Antorcha desquicia el tránsito en Toluca

Toluca, Estado de México; 30 de octubre de 2018. Las calles de Toluca se pintaron de rojo; banderas blancas se levantaban mientras un grito apabullante invadía la calle de Miguel Hidalgo. Siete horas de caos le esperaban a la capital más fría del país. Hombres y mujeres se aglutinaron a partir de las nueve de la mañana en las Torres Bicentenario, quienes poco respetaron la premura de los automovilistas y de quienes necesitaban llegar a tiempo a sus empleos.  A lo lejos se observaban los camiones en los que fueron traídos, filas enormes de personas que portaban banderas, cartulinas y
octubre 30, 2018

Toluca, Estado de México; 30 de octubre de 2018. Las calles de Toluca se pintaron de rojo; banderas blancas se levantaban mientras un grito apabullante invadía la calle de Miguel Hidalgo. Siete horas de caos le esperaban a la capital más fría del país. Hombres y mujeres se aglutinaron a partir de las nueve de la mañana en las Torres Bicentenario, quienes poco respetaron la premura de los automovilistas y de quienes necesitaban llegar a tiempo a sus empleos. 

A lo lejos se observaban los camiones en los que fueron traídos, filas enormes de personas que portaban banderas, cartulinas y lonas exigiendo mayor ingreso federal; gente adulta no sabía porque luchaba o qué pedía, sólo se formaban y esperaban a que sus líderes voltearan a ver la lucha real, la que se vive en el asfalto en medio de las mentadas de madre y no aquélla que se pregona desde un templete. 

El reloj marcó las once, dos horas de esperar pacientemente entre el calor intenso y el asfalto ardiente mientras los lideres del movimiento se hallaban protegidos en la sombra; su presencia pasó desapercibida, excepto por la mención del megáfono unas cuantas veces. 

Las demandas sociales dibujaban un rostro exigente en la postura de miles de almas. Tres mil 500 cuerpos levantaban cartulinas y carpas con mensajes escritos desde el rencor y la incertidumbre que alberga su pensamiento. Había una demanda firme en el aire: mayor presupuesto a obra pública estatal, inversión en Chimalhuacán, Ecatepec, Donato Guerra, Zumpango y Toluca, por mencionar algunos.

Los rostros enardecidos del contingente manifestaban el rechazo a las políticas gubernamentales del único eslabón priista que sobrevive en la entidad. Exigían el recurso federal para terminar el hospital de San Agustín en Chimalhuacán, pedían a gritos que el apoyo brindado en la campaña electoral se viera manifestado en el recurso a las comunidades más pobres, según el discurso de miles que caminaban. Denunciaban públicamente que apoyaron al revolucionario institucional en las elecciones del 2017 y que aún no habían visto resultados de su apoyo a las “comunidades más pobres”.

Los más jóvenes, con banda y baile, amenizaron el recorrido: pompones azules y blancos se erguían a la altura del cielo despejado, la secundaria Felipe Ángeles no cesó en los festejos, las letras brillantes que enmarcaban a la población eran el referente vivo de una antorcha y su fuego vivo. El grupo avanzó, sin temor al tráfico pesado que inunda a la capital, antes de la 13:00 horas. El mayor reto de las autoridades municipales fue resguardar la seguridad de un grupo que en repetidas ocasiones se ha manifestado a las puertas del ayuntamiento. “Más recursos al campo”, “Liberación de los transportistas”, “No a las reformas”, “Salario Rosa”, “Salud Digna”, “Que baje el presupuesto federal”, eran los gritos de 20 organizaciones que conformaban el ímpetu de hierro que creían tener los antorchistas: el camino fue largo, lento y caótico, filas interminables de vehículos desde Jaime Nuno hasta Nicolás Bravo fueron el resultado de lo que denominaron como “una lucha pacífica”, lucha que afectó 12 calles. 

“Somos 20 mil, a huevo que sí”, fueron las palabras de un hombre con radio que vigilaba las esquinas y cerraba el paso a los automovilistas. Los claxonazos comenzaron, hicieron juego con la banda y la tambora, no había calma en la capital, “sigamos adelante” era la consigna que llevaban los hombres que aún avanzaban entre las filas interminables de personas.

Un recorrido de 3.5 kilometros que entorpeció el tráfico de la ciudad por cuatro horas hasta su llegada la Plaza de los Mártires. Había líderes apasionados por la causa, describían a la perfección las injusticias del gobierno estatal, decían que gracias a ellos asumieron el poder y ahora los olvidan: “Del Mazo, tu gobierno es un fracaso”, fue el grito de inspiración para aquellos que habían decidido quedarse rezagados en las calles; no querían caminar bajo el rayo del sol y bajo el grito de los ciudadanos, que veían a su paso las lonas monumentales. 

