El alcalde mediocre

Mario A. García Huicochea analiza la mediocridad estructural en los gobiernos municipales del Estado de México: alternancia de redes, baja transformación estructural y conservación del poder.

La peor enfermedad de las administraciones municipales no es la corrupción espectacular.
Es la mediocridad normalizada.

La corrupción indigna.
La mediocridad adormece.
Y en el Estado de México, esa forma de poder se ha vuelto paisaje.

El alcalde mediocre no grita, no incendia, no quiebra el municipio. Administra. Se toma la foto. Inaugura. Pavimenta. Presume luminarias. Habla de “orden” y de “resultados históricos”. Mientras tanto, la estructura profunda permanece intacta.

La pobreza no retrocede de forma sustancial.
La seguridad no se transforma estructuralmente.
Los servicios básicos no evolucionan en calidad ni cobertura.
El presupuesto sostiene la maquinaria más de lo que rediseña el territorio.

Manos sosteniendo dos tubos de ensayo, uno con líquido rojo y otro con un paisaje urbano reflejado.

Eso no es accidente. Es modelo.

En el Edomex, donde los municipios concentran presupuestos multimillonarios y control territorial decisivo, la política local debería ser el laboratorio de la transformación. En cambio, demasiadas veces es el laboratorio de la conservación del poder.

El alcalde mediocre no necesita ser brillante.
Solo necesita ser suficiente.

Suficiente para conservar el cargo.
Suficiente para evitar auditorías incómodas.
Suficiente para sostener la red de lealtades que le garantiza continuidad.

Porque la mediocridad municipal casi nunca es solitaria. Es de red. Es de grupo. Es de círculo íntimo. Son los mismos nombres, los mismos proveedores, los mismos operadores que rotan entre partidos como si cambiaran de camiseta, pero no de prácticas.

Hoy puede ser PAN en un municipio, PRI en otro, Verde en el siguiente, Movimiento Ciudadano más allá. Cambian los colores. No cambia la lógica.

Alternancia familiar.
Alternancia de socios.
Alternancia de grupo.

En el Edomex esto tiene historia: cacicazgos locales reciclados, estructuras que sobreviven a la transición estatal, clanes que aprenden a convivir con cualquier sigla mientras el presupuesto fluya.

No siempre es ilegal.
Casi siempre es políticamente empobrecedor.

La democracia municipal se convierte en una coreografía cerrada donde la competencia real es sustituida por la continuidad disfrazada.

Y en medio, el ciudadano mexiquense.

El que paga impuestos.
El que soporta agua intermitente.
El que vive con patrullas visibles pero con miedo persistente.
El que observa cómo el poder se blinda mientras la ciudad no despega.

El alcalde mediocre no tiene ideología.
Tiene cálculo.

No tiene proyecto.
Tiene permanencia.

No tiene transformación.
Tiene narrativa.

Y cuando la narrativa no está respaldada por cambio estructural verificable, es propaganda.

El problema no es si el alcalde es simpático o rudo, ilustrado o ignorante. El problema es que la política municipal se haya reducido a una administración sin ambición pública, a una gestión que evita tocar intereses, que no reforma estructuras y que administra inercias como si eso fuera suficiente.

La mediocridad no destruye la ciudad.
La mantiene funcionando lo justo para que nada estalle y lo insuficiente para que nada cambie.

Esa es su perversidad.

No provoca escándalo permanente.
Provoca resignación.

Y cuando la resignación sustituye a la exigencia, la democracia local se vacía.

El alcalde mediocre no es un personaje.
Es un arquetipo del municipalismo mexiquense contemporáneo.

Mientras los partidos sigan postulando perfiles sin proyecto estructural, sin visión de largo plazo y sin ruptura con las redes tradicionales del poder local, el fenómeno seguirá repitiéndose.

En el Estado de México, donde el poder municipal es la antesala del poder estatal, esa mediocridad no es menor. Es semillero.

No importa el color.
Importa la estatura.

Y hoy, en demasiados municipios mexiquenses, la estatura del poder local está muy por debajo de la grandeza del territorio que gobierna.

Mario García Huicochea

Mario García Huicochea

Periodista y columnista especializado en análisis político. Observador crítico de la realidad social y política del Edomex durante más de cuatro décadas.

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