El castigo de Sísifo: pobres más pobres y ricos más ricos

Uno de cada cuatro muertos por Covid-19 en el mundo era latinoamericano y murió por falta de servicios de salud y seguridad social
enero 31, 2022

Las cosas edificadas con precariedad poco pueden resistir ante un embate inesperado. Por ejemplo, cuando una familia extremadamente pobre levanta su vivienda con los materiales más precarios, como cartón, plástico, madera y otros desechos, ruega porque no caiga una granizada o llegue una tromba, porque le puede echar abajo todo. La fragilidad es la condición en la que (sobre)viven y, sí, es altamente probable que lo frágil se torne en vulnerable con muy poco.

Esta figura retórica puede ayudarnos a entender la precariedad con la que se levantaron muchas de las condiciones sociales en América Latina en el último siglo. Así es, en esta región del mundo en la que nos ha tocado estar, la fragilidad que tenían los programas para terminar con la pobreza, las políticas públicas de asistencia y seguridad social, las instituciones de salud, educación y bienestar desembocaron en que los últimos dos años de pandemia nos devolvieran a realidades de hace décadas.

Lee también: La libertad de expresión otra vez a debate

Lo anterior fue confirmado apenas al final de la semana anterior por la Comisión para América Latina y el Caribe (CEPAL) a través de su informe anual “Panorama Social de América Latina 2021”, en el cual estima que en Latinoamérica entre 2020 y 2021 las personas en situación de pobreza extrema se incrementaron en cerca de cinco millones. De acuerdo a sus análisis, como consecuencia de la crisis sanitaria y social prolongada de la pandemia de COVID-19, la tasa de pobreza extrema en América Latina habría aumentado para colocarse en 13.8% del total de la población, representando un retroceso de 27 años.

Muy por encima de los efectos que la pandemia causó en África, Asia, Europa o Norteamérica, en los países latinoamericanos se encuentra el mayor número de defunciones informadas por COVID-19 a nivel global (1.562.845 hasta el 31 de diciembre de 2021). Estas representan el 28.8% del total de defunciones por COVID-19 informadas en el mundo, pese a que la población de la región apenas asciende al 8.4% de la población mundial. En pocas palabras, uno de cada cuatro muertos por Covid-19 en el mundo era latinoamericano y murió por falta de servicios de salud y seguridad social.

Además, de acuerdo a lo que documenta el informe de la CEPAL, América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo que lleva más tiempo de interrupción de clases presenciales (en promedio cerca de 56 semanas de interrupción total o parcial), lo que ha generado brechas en el desarrollo de habilidades cognitivas, la pérdida de oportunidades de aprendizaje y el riesgo de aumento del abandono escolar. Quienes somos profesores hemos notado el rezago educativo en los estudiantes. Las escuelas fueron lo primero que se cerró y lo último que se abrió, al menos en México.

Incluso, el documento advierte que las cosas en materia de incremento a la pobreza pudieron ser mucho peores si no se hubieran implementado en algunos países de la región programas para transferir dinero a las clases más pobres. Dichas transferencias ascendieron –estima la CEPAL- a unos 89 mil millones de dólares. En el caso específico de México “el bajo crecimiento de la pobreza ante la crisis” está relacionado con las transferencias sociales, las medidas de apoyos a las empresas familiares y el aumento al salario mínimo, estimó la secretaria general de dicho organismo, Alicia Bárcena.

Los números, en el caso de nuestro país, indican que en el primer año de la pandemia era el segundo país con una mayor proporción de pobres en América Latina, sólo detrás de Colombia, con 37.4% de habitantes en esa condición, mientras la pobreza extrema alcanzó a 9%. Es decir, prácticamente uno de cada 10 mexicanos no puede satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, de acuerdo con este informe. Como contraparte, la riqueza de los 13 multimillonarios que tiene México creció 11% en lo que lleva la pandemia. Este último ha sido un fenómeno visto en la región y en casi todo el mundo, los pobres se volvieron más pobres y los ricos más ricos durante la pandemia.

La concentración de la riqueza y el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres es un problema estructural que venimos arrastrando por varios siglos. Ante esta condición, la CEPAL, en voz de su titular aseguró que la pandemia es una oportunidad histórica para construir un nuevo pacto social que brinde protección, certidumbre y confianza. El nuevo contrato social que se necesita –sostuvo la señora Bárcena- “debe avanzar y fortalecer la institucionalidad de los sistemas de protección social y promover que estos sean universales, integrales, sostenibles y resilientes. Vienen años de menor crecimiento económico y, si no se mantienen los esfuerzos para proteger el bienestar de la población, serán mayores los aumentos en pobreza y desigualdad en la región”.

Para lograr algo así, la reorganización de las cosas debe incluir un nuevo contrato fiscal con progresividad: que paguen más impuestos quienes tienen más riqueza, pero que los recursos recabados sean empleados en planes y programas con objetivos muy concretos, “como darle sostenibilidad financiera a una protección social universal y con niveles de suficiencia adecuados que incluya al conjunto de la población”, declaró Alicia Bárcena al presentar el informe.

Te recomendamos: Gastó gobierno del Edomex 28 mil millones de pesos de forma poco clara en 2020, advierte auditoría

Finalmente, el informe aborda la propuesta de la CEPAL de transitar hacia una “sociedad del cuidado”, lo cual está relacionado con un nuevo paradigma en la teoría social, proveniente sobre todo de los estudios feministas. En este nuevo modo de ver lo social, se sugiere reconocer que los cuidados son una necesidad universal y a la vez expresan diversidades estructurales como el ciclo de la vida, las condiciones físicas, las condiciones socioeconómicas y de ingresos y las diferencias territoriales. El concepto clave de “cuidado” es tomado en el sentido más amplio como práctica que se da cuando las personas se cuidan entre sí, con la intención de distribuir las responsabilidades en su sociedad. En esa lógica el cuidado también es una forma de describir y pensar lo político, ya no bajo las variables del dominio y el control sino de la co-responsabilidad.

Los números lo siguen confirmando: la forma en que se han edificado muchas cosas en nuestros países es muy precaria, tienen tal fragilidad la vida de muchas personas que un diminuto virus nos hizo retroceder décadas en materia económica, educativa, de salud y bienestar. Si no se re-hacen las cosas ahora, bajo nuevos principios, estamos condenados al castigo de Sísifo.

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos