El Cerro del Elefante, en Ixtapaluca, enfrenta una serie de problemáticas ambientales, entre ellas incendios recurrentes, tala y extracción de flora, así como deterioro progresivo de su entorno.
Entre febrero y abril de 2026, se han registrado al menos ocho incendios en la zona. De ese total, dos ocurrieron en febrero, cinco durante marzo y uno más en los primeros días de abril, lo que evidencia una alta frecuencia de siniestros en un corto periodo.
Estos incendios han requerido la intervención de elementos de Protección Civil y bomberos, quienes han realizado labores de contención en distintos puntos del cerro, incluso en horarios nocturnos, ante el riesgo de propagación hacia zonas habitadas.




A la par, en el cerro se han documentado afectaciones directas a la vegetación. Habitantes han denunciado mediante mensajes colocados en el lugar el robo de plantas, la tala y el daño a especies, evidenciando una presión constante sobre el ecosistema.
La pérdida de cobertura vegetal y la intervención humana incrementan la vulnerabilidad del área, en un contexto marcado por condiciones de sequía y viento que favorecen la propagación del fuego.
Además de los incendios activos, autoridades han implementado quemas controladas como parte de estrategias de prevención para reducir material vegetal combustible, lo que confirma el nivel de riesgo en la zona.



Los antecedentes muestran que la situación no es reciente. En años anteriores también se han reportado incendios en el Cerro del Elefante, así como procesos de explotación y daño ambiental en la zona.
En 2017, como parte del proyecto de parque ecoturístico impulsado en el cerro, fue colocada la escultura conocida como “El Vigilante”, en el marco de una intervención que contemplaba espacios recreativos, áreas de convivencia y desarrollo turístico.
Ese proyecto, iniciado durante el trienio 2016-2018, incluyó infraestructura como caminos, zonas para acampar y áreas para actividades recreativas. Sin embargo, quedó inconcluso y sin mantenimiento.




La obra implicó una inversión aproximada de 25 millones de pesos, sin que exista claridad total sobre el monto ejercido ni continuidad en su desarrollo.
Actualmente, el sitio presenta abandono, con instalaciones deterioradas y sin un programa visible de conservación o manejo, pese a tratarse de una zona con valor ambiental, histórico y social.
Desde entonces, el cerro continúa siendo utilizado por habitantes como espacio de esparcimiento, caminatas y actividades al aire libre, pero en un entorno marcado por incendios recurrentes, afectaciones a la vegetación y presión constante sobre el ecosistema.


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