Ojo: el hambre crece, la obesidad también

Hace unos diez días la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer su informe Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, versión 2019. Entre los datos más relevantes que contiende este documento destaca el hecho de que, por tercer año consecutivo, el número absoluto de personas que padecen hambre en el planeta no ha podido disminuir, al mismo tiempo que la obesidad no deja de aumentar. Así es, pese a todos los discursos pronunciados respecto a las “cruzadas” contra el hambre, a los programas multilaterales para apoyar a
julio 26, 2019

Hace unos diez días la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer su informe Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, versión 2019. Entre los datos más relevantes que contiende este documento destaca el hecho de que, por tercer año consecutivo, el número absoluto de personas que padecen hambre en el planeta no ha podido disminuir, al mismo tiempo que la obesidad no deja de aumentar.

Así es, pese a todos los discursos pronunciados respecto a las “cruzadas” contra el hambre, a los programas multilaterales para apoyar a la gente más necesitada y todos los actos altruistas y de ayuda humanitaria que se despliegan cotidianamente a lo largo y ancho del mundo, no se ha conseguido sino que el número de personas con pobreza alimentaria aumente. “En la actualidad –dice el informe- más de 820 millones de personas (9 millones más que en 2018), carecen de alimentos suficientes para comer, siendo, como hemos comentado, el tercer año consecutivo en el que esta cifra se incrementa. El hambre aumenta en casi todas las subregiones de África, en menor medida en América Latina y Asia occidental”. Pero, viendo a detalle los números revelados por el informe, la cifra real de seres humanos que padece inseguridad alimentaria, ya sea moderada o grave, es de 2,000 millones.

Este informe no hace sino confirmar que el modelo de organización que tiene actualmente la humanidad produce desigualdad, pobreza, hambre y miseria en las regiones históricamente explotadas, colonizadas y dominadas. La economía en el mundo no está creciendo, y si a eso le sumamos que el producto del cualquier incremento en la economía es distribuido de forma absolutamente inequitativa entre la población global, es claro que no puede sino aumentar el número de personas que no tienen certeza de si el día de hoy se llevarán algo a la boca o si mañana sus hijos podrán tener acceso a alimentos nutritivos y suficientes.

Por si lo anterior resultara poco, también está el hecho de que el calentamiento global ya ha afectado seriamente a la productividad agrícola, además de que la mayoría de la gente vive en las ciudades y que cada vez menos se dedica a actividades agropecuarias, el panorama luce complicado. Ya en otras ocasiones hemos comentado en este mismo espacio que la transformación en la forma de producir, distribuir y consumir los alimentos en todo el mundo ha sido radical y que los productos ultraprocesados son los que inundan el mercado de alimentos, razón por la cual, al mismo tiempo que el número de personas con hambre crece en números absolutos, los problemas de obesidad (y las enfermedades que ello conlleva) mantienen una tendencia al alza, apremiando a los sistemas de salud de casi todos los países del mundo.

“Las tendencias del sobrepeso y la obesidad nos dan motivos adicionales de preocupación, pues siguen al alza en todas las regiones, especialmente entre los niños en edad escolar y los adultos”, concluye el informe referido. Pero yo quisiera subrayar algo que detalla la FAO respecto a que en el último año el hambre ha estado creciendo en muchos países en los que el crecimiento económico está disminuyendo y la mayoría de estos países no son de de ingresos bajos, sino medianos, mismos que se caracterizan por su dependencia del comercio internacional de productos básicos primarios. ¿Por qué subrayar esto? Porque México encaja bien en esta categoría: somos un país con ingreso mediano, con muy poco crecimiento en los últimos años (incluyendo el presente) y gran dependencia del comercio internacional. Ojo.

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