“Sigamos adelante […] nos están esperando en la plaza”. Quienes esperaban al monstruo nacienteeran los lideres ausentes: Tolentino Román, Javier Hernández y Maricela Serrano, entre los murmullos la marcha renació en medio de la zozobra, escucharon que ya había personas esperando, escucharon que una explanada les aguardaba y que Alfredo del Mazo les abriría la puerta. Esas fueron las falsas esperanzas que se distribuyeron como pólvora entre los manifestantes. 

Comenzaron a distribuir un volante: “Hoy marchamos en Toluca por la insensibilidad e improductividad de funcionarios del gobierno del Estado”, se leía que tras 20 reuniones con Alejandro Ozuna, secretario de Gobierno, y ante la negativa de otorgar repuesta a las demandas sociales se disponían a realizar una marcha pacífica, libre y sin miedo a las represalias. 

El caos vial comenzó desde Rayón, cuando frente al jardín Zaragoza los presentes dispusieron del tiempo de los ciudadanos para tomar un respiro, mientras, los camiones intentaban ganarle el paso a los policías municipales, el caos llegó a su clímax cuando la autoridad se vio rebasada por los antorchistas que bloqueaban la calle de Hidalgo esquina Rayón, entre los gritos y las banderas como escudo, exigían respeto aunque ellos invadieran el espacio público, cientos de toluqueños intentaban llegar a su lugar de destino, a sabiendas del congestionamiento vial. 

El contingente se concentró, aunque aún había gente en Isidro Fabela esperando avanzar. A través del megáfono se escuchaba: “Perdón por las afectaciones ocasionadas señores automovilistas pero si estuvieras de mi lado, también marcharías”, la disculpa no fue aceptada: camioneros, taxistas y autos intentaron esquivar, se escuchaban las palabras altisonantes cual plegaria, cual padre nuestro, cual murmullo de una minoría. El sol comenzaba a descender, por un momento las nubes brindaron cobijo a unos cuantos, a los que se quedaban sentados y decían “yo no puedo decirle”, “enfrente pregunte” ¿Acaso las demandas sociales no representaban el sentir de todos? Poco importó que las demandas fueran en favor del equipamiento de los centros médicos de Chimalhuacán, Ixtapaluca, Ecatepec y Texcoco, al final del recorrido la única demanda que imperó en el eco de los ciudadanos indiferentes fue: “Antorcha, Antorcha, solución”, aunque en realidad la organización no presentaba ninguna falla, quizá se encontraba hambrienta del jugo presupuestario de la entidad. 

Los portales se conmocionaron, 5 mil cuerpos pasaron por la feria del alfeñique, la cual se cubrió de sombras. Los hombres y mujeres no perdían el tiempo en mirar las calles, avanzaban sin miedo, en el fondo sabían que  Jesús Tolentino Román, su dirigente estatal, los cobijaría con el apoyo de los más de 200 hombres que esperaban su llegada en el centro histórico luego de cuatro horas de caminata, desde su reunión en las Torres Bicentenario habían pasado 240 minutos; el tiempo parecía lo de menos para los que querían volver al juego de la oferta y la demanda. 

A su arribo al zócalo de la ciudad, un amigo les esperaba, (al menos así lo describió la gente) Telésforo García, diputado local por Chimalhuacán, esperaba ansioso para dar palabras de aliento al grupo, un hombre tomó el micrófono y lo presentó ante el resto como “El diputado de Antorcha”. Él no siguió el camino de miles de personas. En la plaza, Camelia Domínguez, líder antorchista, fue la primera en pronunciarse en contra de los abusos gubernamentales, pero no hicieron mención al atropello de hacer caminar por horas a los que ingenuamente confían en la representación solidaria de unos cuantos. Una comisión pidió ingresar al recinto de gobierno, poco a poco la mancha urbana en la calle de Lerdo se dispersó y permitió el paso de los integrantes de la comisión, el pliego petitorio con 10 demandas sociales en favor de 20 mil antorchistas ingresó, pero la respuesta nunca salió de aquellas puertas. 

Al interior una comisión, afuera un ambiente de júbilo que se vio reflejado en la participación del ballet folclórico de Chimalhuacán, un regalo para el cansancio social. La compensación del líder antorchista estatal a un pueblo sobajado por las esperanzas populistas de quien fuera un soldado priista. A lo lejos camiones de transporte se miraban en fila india, en la plaza de los Mártires miles de rostros cansados, una falsa retórica captada por los medios de comunicación, plegarias no escuchadas, lamentos profundos, coyuntura política y una que otra lágrima por las lesiones en los pies. Siete horas, hasta que la ciudad recobró su rumbo, minutos de reencuentro entre el grupo de choque y el viejo bastión priista: “Antorcha vive, la causa sigue”.

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