– Hay peces que vuelan. Aparecen anunciando naufragios. Yo no quiero morir en el mar, Mechita, ahogada o devorada por un pez lleno de dientes. Si tuviera que elegir le pediría a Dios un tiburón, nunca un cocodrilo, ¿me has oído? Me da miedo ese animal, me han contado que a veces devora a la gente que se lanza al mar. Se los comen de un bocado como si nada y ni los huesos les dejan.
– Si te conviertes en algo será en tierra. De niña te la comías a puñados. Tú estás hecha de árboles, bonita. Olvídate del mar.
Puebla se llenaba de sombras. Los muertos bajaban del cerro como pidiendo permiso, la casa con la puerta abierta, la plaza apuntando al cielo. Las bestias durmiendo.
(…)


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