Turquía después de la tormenta

Después de cinco meses de incertidumbre y desconcierto, Turquía intenta volver a la normalidad y el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) recupera las facultades que pudo perder tras las elecciones parlamentarias de junio. Luego de una fuerte campaña basada en una supuesta lucha contra el terrorismo y promesas de estabilidad y recuperación económica, la formación del primer ministro Ahmet Davutoglu obtuvo la victoria buscada, aunque no en la escala deseada. Si bien el AKP se alzó con el 49,50 por ciento de los votos en los comicios anticipados del primer domingo de noviembre, no ganó los dos tercios necesarios
noviembre 15, 2015

Después de cinco meses de incertidumbre y desconcierto, Turquía intenta volver a la normalidad y el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) recupera las facultades que pudo perder tras las elecciones parlamentarias de junio. Luego de una fuerte campaña basada en una supuesta lucha contra el terrorismo y promesas de estabilidad y recuperación económica, la formación del primer ministro Ahmet Davutoglu obtuvo la victoria buscada, aunque no en la escala deseada.

Si bien el AKP se alzó con el 49,50 por ciento de los votos en los comicios anticipados del primer domingo de noviembre, no ganó los dos tercios necesarios para reformar la Constitución, uno de los principales puntos de su programa electoral. No obstante, su directiva no renuncia a transformar la Carta Magna para permitir el tránsito de un sistema parlamentario hacia uno presidencial, iniciativa impulsada por el mandatario Recep Tayyip Erdogan.

Solo tres días después de los comicios, el vocero del Gobierno, Ibrahim Kalin, anunció la realización de una evaluación sobre el modelo de administración más adecuado para Turquía y la posible celebración de un referendo sobre el tema.

Por su parte, Erdogan comunicó que la elaboración de una propuesta de nueva Constitución se iniciará de inmediato y Davutoglu se reunirá con los líderes de los principales partidos políticos para abordar ese asunto.

La reforma de los estatutos estará enfocada hacia la puesta en práctica de un régimen en el cual se establezca una división entre el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial.

Dicha transformación permitirá al Presidente ser parte activa del Ejecutivo como jefe de Gobierno, lo cual se ha convertido en el principal anhelo de Erdogan, quien ya logró organizar y vencer las primeras elecciones celebradas en Turquía por voto popular directo.

Tras su triunfo en agosto de 2014, quien fuera Primer Ministro durante más de una década prometió ampliar las facultades del cargo de jefe de Estado, con un acentuado carácter simbólico hasta el momento.

Para conseguir dicho propósito, espera alcanzar el respaldo necesario en la Asamblea Nacional y, en caso de no obtenerlo, apuesta por la celebración de una consulta popular.

Con la vuelta del tema a la agenda nacional, el Gobierno ha dejado de lado otras preocupaciones, entre ellas el clima de inseguridad existente en el país.

Tras el cierre de los colegios y el anuncio de un ganador definitivo, la calma debería llegar a esta nación eurasiática, pero la eventual superación de la crisis política no significa que se hayan solucionado otras problemáticas.

Por el contrario, los acontecimientos del último semestre resultan alarmantes y alejan la posibilidad del fin inmediato de la tormenta generada en ese período. Tras la decisión de Ankara de iniciar una supuesta lucha contra el terrorismo y congelar el proceso de paz con la guerrilla kurda, los enfrentamientos, atentados, detenciones y asesinatos no han cesado en este país.

Cientos de civiles, miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) e incluso integrantes de las fuerzas del orden han pagado el costo de un presunto combate por preservar la seguridad nacional.

En declaraciones recientes, el Presidente aseveró que los ataques contra el PKK continuarán hasta lograr su desintegración, en tanto el ministro de Relaciones Exteriores, Feridun Sinirlioglu, anunció el lanzamiento de una operación militar contra el Estado Islámico.

De esta manera, Turquía continúa bajo tensión, estremecida por la violencia y el miedo.

En este contexto, señala el analista Semih Idiz, corresponde al AKP traer la estabilidad prometida, considerada uno de los factores determinantes de su triunfo en las urnas.

Por su parte, el periodista Serkan Demirtas alerta sobre la existencia de un país diferente al que votó en junio.

Puede decirse que dos Turquías muy distintas fueron a los colegios electorales en los últimos meses y la diferencia mayor es el terror en medio del cual se llegó a los comicios de noviembre, lo cual no había sido presenciado en mucho tiempo, señaló.

Lo anterior, unido a la incapacidad de las fuerzas opositoras de formar una gran coalición, conllevó, según los estudiosos, a los resultados del último sufragio, tras el cual el país debe tratar de reencontrar su rumbo.

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