Brecha Educativa Internacional

La semana pasada los medios nacionales, locales y muchos internacionales se volcaron en el asunto de la fuga del “chapo” Guzmán, que ya el túnel, que si nadie notó la cantidad de tierra extraída para su construcción, si estaba rapado o no,  la corrupción y los corruptos participantes en el hecho, la inversión calculada en dólares que infiltró la seguridad del penal de “máxima seguridad del Antiplano”, la renuncia probable de funcionarios federales de primer nivel, entre otros inherentes a la ya llamada fuga del siglo, acompañado cada subtema de sesudos análisis de comentaristas, con una clara tendencia de colocar
julio 20, 2015

La semana pasada los medios nacionales, locales y muchos internacionales se volcaron en el asunto de la fuga del “chapo” Guzmán, que ya el túnel, que si nadie notó la cantidad de tierra extraída para su construcción, si estaba rapado o no,  la corrupción y los corruptos participantes en el hecho, la inversión calculada en dólares que infiltró la seguridad del penal de “máxima seguridad del Antiplano”, la renuncia probable de funcionarios federales de primer nivel, entre otros inherentes a la ya llamada fuga del siglo, acompañado cada subtema de sesudos análisis de comentaristas, con una clara tendencia de colocar en la opinión pública nacional el acontecimiento, como el hecho imperante en la vida de cada mexicano, que en opinión de un trabajador de instancia gubernativa federal, en días pasados, al respecto afirmó: “la gente está contenta que se haya escapado, es el tema del día, los otros asuntos han pasado a otros términos, casi nadie habla otra cosa, la figura del presidente está fuerte de nuevo…”.

Pasada la anestesia nacional, la terca realidad no se ha movido, el precio del dólar sigue en aumento, el poder adquisitivo del salario está en caída libre, a millones de mexicanos les es más complicado garantizar la subsistencia de sus familias, la inequidad económica y social va en aumento, los problemas de inseguridad siguen, los actos de corrupción están a la orden del día, los determinaciones autoritarias prevalecen, las manifestaciones en contra de las reformas al artículo 3ro. y 73 constitucionales no paran, los calificativos para denigrar la imagen de los maestros suben de tono, al extremo de llamarlos el “cartel organizado nacional de delincuentes de trabajadores de la educación”, como lo hace irresponsablemente una estación de radio local de Toluca.

Nada ha cambiado, el extravío en materia educativa nacional continúa, la falta de definición y comprensión del significado de calidad educativa, permea la actuación de la Secretaría del ramo educativo federal, en el artículo tercero constitucional sigue firme que el “estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”, incurriendo en reduccionismos que tampoco concatenan con lo establecido en otros documentos como la Ley General de Educación, la Ley General del Servicio Profesional Docente, diversos acuerdos emitidos por el titular de la Secretaría de Educación Pública Federal (SEP), incluso el propio Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) no tiene claro el significado, por ello sus instrumentos no evalúan el estilo de docencia del profesorado, dedicándose a aterrorizar a los maestros con el tema del despido amenazador.

Contrario a la desdicha educativa nacional, el Foro Mundial sobre la Educación 2015, a convocatoria de la UNESCO, en la declaración de Incheon, República de Corea, determina que “la educación de calidad fomenta la creatividad y el conocimiento, garantiza la adquisición de las competencias básicas de lectura, escritura y cálculo, así como de aptitudes analíticas, de solución de problemas y otras habilidades cognitivas, interpersonales y sociales de alto nivel. Además la educación de calidad propicia el desarrollo de las competencias, los valores y las actitudes que permiten a los ciudadanos llevar vidas saludables y plenas, tomar decisiones con conocimiento de causa y responder a los desafíos locales y mundiales mediante la educación para el desarrollo sostenible y la educación para la ciudadanía mundial”, lo que supera a todas luces “el máximo logro de aprendizaje de los educandos”, establecido por los diputados del pacto por México, reformadores del artículo 3ro. Constitucional, para desgracia de los mexicanos.

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