(Segunda y última parte)
Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la mejor manera de adaptarse a la realidad… Pocos, lamentablemente muy pocos, son capaces de asumir sus vulnerabilidades y actuar con los pies en la tierra, aprovechando al máximo sus fortalezas, sin olvidar la parte débil de su existencia. Planteo esta reflexión no solo en relación con la vida de las personas, también de los países. Y, por supuesto, las condiciones de conservación o deterioro del ambiente deben ser la primera vulnerabilidad que admitamos para tomar medidas que nos permitan, por lo menos, detener el daño.
Decíamos que las ciudades extendidas, orientadas al transporte privado, con alta especulación del suelo, están llevando a un grave deterioro del ambiente. Lamentablemente, nuestra ciudad así está diseñada. Y nuestro paradigma de lo que debe ser una ciudad está tan ajustado a ese modelo que no lo cuestionamos. Todos queremos una casa individual y buscamos condominios horizontales, en ocasiones lejanos de escuelas y fuentes de trabajo, pero no nos preocupa demasiado porque para eso está su majestad el automóvil. En ese aspecto, los países que inician su desarrollo (por ejemplo en África) están justo en el momento de decidir un desarrollo justo, equitativo, que provea energía, para las personas y la industria, de forma más amigable con el ambiente, que diseñe sus ciudades con alta densidad demográfica y las oriente al transporte colectivo.
Las economías carboníferas dedican al año 600 mil millones de dólares en subsidio a combustibles fósiles. Se dice fácil, pero es un grave error. Subsidiar los combustibles fósiles beneficia a los dueños de camionetas que viven en un extremo de las ciudades y eligen escuelas para sus hijos que están al otro extremo; el supuesto beneficio de este subsidio no llega a los grupos vulnerables que no tienen automóvil. Es un subsidio absolutamente regresivo que ata a nuestras economías a la generación de carbono. Los impuestos recaudados por los gobiernos están orientados a satisfacer las necesidades de transporte individual de los grupos más poderosos.
Modificar la orientación de la economía es urgente. Se requieren acuerdos internacionales que empujen la generación de energía a fuentes renovables como el sol y el aire. Es necesario que se empiecen a emitir señales para impulsar las medidas que reduzcan el daño al ambiente. Y esas señales tienen que venir de los gobiernos para que la industria las siga. Los individuos podemos hacer muchos esfuerzos para reducir nuestra huella de carbono, pero las acciones globales como elemento pedagógico que cambie nuestro estilo de vida, solo pueden venir de los gobiernos cuyo objetivo es velar por el bienestar público. Y hablando de señales, señal positiva en el Valle de Toluca sería que al terminar las muchas vías de comunicación que en este momento se están construyendo, viéramos circular en ellas autobuses integrados en un real sistema de transporte público. Hago votos porque las autoridades y organizaciones de la sociedad civil tengan la inteligencia necesaria para dialogar y llegar a propuestas lógicas que terminen con los intereses ajenos al objetivo de movilidad (segura y decente).
@10aRegiduriaTol



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