La economía vuelve a ser pieza clave en el puzzle político canadiense, que pudiera reconfigurarse en la presente campaña electoral, inusualmente larga y sobre todo reñida, según los sondeos de intención de voto. Bajo la advocación de la reina Isabel II de Inglaterra -jefa de Estado nominal de Canadá, miembro de la Commonwealth-, los comicios federales programados para el 19 de octubre decidirán quién regirá los destinos de uno de los países más prósperos del mundo, aunque ahora mismo acosado por los escalofríos que recorren la economía mundial.
Luego del predominio derechista del primer ministro Stephen Harper (electo en 2006), parecen buenas las probabilidades de éxito para Thomas Mulcair y su Nuevo Partido Demócrata (NDP), líder por estrecho margen desde el inicio de la contienda.
De acuerdo con el promedio de las principales encuestas de opinión que publican CBC News y ThreeHundredEight.com, el NDP acumula un 35,4 por ciento de apoyo a nivel nacional y aventaja al oficialista Partido Conservador (CPC), con 29,8 por ciento, así como al Partido Liberal -encabezado por Justin Trudeau-, con un 24,7 por ciento.
Tal estudio revela apenas un respaldo del 4,3 por ciento para los verdes y del cuatro por ciento para el llamado Bloque Quebecquense.
Desde que el 2 de agosto Harper disolviera la Cámara de los Comunes (Parlamento) y convocara a los sufragios, el NDP -de filiación socialdemócrata- incrementó su ventaja en el promedio de las encuestas sobre conservadores (de apenas 0,5 por ciento a 5,6) y liberales (de 6,5 por ciento a 10,7).
Resulta ostensible el repunte de la formación liderada por Mulcair a partir de mayo último, cuando marchaba en tercer lugar tras los partidos de mayor tradición en el contexto político canadiense.
También hay que entrar a analizar cómo se traduciría el apoyo general de los probables votantes en escaños legislativos -lo que determina en última quien gobierna- pues algunas provincias o regiones tienen más distritos electorales que otras dada la proporción de sus habitantes con respecto a la población del país.
La pesquisa citada proyecta unos 135 asientos para el NDP (con margen entre 122 y 153), todavía lejos de los 170 necesarios para lograr la mayoría absoluta y formar gobierno en una Cámara que este año incrementa sus miembros de 308 a 338 debido a movimientos demográficos.
Harper y los conservadores alcanzarían a estas alturas de agosto 121 escaños (con margen 108-146), mientras que los liberales del hijo de Pierre Trudeau -quien gobernó al país por 15 años- obtendrían 81 bancas (58-90) en octubre.
Las cosas van bastante bien para el NDP; sin embargo, el analista Éric Grenier advirtió que las encuestas han sido muy consistentes para conservadores (rango de 27 a 32 por ciento, y al menos 29 por ciento en dos de cada tres estudios) y liberales (26-29 por ciento), mientras que los nuevos demócratas (29-39 por ciento) «han estado por todo el mapa desde el inicio de la campaña».
De hecho -sostiene-, «sin tendencia discernible, el NDP parece estar más a merced del error de muestreo y, tal vez, el movimiento fugaz a otro partido».
En todo caso, un reciente sondeo realizado por Abacus Data revela que el 70 por ciento de los probables votantes todavía no ha decidido completamente por quién votará el 19 de octubre.
EL DEBATE SE CENTRA EN LA ECONOMÍA
Luego de su consulta con el gobernador general, David Johnston -quien representa a la Reina de Inglaterra-, Harper anunció el comienzo de una contienda electoral de 78 días para debatir «los grandes temas que nos afectan a todos, la economía y la seguridad de nuestra nación».
«Es una elección para determinar quién protegerá nuestra economía de la inestabilidad y asegurará la prosperidad futura de Canadá», agregó.
Cada uno de los principales candidatos se presenta como la mejor opción para la estabilidad económica, el progreso social y la seguridad de los canadienses.
Se espera que este 1 de septiembre se hagan públicos los datos económicos del segundo trimestre de 2015 y se declare técnicamente la recesión, tras dos períodos de caída en el Producto Interno Bruto (PIB), algo que ya adelantó en junio el gobernador del Banco Central de Canadá, Stephen Poloz.
En una «rara movida», según The Globe and Mail (TGM), el primer ministro Harper se reunió con Poloz para dialogar sobre la agitación de los mercados financieros.
Tras un escueto comunicado oficial, ese diario señaló que normalmente es el ministro de Finanzas, Joe Oliver, quien se comunica con el Banco de Canadá -independiente del gobierno- y que casi nunca trascienden comentarios sobre esos encuentros.
