Alfabetizar es solo el principio

En 2009 la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a Nicaragua territorio libre de analfabetismo. Sin embargo, la lucha por la enseñanza en este país aún estaba lejos de terminar. En la segunda década del siglo XXI, saber leer y escribir es lo mismo que nada: un conocimiento demasiado básico, más bien una herramienta que en el mejor de los casos resulta capaz de abrir en el futuro las puertas del conocimiento. Sin embargo, para muchos es un lujo. En el planeta hay más de 700 millones de analfabetos, una cifra que
abril 2, 2014

En 2009 la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a Nicaragua territorio libre de analfabetismo. Sin embargo, la lucha por la enseñanza en este país aún estaba lejos de terminar.

En la segunda década del siglo XXI, saber leer y escribir es lo mismo que nada: un conocimiento demasiado básico, más bien una herramienta que en el mejor de los casos resulta capaz de abrir en el futuro las puertas del conocimiento.

Sin embargo, para muchos es un lujo. En el planeta hay más de 700 millones de analfabetos, una cifra que lejos de disminuir ha aumentado un ocho por ciento desde 1990, según la Unesco.

Desinterés de la clase política, marginación y exclusión, ausencia de una educación de calidad, inequidad, pobreza, carencia de infraestructura, abandono del sector rural, son solo algunas de las causas de esta situación en determinadas latitudes.

Lo fatídico es que mientras el analfabetismo se replica, las causas que lo generan harán lo mismo, una y otra vez, lastrando a la sociedad hacia una espiral descendente.

Por ello el primer paso -alfabetizar- es esencial.

La historia en Nicaragua no es nueva. En 1980, unos meses después del triunfo de la revolución sandinista el 19 de julio de 1979, el país se lanzó a erradicar el analfabetismo.

Miles de hombres y mujeres se diseminaron por todo el territorio en lo que se conoció como Cruzada Nacional de Alfabetización y en menos de un año el índice de personas que no sabían leer, anteriormente más de la mitad de la población, logró descender hasta un 13 por ciento.

No fue fácil ni sencillo, pero la voluntad política se impuso a la lógica de los costos, las pérdidas y la ausencia de beneficios económicos urgentes.

Ya lo dijo el brasileño Paulo Freire: Todo acto educativo es un acto político.

El interés por mantener este logro social se esfumó en la década de los 90, luego de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdiera las elecciones presidenciales.

Como dato de muestra basta decir que en 2006, el índice de analfabetismo era superior al 36,9 por ciento, o sea, alrededor de un tercio de la población.

Con el regreso del FSLN al gobierno en 2007, la educación volvió al tapete y el país inició una nueva ofensiva con la campaña de alfabetización y el método cubano Yo, sí puedo.

Par de años después, en 2009, la Unesco certificó que la tasa de analfabetismo se redujo a un 3.5 por ciento.

 

¿Y DESPUÉS, QUÉ?

Sin dudas, con saber leer no basta. Por ello, el segundo objetivo del gobierno -aún en marcha- es trabajar por elevar el nivel educativo en el país.

Prensa Latina conversó al respecto con la jefa de la Brigada Educativa cubana que desde 2008 asesora en la implementación de los programas de alfabetización y continuidad en la enseñanza, Inalvis Gómez.

En la actualidad existen tres programas en el país: Yo, sí puedo, de alfabetización; Ya puedo leer y escribir, que busca desarrollar habilidades de lectura y comprensión; Yo, sí puedo seguir, que garantiza que los nicaragüenses alcancen el sexto grado, explicó.

Implementarlos -comentó- es una labor compleja, que requiere de personal capacitado, por eso nuestra función es asesorar y capacitar a los diferentes equipos departamentales de Educación de Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación.

Apoyamos con conocimientos la materialización de los programas del proyecto grannacional de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), para la alfabetización y continuidad educativa.

Dentro de esa función -explicó- atendemos a la figura del facilitador, o sea, personas que poseen algún nivel educativo y se brindan de manera voluntaria a trabajar con los alumnos.

En algunas regiones apartadas se hace difícil completar el número de facilitadores necesarios, pues es una tarea voluntaria y sin retribución económica, pero siempre encontramos alguna solución, aseguró.

Además, la brigada visita los puntos de alfabetización y sensibiliza a representantes políticos e institucionales que aplican los distintos programas del gobierno en aras de lograr una mayor participación.

Pero vamos más allá de la instrucción, precisó. El conocimiento de la historia, de los procesos socio-culturales de la nación y de la región latinoamericana son parte indispensable de la formación que les transmitimos.

Gracias al esfuerzo económico y político del gobierno sandinista y de los miles de ciudadanos que cooperan para lograr esto, en los últimos seis años se han alfabetizados a más de 385 mil nicaragüenses, expresó.

Solo entre 2012 y 2013 aprendieron a leer y escribir alrededor de 100 mil personas.

Además, lograron el sexto grado más de 47 mil jóvenes y adultos, lo que constituye un paso importante en la elevación del nivel cultural y por ende del de vida, afirmó Gómez.

La meta aún está lejos. Serán necesarios años de trabajo, acompañados siempre de una voluntad política que, entre otras cosas se traduzca en apoyo económico a estos proyectos, algo complejo para un país pobre como este.

No obstante, Nicaragua ha demostrado que la construcción de una sociedad mejor es un futuro posible y no deberá tener reparos a la hora de pasar por encima de los escollos y trabajar por la educación de su pueblo.

 

*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.

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