No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho, decía Aristóteles. Tener información nos coloca en la ruta de saber algunas cosas. No es una relación automática, pero sí es condicionante: sin información andamos como a ciegas. Por ello, estimo muy importante contar con los mayores elementos posibles para discernir las características del estado que hoy guarda la pandemia de covid-19 en México.
El primer dato indispensable es que todavía nos encontramos en medio de la “cuarta ola” de contagios. En el primer mes del año han sido confirmados por la autoridad sanitaria de nuestro país aproximadamente un millón de contagios. Esta cuarta ola se mantiene en gran parte del mundo, al menos en América y Europa seguimos ahí. El segundo dato importante es que esa cantidad inusitada de casos (que duplica o triplica los que se presentaron en los meses anteriores) no fue acompañada –hasta hora- por un desbordamiento de los hospitales y los servicios funerarios. La diferencia fue, sin duda, la vacunación.
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Los números en todo el mundo confirman que las personas vacunadas tienen casi 40 veces menos probabilidades de agravarse y requerir hospitalización que quienes no cuentan con vacuna. Este dato es revelador: los casos confirmados en México en los últimos 28 días fueron 972, 975, pero la gente que terminó en el hospital en ese mismo lapso sólo ascendió a 33,931, y los decesos llegaron a 7, 523. Dicho en otros términos, por cada 100 casos positivos 3 llegaban al hospital y de esos hospitalizados menos de 20% llegaba a fallecer. La letalidad en esta cuarta ola se ubica en 0.7%.
Las personas que lamentablemente perdieron la vida era, en su mayoría (hasta 80%, según la Secretaría de Salud), gente que no se había vacunado. Pero, además, tienen algunas características importantes: son gente mayor, con comorbilidades y, en general, más vulnerable. El promedio de edad de esos mexicanos que perdieron la vida en el último mes a causa de covid-19 es de 67 años; 40% eran diabéticos y 50% eran hipertensos; 4 de cada 10 eran mujeres y el resto hombres. La mayoría de ellos era gente con baja escolaridad y una condición socioeconómica desfavorable. Sólo el 1% del total de decesos en esta cuarta ola eran menores de edad.
Las personas que lamentablemente perdieron la vida era, en su mayoría (hasta 80%, según la Secretaría de Salud), gente que no se había vacunado.
El alto número de contagios es una suma de varios factores: las características que tiene la variante Ómicron, la inmunidad inducida vía la vacunación y las dinámicas socioeconómicas en el país. Hay 60 millones de mexicanos en pobreza, que tienen que salir a ganarse la vida día a día, estén contagiados o no. Y, si su contagio no desencadena enfermedad grave, la gente hace su vida normal (laboral, familiar, social), por ello han terminado contagiando a más personas. El problema es cuando terminan contagiando a los más vulnerable, las personas de avanzada edad, con comorbilidades, sin vacuna.
De acuerdo a los números difundidos por las autoridades de salud, en las últimas dos semanas se han visto una desaceleración en el ritmo de contagios en casi todo el país. Los casos positivos se mantienen ahora uno 30-40% por debajo del pico alcanzado por esta ola (lo cual ocurrió a mediados de enero). No obstante lo anterior, la cantidad de muertes a causa de covid seguirá aumentando, porque aún quedan miles hospitalizados y, muy probablemente muchos de ellos terminen perdiendo la batalla.
Se necesitarán varias semanas más de descenso del nivel de contagios para comenzar a ver más desahogo en los hospitales y una reducción en el número diario de muertes reportadas. El escenario ideal es que ello ocurra a final de este mes, pero todo depende de si la gente sigue tomando las medidas de mitigación (cubrebocas, ventilación de espacios cerrados, no aglomeraciones, aseo, etc.) y en qué ritmo avance la campaña de vacunación.
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En varios países de Europa, como Dinamarca, Finlandia, Francia, España, Inglaterra, entre otros, esta semana retirarán muchas de las restricciones implementadas hace dos años para evitar los contagios. Por ejemplo, el uso de cubrebocas en la vía pública y espacios abiertos en lo general ya no será obligatorio. Estas decisiones parecen basarse en dos factores: Ómicron (por su contagiosidad) es imparable y, si la gente ya está vacunada en su mayoría, no puede derivar en problemas mayores.
En los próximos meses, casi la mitad de los países habrá conseguido vacunar al menos al 70% de su población, lo cual les coloca en la ruta de despresurizar los sistemas de salud. Empero, la pandemia continuará y se esperaría que en camino a ser mantenida bajo control. Por esta razón, desde hace un buen tiempo, la atención ya no debería ser puesta en la cantidad de casos positivos, sino en las capacidades para atender a quienes terminen enfermándose: los servicios de salud, el equipamiento en hospitales, el personal capacitado, el abasto de medicamentos. La incidencia es cada ves menos un indicador de qué decisiones tomar, sí lo es la protección y cobertura a la población: más vacunas y mejor atención en los sistemas de salud a donde lleguen quienes se enfermen gravemente.



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