Afonía del Cicerone

Algo le pasa al aeropuerto de Toluca que se siente tan frío, tan solo, tan sin chiste. Quizá sea hora de que pongamos en sus salas un changarro de carnitas y un taller mecánico estilo “El Mofles”, pero para aviones, con la finalidad de darle ambiente a una terminal aérea (así dicen en sus discursos los administradores) completamente ajena al animoso gusto u obligación de surcar los cielos. Sus administradores han sido, en el mejor de los casos, excelentísimos viajeros frecuentes con cargo al erario. Alguna vez fui invitado para recibir a los pasajeros de un nuevo vuelo que llegaba
noviembre 15, 2015

Algo le pasa al aeropuerto de Toluca que se siente tan frío, tan solo, tan sin chiste.

Quizá sea hora de que pongamos en sus salas un changarro de carnitas y un taller mecánico estilo “El Mofles”, pero para aviones, con la finalidad de darle ambiente a una terminal aérea (así dicen en sus discursos los administradores) completamente ajena al animoso gusto u obligación de surcar los cielos.

Sus administradores han sido, en el mejor de los casos, excelentísimos viajeros frecuentes con cargo al erario.

Alguna vez fui invitado para recibir a los pasajeros de un nuevo vuelo que llegaba de Florida. Los angelitos dispusieron que el aterrizaje fuera a la una de la mañana.

Ahí estaba yo, desde las 12, con una cara de Emilio Chuayffet, justo cuando en su sueño le avisan que siempre no será embajador de España.

La idea era recibir con mariachi y antojitos, a los cuatro pasajeros que inauguraban el vuelo.

Y nos dieron las una, las dos y las tres, y en lontanaza, sopas, el avión.

El mariachi se quedó dormido; los antojitos, compuestos por mini sopes, mini tostadas, mini pambazos y mini flautas mantuvieron su entereza pero se congelaron.

Los cuatro anfitriones que quedábamos en la puerta de llegada nos mentábamos la madre con la mirada y, los recién llegados, los muy pelados, ni cuenta se dieron que estábamos ahí. A paso de Selección Nacional, después de perder contra EU, agarraron sus chivas y le llegaron. Ni tiempo dio que les ofreciéramos un mini helado de sope de chorizo con papas.

Eso sí, el administrador en turno del aeropuerto,  tenía lista su maleta – incluida su familia- para inaugurar el vuelo de regreso Toluca- Florida.

Se nos peló.

La actual administración – más preocupada en comprar departamentos en Santa Fe, y menos voladora- navega entre los buenos deseos, lo que podría ser posible y lo que no es.

Triste es ver el aeropuerto solito y su boingnera alma, y sólo funcional para los magnates y políticos de este país, que aterrizan en él, por miedo a andar por las carreteras y que un pipazo me los flamé.

Sana y pronta recuperación a este lugar que está lejos de hacer volar sueños, y muy cerca, cerquita del suelo que es por donde transita la ineficiencia de los encargados.

A volar, joven, decía Cantinflas.

Nos encontramos en @gfloresa7.

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