La economía y la inmigración definirán la agenda de los republicanos rumbo a las elecciones presidenciales de 2016 y probablemente serán temas que den los argumentos necesarios a los demócratas para mantener por tercera ocasión consecutiva la Casa Blanca. En el último debate estelar celebrado por los ocho aspirantes que encabezan las encuestas, el tema migratorio, la política impositiva y la oposición al incremento del salario mínimo a los trabajadores estadounidenses fueron un adelanto de hacia donde se mueve el pensamiento conservador de los republicanos.
La realidad muestra que cada vez hay más indicios de que la economía estadounidense mejora y eso puede suponer un reto para los esfuerzos republicanos de recuperar la Casa Blanca, pues les quita municiones en sus ataques al presidente Barack Obama y al Partido Demócrata.
Por ejemplo la tasa de desempleo en el país, luego de dispararse bajo la administración del republicano George W. Bush, ahora se redujo hasta un cinco por ciento, con un ligero aumento en los ingresos por hora, y más de 270 mil nuevos puestos de trabajo añadidos en octubre. Esta situación indudablemente contrarresta el viejo argumento del Partido Republicano en contra del manejo de la economía de Obama y debe reforzar el empuje de la probable retadora demócrata, Hillary Clinton, quien ya afirma hará un gobierno para cimentar algunos legados del actual mandatario.
Los republicanos dejaron a los demócratas una economía sumergida en la peor crisis en los últimos 60 años, altamente endeudada, con niveles de desempleo históricos y con graves problemas internacionales.
Cuando asumió el gobierno, Obama aseguró que le llevaría más de un año poner la casa en orden, luego de la catastrófica gestión republicana, algo que aparentemente consiguió, al menos en términos de generación de empleos.
A un año de los comicios presidenciales en noviembre de 2016, los republicanos no se cansan de pregonar que un miembro de esa agrupación en la Mansión Ejecutiva sería mejor que un demócrata, algo que contradice la realidad con los resultados del expresidente William Clinton y el actual mandatario.
En el último debate republicano en Milwaukee, el moderador Gerard Baker, del diario The Wall Street Journal, señaló que el gobierno de Obama añadió un promedio de 107 mil empleos al mes, y que la administración Clinton agregó 240 mil plazas al mes, mientras que la administración de W. Bush creó simplemente 13 mil al mes en promedio.
Los hechos demuestran lo contradictorio de las posiciones de los rojos, que más que en realidades basan su ofensiva en palabras calificando a los demócratas de ineficaces y de tener un gobierno muy grande.
En una valoración sobre el problema, Hillary Clinton defendió la gestión de los demócratas y señaló que son muy pocos los que quieren restaurar la administración de Bush.
Los actuales aspirantes a la presidencia por el bando rojo en la mayoría de los casos se oponen a subir el salario mínimo a los trabajadores estadounidenses, considerados la base de la clase media y muchos fueron sus esfuerzos por boicotear en el Congreso iniciativas en esa dirección.
Contra toda lógica los candidatos presidenciales republicanos a menudo alegan que, si bien la tasa de desempleo es baja, no refleja adecuadamente la inmensa mayoría de las personas que abandonaron la fuerza laboral o de que los cheques de pago de los trabajadores no están creciendo, cuando son ellos los que se oponen a eso.
En general los estadounidenses se muestran insatisfechos, y mientras que la confianza del consumidor aumentó, encuesta tras encuesta muestran que los votantes todavía creen que el país va por el camino equivocado, y que aún están preocupados por la economía.
En la liza republicana hay candidatos como el senador Ted Cruz que promete crear 4,9 millones de empleos nuevos en una década sin tener en cuenta que en los últimos siete años el gobierno de Obama ganó casi nueve millones de nuevos puestos de trabajo.
Las poco convincentes propuestas de los republicanos contrastan, en parte, con las ideas de los demócratas para la economía que incluyen un aumento al salario mínimo federal y el alza de impuestos a los ricos, a lo que se oponen los rojos pero en la práctica beneficiaría las aspiraciones de los del llamado partido azul de mantener la Casa Blanca.
Llama la atención que mientras decenas de personas se manifestaban en las afueras del Teatro Milwaukee, donde se celebraba el debate republicano, en apoyo al salario mínimo de 15 dólares por hora, ninguno de los participantes en el encuentro se manifestó por esa medida.
Como dijo el presidente Obama, para la oposición «todo está oscuro y todo es terrible» pero se abstienen de presentar soluciones para los desastres que ellos perciben.
Aunque esa estrategia funcionó en las elecciones de medio término de 2012, donde los republicanos alcanzaron la mayoría en el Senado, difícilmente resulte en los comicios presidenciales, sostienen analistas.
En este tema de la economía, donde el bolsillo mueve el voto, muchos estadounidenses no olvidaron aún que la ultima administración republicana fue una catástrofe, señalan expertos.
INMIGRACIÓN
Sobre este aspecto parece prevalecer en la agenda partidista la inclinación hacia las posiciones más conservadoras sin llegar las ideas extravagantes del puntero en las encuestas Donald Trump, quien insiste en la deportación de 11 millones de personas sin papeles y la construcción de un muro en la frontera sur con México.
Tanto Trump como Cruz apoyan una línea dura contra los inmigrantes, mientras el senador por Florida Marco Rubio evita la discusión sobre el tema, ya que su participación en la propuesta que murió en el Senado en 2013 para una reforma migratoria disgustó a los más conservadores, aunque sus posiciones actuales van contra el cambio de la ley.
Rubio debe caminar por la cuerda floja en la explicación de su papel en la creación de ese proyecto de ley bipartidista que incluía un camino hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes que ya están en el país sin papeles, señaló recientemente el diario The New York Times.
Alejado de sus ideas iniciales, Rubio se distanció de la legislación, diciendo que ahora prefiere un enfoque paso a paso que empieza con asegurar la frontera.
En los últimos comicios cerca del 71 por ciento de los votantes hispanos apoyó a Obama y ahora un récord de 11,2 millones de electores latinos pueden votar en las elecciones, de acuerdo con el Centro de Investigación Pew.
En resumen, economía e inmigración parecen conjugarse para empujar a los republicanos hacia el precipicio.


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