En 2020 se cometieron unos 940 feminicidios, mientras que las autoridades recibieron 260.067 llamadas de auxilio por violencia contra la mujer, el mayor número en el último lustro. El 10% de esas llamadas se registró en marzo, cuando arrancó el confinamiento.
Junto a un fogón todavía humeante donde poco antes cocinaba tlacoyos y tortillas, Alma reconoce esa realidad.
«Desafortunadamente todas hemos sufrido violencia, algunas de una manera, otras de otra manera (…). Es violencia psicológica, física, económica», dice en medio del olor a leña donde hierven los tamales.
En marzo de 2020, cuando la epidemia llegó a México, las integrantes del colectivo quedaron desempleadas.
«Nos dieron las gracias», dicen de forma amable sobre su despido, un fenómeno que -según la Cepal- redujo de 52% a 46% la participación de las mujeres latinoamericanas en el mercado laboral entre 2019 y 2020.
Gris, de 34 años y con cuatro hijos, relata que ante el difícil panorama volvieron los ojos al oficio que conocen de sobra: «echar tortillas, tlacoyos, gorditas» al asador.
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