Morena Fashion Week

Una entrevista que nunca ocurrió. Cualquier parecido con la realidad... es culpa de la realidad.

La puerta se cerró con una delicadeza que sólo tienen los lugares donde nadie entra por gusto.

El sonido viajó lentamente por las paredes hasta perderse entre el olor a cuero viejo, café institucional recalentado, perfume floral, laca de fijación extrema y ese inconfundible aroma a transformador caliente que deja la electricidad cuando lleva demasiados años dedicándose al servicio público.

La habitación era austera.

No había banderas.

No había escudos.

No había fotografías de héroes.

Sólo una silla de cuero negro, un espejo de cuerpo entero y una lámpara amarilla que parecía haber sido rescatada de alguna oficina donde nunca se resolvió nada.

La silla esperaba.

Siempre esperaba.

LuzMa entró sin prisa.

No observó la silla.

No observó las paredes.

No observó el amperímetro.

Fue directamente al espejo.

Giró el rostro apenas unos grados.

Acomodó el fleco.

Enderezó el cuello del saco.

Alisó una manga.

Sonrió.

Retrocedió un paso.

Volvió a sonreír.

—Ok… la verdad sí quedó muy aesthetic.

La silla permaneció inmóvil.

Todavía.

Sobre el muro apareció la primera pregunta.

—¿Lista para el proceso interno?

LuzMa sonrió con la tranquilidad de quien cree que un filtro adecuado puede corregir cualquier crisis.

—Literal.

El amperímetro apenas respiró.

Otra pregunta.

—Miles de militantes esperan que conduzcas el proceso para elegir candidaturas.

—Obvio.

—¿Cómo piensas hacerlo?

LuzMa cruzó las piernas.

—Primero hay que cuidar la narrativa.

Silencio.

—¿Y después?

—La narrativa también.

La silla emitió un zumbido.

¡¡PAAFFF!!

Una chispa azul recorrió el respaldo.

El cabello apenas se movió.

LuzMa corrió al espejo.

—Uf… pensé que me había despeinado.

La siguiente pregunta apareció lentamente, como escrita por una mano paciente.

—Prometiste una gran afiliación.

—Generamos muchísimo engagement.

—No se preguntó por el engagement.

—Bueno… pero la vibra estuvo increíble.

¡¡PAAAAAAAAFFF!!

El foco parpadeó tres veces.

El espejo sobrevivió.

LuzMa respiró aliviada.

—Menos mal.

Ese espejo sí tiene buena calidad.

El cuarto volvió a quedarse en silencio.

Sólo se escuchaba el ligero crujido del cuero y el zumbido constante de los cables.

Afuera, muy lejos, parecía escucharse el ruido de una multitud discutiendo.

O quizá eran alcaldes.

La siguiente pregunta apareció sin anunciarse.

—Hay grupos que no piensan igual.

—Eso es democracia.

—Hay liderazgos que empujan en direcciones distintas.

—Eso es pluralidad.

—Hay quienes quieren influir en las candidaturas.

—Eso es participación.

La silla tardó varios segundos.

Parecía buscar una categoría nueva.

Finalmente decidió que aquello no era optimismo.

Era deporte extremo.

¡¡PAAAAAAAAAAAAAAFFF!!

Del techo cayó un poco de polvo.

LuzMa levantó la vista.

—Este lugar necesita un rebranding urgente.

Otra pregunta.

—¿Qué harás para mantener unido al partido?

LuzMa sonrió.

—Crear contenido.

Silencio.

—¿Contenido?

—Sí.

Podcast.

Reels.

Lives.

Clips.

Shorts.

Mood.

Branding.

Una estrategia muy 360.

El amperímetro comenzó a girar sin control.

La lámpara hizo un esfuerzo heroico por mantenerse encendida.

El transformador lanzó un gemido.

¡¡PAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAFFF!!

Por primera vez el olor a cable quemado derrotó al perfume.

LuzMa volvió al espejo.

—¿Se nota mucho?

La habitación permaneció inmóvil.

La siguiente pregunta apareció casi con timidez.

—¿Qué es más difícil?

¿Conducir un partido…

…o conducir una imagen?

LuzMa tardó más de lo habitual.

Miró el espejo.

Después la silla.

Después otra vez el espejo.

Finalmente respondió.

—Las dos cosas…

…pero la imagen sí depende de mí.

El silencio fue tan largo que pareció una respuesta.

La silla no descargó.

No hizo falta.

El amperímetro se detuvo solo.

La lámpara recuperó su luz.

Y sobre el espejo apareció una última frase, escrita lentamente como si la electricidad también supiera de ironías.

«Las campañas pueden empezar frente a un espejo. Las candidaturas, casi nunca.»

Cuando la puerta volvió a abrirse, la habitación quedó vacía.

Sólo permanecía el aroma a laca.

Y una pequeña tarjeta olvidada sobre el asiento.

Decía:


«Morena Fashion Week. Próxima colección: Otoño-Invierno… de las candidaturas.»

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