¿Cuántos mexicanos creen que las matemáticas no son divertidas? La mayoría, seguro. Esa especie de entelequia (para no decir “coco”) que persigue durante toda su trayectoria a los estudiantes mexicanos, es incluso factor para que muchos deserten, abandonen las aulas y busquen dedicarse a “algo que no implique números” (lo cual, por cierto, es sumamente difícil que encuentren). Otros, los que logran mantenerse en el sistema escolar, buscan formarse profesionalmente en alguna disciplina alejada del álgebra y la aritmética, o linduras como el cálculo diferencial y la geometría analítica.
Existen instrumentos que utiliza nuestro sistema educativo para “medir” qué tan bien les va a nuestros estudiantes en el campo de las matemáticas. La prueba PLANEA, por ejemplo, muestra que, a nivel nacional, los alumnos terminan la Primaria mayoritariamente con un nivel insuficiente de conocimiento matemático: 59%, lo cual significa prácticamente que 6 de cada diez sólo domina las operaciones básicas con números naturales. En el nivel Secundaria el porcentaje de estudiantes que egresan con un nivel insuficiente en esta área del conocimiento se incrementa, llegando a 64.5%. Y vuelve a crecer entre quienes terminan el bachillerato o educación media superior: 66% de los estudiantes tienen un nivel insatisfactorio en su desempeño en matemáticas.
En contraste, en los tres niveles educativos mencionados un porcentaje menor a 10% de los chicos obtiene resultados sobresalientes en matemáticas. Son este número reducido de los estudiantes (que en la Preparatoria sólo alcanza 2.5%) los candidatos a aparecer en el Cuadro de Honor, a ser distinguidos por los demás como los “cerebritos”, los “nerds” o los “matados”. De entre esos que “sacan puro diez en matemáticas” sólo unos cuantos consiguen terminar una formación profesional como matemáticos, estadísticos o actuarios. Según el INEGI y su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en la República Mexicana hay 72 mil personas con ese perfil profesional, de las cuales 75% tienen un empleo o alguna actividad remunerada. Si 25 de cada cien de estas personas no trabaja puede deberse a varias razones: no necesita hacerlo, no encuentra dónde, no le ofrecen un salario adecuado, sigue estudiando, es becario Conacyt o cosas similares. Pero, como quiera, visto sólo a través de los números, la tasa de desempleo entre este tipo de profesionistas suena muy elevada.
¿Y a qué se dedican? De acuerdo con la misma fuente, “se desempeñan principalmente en el sector terciario (94.4%), en particular dentro de servicios educativos (47.8%) y servicios profesionales, financieros y corporativos (35.3 %)”. ¿Y les va bien? Bueno, eso depende de cómo entendamos la frase “irte bien”. Muchos lo traducirían como ganar buen dinero por lo que se hace. Bajo esta mirada, parece que no están en la mejor situación, pues la ENOE reveló que, en promedio, ganan $72.4 pesos por hora y laboran 37.3 horas a la semana. Sin duda es muy precaria esta situación, pues con 5,400 pesos a la quincena (en promedio) un “cerebrito”, que sacaba siempre diez en matemáticas, estará obteniendo un poco más de 3 salarios mínimos. Esto estará muy lejos de quien nunca aspiró siquiera a aparecer en el cuadro de horno y hoy, con un negocio propio o un cargo político, se embolsa mucho más dinero que aquel.
Otra manera de ver el tema de que “les vaya bien” es dedicarse a lo que les gusta y hacerlo libremente. La ENOE dice que, del total de las personas con estudios en matemáticas que están realizando una actividad económica, 80% lo hace “de manera subordinada”, es decir, tienen un jefe que les dice lo que deben hacer, cómo y cuándo. Eso, sin duda, restringe la libertad de hacer lo que uno quiera.
Instrumentos como una encuesta es difícil que nos permitan entender qué tan felices se sienten estas personas, qué tan satisfechos, tan realizados, tan plenos estén día a día. Si pensamos que tener éxito en la vida es ganar dinero, no siempre los que estuvieron en el cuadro de honor será exitosos. Si pensamos que tener éxito en la vida es compartir con los demás algo que logramos saber y queremos que otros lo sepan, un profesor de matemáticas ganando muy poco dinero estará sintiéndose bien. Claro que esa sensación luego no basta cuando hay que ir a comprar la despensa; y es entonces cuando debemos reflexionar sobre lo que en nuestra sociedad juzgamos valioso y lo premiamos económicamente. Hay en México un profundo menosprecio de los profesores, eso lo sabemos, sus salarios son en ocasiones indignantes.
Lo que este pequeño dato del INEGI nos permite pensar es que en México no se aprecia suficientemente el valor del conocimiento matemático, su utilidad y potencialidades y ello redunda en oportunidades de desarrollo profesional para aquellos “cerebritos” que luego se topan con una realidad en la que el vendedor de películas pirata gana más dinero que él. ¿Qué es lo que valoramos y premiamos socialmente?


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