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Alerta: ¿crisis alimentaria en puerta?

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Alerta: ¿crisis alimentaria en puerta?

Los principales cereales que consume la especie humana, trigo, maíz y arroz, son precisamente los que corren el riesgo de escasear

En las últimas semanas han sido recurrentes en este espacio los comentarios acerca de las repercusiones globales de la guerra entre Rusia y Ucrania. Hemos tratado de reunir y presentar elementos convergentes que impactan a la sociedad global. Los comentarios han tenido que ver con la inflación, con los energéticos, con el desequilibrio en términos generales. Hoy es pertinente advertir las altas probabilidades de que, a finales de este 2022 y principios del siguiente año, la humanidad enfrente una crisis alimentaria.

La guerra y su implicación en la crisis alimentaria

La semana pasada el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos emitió un informe en el que proyecta que el consumo de maíz, trigo y arroz estará por encima de la producción para el ciclo 2022/2023. Las causas de esta escasez que se avecina es la baja producción de fertilizantes a nivel global, que no solo ha hecho que se incremente el precio de esos productos indispensables para la producción agrícola, sino que eventualmente ha llevado a muchos productores a no sembrar o hacerlo a menor escala.

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La guerra en Ucrania y sus efectos en los sistemas agroalimentarios y la seguridad alimentaria mundiales ya ha encendido las luces de alerta en varias partes. No solo es el Departamento de Agricultura estadounidense, sino que también la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). La segunda semana de mayo, la FAO celebró una sesión de su Conferencia Regional para Europa y buena parte de ella estuvo dedicada a revisar las implicaciones de la guerra en materia de agricultura (incluidos los precios mundiales de los alimentos y los fertilizantes), como consecuencia del difícil acceso a determinados productos e insumos.

Se sabe que Rusia es un gran productor de fertilizantes que vende en todo el planeta. También se conoce que rusos y ucranianos históricamente han abastecido de granos básicos a gran cantidad de países. Enfrascados como están ahora en acciones bélicas, su producción de alimentos y fertilizantes está generando un desbalance en el sector agrícola. México compra a Rusia el 30% de sus fertilizantes importados.

Incrementa precio de fertilizantes en México

En nuestro país, el precio de los fertilizantes agroquímicos aumentó, en promedio, 89% en lo que va del año, según un análisis realizado por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas y publicado no hace mucho en varios medios de comunicación. Con precios altos y baja disponibilidad, los agricultores podrían verse forzados a aplicar menos agroquímicos. Esto provocaría la reducción de los niveles de producción, mientras la demanda se mantiene o se incrementa.

Hace un par de meses, cuando la guerra en aquella parte del mundo apenas iniciaba y existía incertidumbre sobre cuánto tiempo duraría, la FAO proyectaba un aumento de entre 8 y 22% en los precios globales de los alimentos, “dependiendo de si el impacto es moderado o severo”. Han transcurrido las semanas y los meses sin que el conflicto armado tenga visos de solución. Por ello, de cara, al segundo semestre de 2022, ya en varias partes del planeta se está advirtiendo de una crisis alimentaria por un “impacto severo” de la guerra.

Cuando inició la guerra Rusa-Ucrania, la FAO hacía proyecciones en el sentido de que la escasez de trigo afectaría principalmente al norte de Africa y a Oriente medio; en tanto que la menor producción de maíz la sufrirían en Europa, China, Turquía y Egipto. Y, a partir de esas estimaciones, argumentaba que Canadá, Estados Unidos, Australia y Argentina podrían entrar “al quite” con su producción para evitar un desequilibrio mayúsculo en los mercados y una crisis alimentaria. Sin embargo, a la luz de lo que acaba de publicar el Departamento de Agricultura norteamericano, el panorama empieza a nublarse un poco más.

No hay pronunciamiento ante la posible crisis alimentaria

Los principales cereales que consume la especie humana, trigo, maíz y arroz, son precisamente los que corren el riesgo de escasear. Es un hecho que habrá más demanda que oferta en el mundo y las “reservas” que pudieran quedar por ahí se prestarán a la especulación y generarían, eventualmente, una escalada de precios. Hay que estar preparados para que las tortillas y el pan (de consumo generalizado en México), experimenten presiones al alza en los siguientes meses.

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Nuestras autoridades no han hecho hasta ahora ningún pronunciamiento relativo con esta probable crisis, pero podemos adelantar que deberán hacerlo más temprano que tarde. El reciente acuerdo entre gobierno y empresarios, anunciado  en Palacio Nacional, para incrementar la oferta y con ello contrarrestar la galopante inflación no alcanzaría para hacer frente a esta escasez mundial de alimentos. Su escala es mayúscula y casi nadie podrá sustraerse. A algunos afectará más y a otros menos. Al tiempo.