TGM reparó en que esta «rara movida» se realiza «en medio de una campaña electoral federal en el que el líder conservador se presenta a sí mismo como la mejor opción para el manejo de la economía».
Por su lado, Mulcair aseguró a los canadienses que en caso de resultar vencedor en las urnas, «nuestro primer presupuesto será un presupuesto equilibrado» y que el NDP invertirá en el cuidado de niños y adultos mayores.
¿Por qué él quiere sacar miles de millones de dólares de una economía durante la recesión, y qué recortes hará para ello?, se preguntó a su vez Trudeau acerca de los planes de Mulcair.
Y a continuación respondió: «Déjenme decirles esto mis amigos, la opción en esta elección es entre el empleo y el crecimiento o la austeridad y los recortes. Tom Mulcair acaba de hacer la elección equivocada», subrayó.
La piedra de toque parece estar en la política impositiva -para avivar, por ejemplo, la pequeña empresa- y en la creación de puestos de trabajo.
Tanto Mulcair como Trudeau insisten en recordar los ocho períodos deficitarios consecutivos vividos por Canadá durante la gestión de Harper, quien, por su lado, promete impuestos más bajos que sus rivales y se defiende con ejercicios de retórica.
«No corres y cambias tus planes sobre la base de las noticias diarias del mercado. Usted tiene un plan a largo plazo y se ajusta a él», dijo el Primer Ministro en un acto de campaña durante el cual un manifestante lo interrumpió pidiendo «justicia climática».
La cuestión ambiental se une a los bajos precios del petróleo como ingredientes de una situación que el Partido Verde no ha perdido oportunidad de echar en cara a la administración de Harper.
Elizabeth May -líder de esa agrupación política- sostuvo que uno de los más grandes desafíos para la economía canadiense es la volatilidad de los precios del crudo porque Harper «puso todos nuestros huevos en la canasta del bitumen» (o sea, en la explotación de las arenas petrolíferas).
De acuerdo con el razonamiento de May, ello ha significado tanto un sacrificio medioambiental como de las demandas sociales debido a la no diversificación de las inversiones.
UNA CAMPAÑA DE «LARGO ALIENTO»
La campaña electoral de 2015 en Canadá resulta una carrera el doble de larga (11 semanas), por lo que hace falta a los contendientes más aliento y, sobre todo, más dinero. Días antes de que Harper llamara formalmente a los comicios, su decisión ya resultaba previsible y la prensa hizo notar que una extensión de la contienda favorecería los intereses del partido de gobierno, cuyas finanzas gozaban de mucha mejor salud que las de sus adversarios.
Jean-Pierre Kingsley -quien antes dirigió el organismo que organiza los comicios- consideró en declaraciones a CBC que «el primer ministro debería esperar a los 37 días previos al 19 de octubre. Los partidos políticos y otros grupos deberían dejar de colocar publicidad ahora. Así, esas personas respetarían el espíritu de la ley».
«Lo que se ha hecho es distorsionar el papel del dinero en la política», agregó.
Por supuesto, Harper se apresuró a rechazar cuestionamientos sobre un paso que costaría mucho más dinero a los contribuyentes, al país, y que a todas luces beneficiaría a los conservadores (algunos de cuyos funcionarios fueron juzgados en el pasado por fraude electoral).
Lo cierto es que gracias a la modificación el año pasado de la legislación electoral, las formaciones políticas pueden gastar mucho más que los 25 millones de dólares canadienses (algo más de 19 millones de dólares estadounidenses) autorizados para contiendas típicas de 37 días.
En virtud de ello, la actual campaña permite llegar hasta los 50 millones de dólares canadienses (38,5 millones de dólares estadounidenses), y este gasto marca diferencias cuando se hace proselitismo en un país tan grande como Canadá.
«Las manipulaciones de Stephen Harper socavan el juego electoral federal, dando, de una manera indirecta, un lugar cada vez mayor a las fuerzas del dinero. Hay una americanización indeseable de la política (en Estados Unidos, las campañas son infinitas y las fuerzas del dinero, sin límites)», diagnosticó la periodista Leonora Chapman en Radio Canadá Internacional.
El efecto definitivo de la maniobra de Harper -acaso demasiado obvia- está aún por ver; cuando ya todo era inminente, Chapman reflejaba la opinión de los analistas políticos: «el debate sobre la conveniencia o no de la elección no va a durar mucho tiempo. Los votantes pasan a otros temas cinco días más tarde».
Ahora mismo fluye el dinero de campaña; los candidatos rompen lanzas verbales en torno a la recesión económica en Canadá, y venden el futuro lo mejor que pueden.
*Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.


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