En la política mexiquense casi nadie grita cuando el poder cambia de manos.
Primero se mueven las miradas. Luego las llamadas dejan de responderse. Después aparecen los operadores desplazados, los alcaldes confundidos y los diputados que comienzan a sentarse en otras mesas.
Así empezó la fractura interna del Partido del Trabajo en el Estado de México.
Sin estridencias públicas. Sin manifiestos ideológicos. Sin épica revolucionaria. Apenas pequeñas señales de una reorganización silenciosa donde lo que realmente está en disputa no es la doctrina, sino el control político de uno de los partidos más útiles del nuevo régimen.
Porque el PT mexiquense aprendió algo que muchos partidos pequeños jamás entendieron: no hace falta ganar solo para convertirse en indispensable.

El partido que sobrevivió a todos
Durante años, el PT sobrevivió como fuerza secundaria de la izquierda mexicana. Nunca fue mayoría, pero tampoco desapareció.
Mientras otros partidos se extinguieron absorbidos por alianzas o derrotas electorales, el PT logró conservar registro, estructura y capacidad de negociación.
En el Estado de México esa permanencia tiene nombre propio: Óscar González Yáñez.
Economista de formación, exalcalde de Metepec, excandidato a gobernador y fundador histórico del partido en la entidad, González construyó durante décadas una estructura territorial basada en operadores regionales, liderazgos municipales y relaciones políticas locales.
Su fuerza nunca fue mediática. Fue territorial.
Conoce municipios. Liderazgos. Operadores. Grupos regionales. Y sobre todo, conoce cómo sobrevivir políticamente en el Estado de México.
Pero Morena cambió todo.

El ascenso de Morena alteró el equilibrio
La llegada del obradorismo al poder transformó el valor estratégico del PT.
El partido dejó de luchar por sobrevivir y comenzó a negociar posiciones dentro del bloque gobernante.
Ahí comenzó también la tensión interna.
Del otro lado apareció Reginaldo Sandoval Flores, coordinador parlamentario petista y principal figura de control nacional dentro del partido.
Sandoval representa una lógica distinta:
- centralización,
- disciplina nacional,
- alineamiento estratégico con Morena,
- y control cupular de decisiones.
La disputa interna comenzó a profundizarse cuando sectores del PT mexiquense percibieron intentos de reducir autonomía estatal y recentralizar decisiones clave:
- candidaturas,
- posiciones legislativas,
- representación electoral,
- y control administrativo del partido.
En abril de 2024, la dirigencia nacional removió a Óscar González como comisionado político nacional del PT en el Estado de México.
El movimiento fue interpretado dentro de la estructura petista como mucho más que un ajuste administrativo:
fue leído como un intento de reconfiguración del poder interno.

Alex Viedma y el mensaje silencioso de Morena
En medio de la disputa apareció otro nombre que comenzó a llamar la atención dentro del sistema político mexiquense: Alex Viedma.
Su presencia en eventos, dinámicas y círculos relacionados con el conflicto interno petista empezó a ser interpretada como una señal política relevante.
Porque Viedma es identificado como uno de los principales operadores cercanos a Horacio Duarte Olivares.
Y en política, los operadores rara vez aparecen por casualidad.
La lectura dentro de diversos sectores políticos mexiquenses fue inmediata:
Morena comenzó a observar más de cerca el equilibrio interno del PT.
La señal importa porque Horacio Duarte representa uno de los grupos políticos más sólidos y disciplinados del obradorismo mexiquense. Exdirigente de Morena en el Estado de México, exadministrador nacional de Aduanas y actual secretario General de Gobierno, Duarte concentra enorme capacidad de interlocución política e institucional.
Por eso la presencia de figuras cercanas a su círculo dentro del tablero petista fue interpretada como un mensaje simbólico:
el PT puede conservar autonomía relativa… siempre y cuando no altere los equilibrios estratégicos del bloque gobernante.

El verdadero combustible: dinero y candidaturas
La pelea no se explica solamente por diferencias personales.
El PT mexiquense administra:
- prerrogativas públicas,
- posiciones legislativas,
- espacios municipales,
- estructuras regionales,
- y capacidad de negociación electoral.
En política mexicana, controlar candidaturas significa controlar futuro.
Y controlar prerrogativas significa controlar estructura.
Por eso las disputas internas rara vez son exclusivamente ideológicas. También son administrativas, financieras y territoriales.
La izquierda mexicana terminó descubriendo algo incómodo: administrar un partido puede resultar más rentable que construir una revolución. Curiosa ironía histórica para organizaciones que alguna vez hablaban de lucha de clases.

Lo que realmente vale el PT
Electoralmente, el PT no compite con Morena. Pero tampoco necesita hacerlo.
Su verdadero valor está en otra parte:
- aportar votos útiles,
- movilizar estructura,
- operar regiones,
- y completar coaliciones.
En un estado con más de 13 millones de electores, incluso unos cuantos puntos porcentuales pueden definir:
- alcaldías,
- diputaciones,
- y mayorías legislativas.
Por eso el PT ocupa un lugar peculiar:
demasiado pequeño para gobernar solo,
demasiado útil para ser ignorado.

Escenario uno: si gana Óscar González
Si el grupo de Óscar González logra conservar influencia dominante dentro del PT mexiquense, el partido probablemente mantendría una lógica más territorial y relativamente autónoma frente a Morena.
Eso significaría:
- mayor negociación regional,
- preservación de liderazgos históricos,
- control local de candidaturas,
- y una relación más pragmática que subordinada con el obradorismo mexiquense.
El riesgo para Morena sería enfrentar un aliado menos disciplinado y más dispuesto a negociar posiciones propias rumbo a 2027.
Pero para muchos cuadros históricos del PT, ése precisamente sería el objetivo:
seguir siendo partido y no solamente apéndice político.

Escenario dos: si gana Reginaldo Sandoval
Si la dirigencia nacional consolida control sobre el PT mexiquense, el partido probablemente evolucionaría hacia una estructura mucho más alineada con las decisiones nacionales y con Morena.
Eso implicaría:
- centralización de candidaturas,
- menor margen para liderazgos regionales,
- disciplina política más rígida,
- y mayor integración operativa al bloque gobernante.
El beneficio para Morena sería claro:
un aliado más ordenado y funcional rumbo a 2027.
Pero también existiría un riesgo:
que sectores territoriales históricos del PT pierdan incentivos y capacidad de movilización local.
Porque los partidos no solamente funcionan con dirigencias. Funcionan también con lealtades regionales construidas durante años.

El verdadero fondo
La batalla interna del PT mexiquense no es anecdótica.
Revela algo mucho más profundo:
cómo el nuevo sistema político mexicano reorganiza sus equilibrios internos alrededor del poder de Morena.
El PT enfrenta hoy una pregunta existencial:
- conservar identidad propia,
- o convertirse completamente en instrumento funcional del bloque gobernante.
Y aunque el conflicto parece pequeño frente a las grandes disputas nacionales, en realidad funciona como laboratorio político del futuro inmediato mexiquense.
Porque rumbo a 2027 no sólo se disputarán gubernaturas, alcaldías y congresos.
También se disputará algo más delicado:
quién controla realmente el ecosistema político alrededor de Morena.
Y ahí, en esa disputa silenciosa, el PT todavía conserva un valor que muchos subestiman.
El valor de ser necesario.


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