanes, por eso de la contaminación y el sobrecalentamiento global.

Nos encontramos en @gfloresa7

 

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