¿Cambio de rumbo?  

El incendio de la puerta principal de Palacio Nacional y los destrozos en numerosos edificios en el estado de Guerrero reflejan un estado de ánimo enconado en contra del gobierno. Se origina en un complejo entramado que incluye la corrupción gubernamental, el pobre crecimiento económico, que hasta  el jocosamente llamado ministro del año reconoce y como detonantes,  los crímenes de estado de Tlatlaya y Ayotzinapa. La percepción de amplias capas de población es que no están incluidas en el proyecto de los integrantes de todos los niveles de gobierno  que son los beneficiarios de la riqueza pública. Lo que se
noviembre 9, 2014

El incendio de la puerta principal de Palacio Nacional y los destrozos en numerosos edificios en el estado de Guerrero reflejan un estado de ánimo enconado en contra del gobierno.

Se origina en un complejo entramado que incluye la corrupción gubernamental, el pobre crecimiento económico, que hasta  el jocosamente llamado ministro del año reconoce y como detonantes,  los crímenes de estado de Tlatlaya y Ayotzinapa.

La percepción de amplias capas de población es que no están incluidas en el proyecto de los integrantes de todos los niveles de gobierno  que son los beneficiarios de la riqueza pública.

Lo que se evidencia, sin recato, en el glamoroso nivel de vida que incluye las ostentosas vestimentas de políticos y familiares, los vehículos y viviendas de lujo y una lógica perversa: la política como medio de alcanzar la opulencia.

Por otra parte, en el otro extremo, millones de pobladores que apenas alcanzan a sobrevivir con una alimentación deficiente, transporte peligroso, educación precaria.

Y también algunos grupos que advierten las contradicciones antes señaladas, principalmente jóvenes estudiantes, quienes saben que bajo el proyecto actual, no tienen un futuro promisorio.

En ese contexto las airadas protestas de unos cuantos de miles hasta se antojan pocas.

Sin embargo es muy improbable que el gobierno modifique su proyecto, la mayoría o casi todos sus integrantes consideran legítimo aprovechar sus puestos para beneficio personal  y de sus allegados.

Lo más probable es que el programa de gobierno, del que un senador dijo que no era un programa de gobierno, sino un plan de negocios de los empresarios cercanos al presidente, siga  adelante.

Así que, para atacar la inconformidad, lo más probable es que se recurra a una fórmula de viejo cuño en el sistema priista, se tratará de cooptar a los dirigentes,  se aplicará una represión selectiva con los que se muestren irreductibles y en extremo se recurrirá a la represión colectiva.

Todo ello debidamente apoyado por una campaña en los medios comprados de comunicación.

A menos que haya una mayor toma de conciencia y las manifestaciones aumenten y junto con la presión internacional, obliguen al régimen a cambiar su modelo o al menos, a moderar el actual.   

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