Caja, calle y tarifazo

Los invisibles del conflicto Más de cien días han sido suficientes para constatar que el conflicto universitario, en la teoría, luce académico, pero en la práctica tiene otro cariz: es una disputa política y económica. No se libra por el modelo educativo, sino por el control de las decisiones y del presupuesto. En este escenario, los actores visibles —estudiantes en paro, autoridades en crisis— son apenas el decorado. Los verdaderos protagonistas son los grupos que se sienten, pero no se dejan ver: viejas élites universitarias, operadores políticos y redes de proveedores que perciben en la “Rectoría de la Transformación” la
agosto 11, 2025

Los invisibles del conflicto

Más de cien días han sido suficientes para constatar que el conflicto universitario, en la teoría, luce académico, pero en la práctica tiene otro cariz: es una disputa política y económica. No se libra por el modelo educativo, sino por el control de las decisiones y del presupuesto. En este escenario, los actores visibles —estudiantes en paro, autoridades en crisis— son apenas el decorado. Los verdaderos protagonistas son los grupos que se sienten, pero no se dejan ver: viejas élites universitarias, operadores políticos y redes de proveedores que perciben en la “Rectoría de la Transformación” la amenaza de perder privilegios, sobre todo económicos. No dan la cara porque su causa no resiste la luz; operan en la penumbra donde se deciden contratos, nombramientos y favores. Y no es para menos: en cuatro años, la llave de la UAEMéx abre una caja de más de 26 mil millones de pesos —unos 1.5 mil millones de dólares—. De ese tamaño son los intereses y apetitos que laten, agazapados, detrás del conflicto.
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La estrategia del desgaste

El conflicto universitario no se prolonga por inercia, sino por cálculo. Los grupos que ven amenazados sus privilegios saben que cada día sin clases erosiona la legitimidad de la administración, alimenta el hartazgo social y abre espacios para negociar en mejores condiciones. Financian discretamente algunas acciones, promueven discursos incendiarios y filtran información sesgada para mantener la tensión. En el relato público se presentan como defensores de la comunidad; en privado, su único objetivo es desgastar hasta que la “Rectoría de la Transformación” se vea obligada a pactar, ceder o incorporar a sus cuadros. Lo que está en juego no es el semestre perdido, sino el regreso al control de la caja y de las llaves del poder universitario.
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Agitadores con historial

Entre los pliegos petitorios y las consignas legítimas, asoman indicios de una intervención más calculada: el movimiento estudiantil de resistencia no está exento de infiltración por agitadores profesionales. No son nuevos en el oficio: se han visto antes, encapuchados, incendiando y pintarrajeando muros, en episodios ajenos a la vida académica, como las protestas contra el “tarifazo” del transporte público o la quema de las puertas del Poder Legislativo. Algunos son egresados —de Letras, Psicología, Arquitectura, Comunicación o Ingeniería— que, aunque ya fuera de matrícula, siguen operando con precisión y disciplina. No son mayoría, pero sí están bien entrenados y cumplen un papel clave en mantener la tensión y la confrontación. Su base de operaciones, dicen las crónicas internas, está en Humanidades, desde donde articulan acciones y logística como si la universidad fuera un laboratorio perpetuo de agitación política.
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Subsecretario “Tarifazo”

Ricardo Delgado Reynoso, subsecretario de Movilidad del Estado de México, habló como abogado de concesionarios, no como funcionario de un gobierno que dice “primero los pobres”: aseguró que el alza en la tarifa del transporte público masivo “tiene que ser una realidad” porque la mínima de 12 pesos no se actualiza desde hace siete años y los costos del gremio subieron. El problema no es sólo de forma: es de ética pública. En el Estado de México 6.0 millones de personas viven en pobreza (34%) y el salario mínimo 2025 es de $278.80 diarios (~$8,364 al mes). Si la mínima brinca de 12 a 16 pesos, un trabajador con 4 viajes diarios pagará $352 extra al mes (≈4.2% de un mínimo); con 6 viajes, $528 (≈6.3%). ¿Cuál es la contraprestación? No hay una hoja de ruta vinculante de mejoras para el usuario: ni metas verificables de seguridad, frecuencia, accesibilidad o renovación. Con declaraciones así, el “subsecretario zoquete” no sólo desconoce la calle que pisa la mayoría, también mete a la Gobernadora en un callejón político innecesario.
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El alcalde charlatán

En Metepec, el presidente municipal parece más interesado en cerrar tratos que en abrir soluciones. La agenda pública la sustituyó por la privada: negocios, contratos y favores que no figuran en el plan de gobierno pero sí en la bitácora personal. Tan impostor es que ni siquiera vive en el municipio que gobierna: reside en el vecino Lerma, en el exclusivo Club de Golf Los Encinos, mientras simula habitar una casa en el fraccionamiento San Marino, al sur de Metepec. Lo peor es que en Morena saben lo que sucede, pero lo normalizan, le hacen el favor del silencio, de no organizar la inconformidad y de simular una oposición descafeinada. Mientras tanto, el alcalde no gobierna: administra su propia sucesión para garantizarse a él y a su grupo seguir enriqueciéndose, dejando en el abandono a las zonas populares y de clase media que debería servir.

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