Una contingencia ambiental no comienza únicamente porque ese día circulen más automóviles o trabajen más fábricas. Se activa cuando las emisiones que la metrópoli produce todos los días coinciden con condiciones meteorológicas que impiden dispersarlas y favorecen la formación de ozono.
El Valle de México reúne los ingredientes para que el fenómeno se repita: una mancha urbana encerrada por montañas, radiación solar intensa, temperaturas elevadas, poco viento y emisiones continuas de vehículos, industrias, comercios y hogares.
El resultado es una especie de reactor químico sobre la ciudad. Los contaminantes se acumulan y, bajo la luz solar, algunos reaccionan hasta producir ozono a nivel del suelo. Cuando su concentración alcanza el umbral establecido, las autoridades activan la contingencia para reducir la exposición de la población y limitar nuevas emisiones.
¿Qué tan frecuente es el problema?
Entre 2019 y 2024, la Zona Metropolitana del Valle de México registró 24 días con concentraciones de ozono iguales o superiores a 155 partes por billón. Esos episodios dieron lugar a 19 contingencias ambientales, de acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente capitalina.
En la temporada seca y caliente de 2025 se activaron otras cinco contingencias por ozono: una en febrero, una en marzo y tres en abril. Las concentraciones que detonaron las alertas oscilaron entre 155 y 166 partes por billón, según el balance de la Comisión Ambiental de la Megalópolis.
La recurrencia es real, aunque no significa que la calidad del aire no haya mejorado respecto de décadas anteriores. También influye que el umbral para activar una contingencia se ha vuelto más estricto. Actualmente, la Fase I por ozono se declara a partir de 155 partes por billón.
La geografía atrapa los contaminantes
El Valle de México es una cuenca elevada y rodeada por sistemas montañosos. Esa configuración limita la ventilación cuando la atmósfera permanece estable y los vientos son débiles.
En esas condiciones, los contaminantes emitidos cerca de la superficie no se dispersan con rapidez. Pueden permanecer sobre la zona metropolitana y desplazarse de una alcaldía o municipio a otro, por lo que una concentración elevada registrada en un punto no necesariamente fue generada únicamente ahí.
Las inversiones térmicas agravan el problema. Una capa de aire más caliente se coloca sobre el aire frío cercano al suelo y funciona como una tapa que dificulta el movimiento vertical de los contaminantes.
El ozono no sale directamente de los escapes
El ozono troposférico es un contaminante secundario: no se emite de forma directa. Se forma cuando los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles reaccionan en presencia de luz solar.
Los vehículos y otros procesos de combustión producen óxidos de nitrógeno. Los compuestos orgánicos volátiles proceden de gasolinas, solventes, pinturas, productos de limpieza, industrias y fugas de gas LP, entre otras fuentes.
Por eso las contingencias por ozono se concentran en la temporada seca y caliente, generalmente entre febrero y junio. La radiación intensa acelera las reacciones fotoquímicas; el calor también aumenta la evaporación de sustancias que liberan compuestos orgánicos volátiles.
Millones de vehículos alimentan el problema
El inventario con año base 2022 citado por AD Noticias contabiliza aproximadamente 7.64 millones de vehículos en la ZMVM:
- 3 millones 998 mil 910 automóviles particulares.
- Un millón 386 mil 601 vehículos deportivos utilitarios.
- Un millón 505 mil 191 motocicletas.
- El resto corresponde a taxis, autobuses, microbuses y vehículos de carga.
En conjunto, 90% de la flota corresponde al transporte particular, 7% al transporte público y 3% al transporte de carga. La cifra describe la dimensión del parque vehicular, pero no todos los vehículos contaminan igual: influyen su antigüedad, combustible, tecnología, mantenimiento y distancia recorrida.
La UNAM ha advertido que una motocicleta sin sistemas adecuados de control puede emitir el doble de compuestos orgánicos volátiles y casi la misma cantidad de óxidos de nitrógeno que un automóvil particular, pese a tener un motor más pequeño.
El Edomex aporta la mayor parte de las emisiones
Los 59 municipios mexiquenses incluidos en el inventario generan entre 61.9 y 69.6% de los principales contaminantes contabilizados en la región estudiada, que también comprende las 16 alcaldías de la Ciudad de México y Tizayuca, Hidalgo.
- 23 mil 365 toneladas de PM10: 69.6% del total metropolitano.
- 11 mil 505 toneladas de PM2.5: 67.4%.
- Un millón 179 mil 833 toneladas de monóxido de carbono: 64.6%.
- 298 mil 598 toneladas de óxidos de nitrógeno: 67.7%.
- 371 mil 803 toneladas de compuestos orgánicos volátiles: 61.9%.
Estos porcentajes muestran dónde se originan las emisiones contabilizadas, pero no permiten responsabilizar de manera automática al Edomex de cada contingencia. La atmósfera funciona como un sistema regional: los contaminantes se desplazan, se mezclan y reaccionan en toda la cuenca.
La industria es sólo una parte
El inventario identifica más de 80 mil establecimientos industriales en la región. En los 59 municipios mexiquenses, las fuentes industriales generaron 2 mil 628 toneladas de PM10, 2 mil 283 de PM2.5, 621 de dióxido de azufre, 9 mil 442 de monóxido de carbono, 13 mil 69 de óxidos de nitrógeno y 4 mil 976 de compuestos orgánicos volátiles.
Sin embargo, la contaminación no se reduce a fábricas y automóviles. También intervienen comercios, servicios, viviendas, obras, manejo de residuos, incendios, actividades agrícolas, polvo de calles, evaporación de combustibles y fugas de gas.
¿Por qué el Hoy No Circula no resuelve el problema?
Las restricciones vehiculares durante una contingencia buscan frenar temporalmente nuevas emisiones mientras mejoran las condiciones de dispersión. No eliminan los contaminantes ya acumulados ni sustituyen una política permanente de reducción.
El ozono tampoco responde de manera lineal a retirar un solo tipo de vehículo. Su formación depende de la proporción entre óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, de la radiación, la temperatura, el viento y el lugar donde se concentran los precursores.
Reducir las contingencias requiere medidas sostenidas: transporte público limpio y suficiente, control efectivo de emisiones vehiculares e industriales, reducción de fugas de gas LP, regulación de solventes y gasolinas, manejo de incendios y coordinación entre Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo.
¿Qué riesgos tiene para la salud?
El ozono a nivel del suelo irrita las vías respiratorias, agrava el asma y puede reducir la función pulmonar. Las partículas PM2.5 pueden penetrar profundamente en los pulmones y algunas alcanzar el torrente sanguíneo.
La Organización Panamericana de la Salud relaciona la exposición a la contaminación atmosférica con un mayor riesgo de infecciones respiratorias, enfermedades cardiacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón.
Durante una contingencia, niñas y niños, personas mayores, mujeres embarazadas y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares enfrentan mayores riesgos. La recomendación es consultar los avisos oficiales y evitar actividades intensas al aire libre durante los horarios de mayor concentración.


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