Como el perro que se mueve en círculos correteándose la cola sin lograrlo, terminó otro ciclo olímpico del deporte mexicano volviendo al mismo lugar donde ha estado en las últimas seis décadas, a veces con una o dos medallitas más, a veces con dos menos, a veces con más presupuesto, en ocasiones con menos.
Y como ha sucedido otras tantas veces, llega el golpe de realidad que desnudó la euforia de las cuentas alegres, poniendo en evidencia que la pobreza de nuestra infraestructura deportiva permanece intacta, que no se avanza, sumado a la paupérrima capacidad de la mayoría de los dirigentes, donde solo han cambiado los nombres, pero todo sigue igual que siempre.
Dirigentes van y dirigentes vienen, y todos han sido incapaces, legalmente, de terminar con el nepotismo dictatorial de muchos presidentes que tienen secuestradas a sus federaciones y a sus atletas. Muchos de estos nefastos personajes, a pesar de la pobreza de sus resultados y oscuros manejos económicos, una vez terminados los Juegos Olímpicos, buscarán reelegirse. Anote usted a la de natación, atletismo, tenis, baloncesto, y muchas otras. Las federaciones se manejan igual que los partidos políticos, a los que envidiaría el propio “Alito” Moreno.
¿Fracasó la cosecha de 5 medallas en París? No, es solo un golpe de realidad. Ya lo dijo Einstein: “La locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos”. Muy a pesar de ello, nuestros atletas pueden competir en las circunstancias y entornos adversos de un país cuya estructura deportiva es inexistente desde la edad temprana.
España, el ejemplo
¿Cuántos atletas de alto rendimiento tiene un país de 130 millones como el nuestro? Sin contar a los futbolistas profesionales, la cifra que el gobierno maneja oficialmente es de 20 mil. Considerando como atleta de alto rendimiento a todo aquel que tiene como meta la obtención de logros deportivos a nivel nacional, panamericano, mundial y olímpico.
Si esa cifra que proporciona el gobierno es cierta, de esos 20 mil, solo lograron calificar 109 mexicanos a estos juegos de París. Evidentemente, algo no se está haciendo bien en México. España, un país de poco menos de 50 millones de habitantes, que no está entre las potencias en el top ten olímpico, atiende solamente a poco más de cinco mil atletas de alto rendimiento, de los cuales 392 lograron su calificación a estos Juegos Olímpicos y obtuvieron 18 medallas: 5 de oro, 4 de plata y 9 de bronce. Menos cantidad de atletas, pero mejor atendidos en todos los sentidos, incluso en lo económico, y que tienen mucho mejores resultados que los nuestros.

Cuando les dieron la sede olímpica en Barcelona 1992, se diseñó un programa deportivo que nunca se ha detenido. Por el contrario, se ha ido incrementando; el deporte español inició su vuelo. Han cambiado los partidos políticos que gobiernan el país, pero el programa deportivo se mantuvo. Desde 1992 a la fecha, en cada justa olímpica suman entre 15 y 20 medallas por evento.
Antes de ser sede en 1992, España era un caos en Juegos Olímpicos. La vez que más medallas había ganado fue 6 en Moscú 1980, pero solían ganar de 4 a 5, incluso mucho menos; estaba como está México desde hace décadas.
México, presidentes y medallas
En nuestro país nunca aprendimos, nunca ha existido un programa deportivo transexenal. Cada gobierno de la República trabaja para obtener sus propios resultados y poder presumirlos en su sexenio. En el deporte, el éxito deportivo constante NO existe sin planes a mediano y largo plazo.
En redes sociales, el usuario @osvaldoAGS publicó un análisis sobre las medallas que ha obtenido México en los diferentes sexenios, partiendo de 1968 cuando se fue sede de los Juegos Olímpicos y se tuvo la mejor actuación de su historia, pero luego vino la debacle.
Es muy importante, para no caer en confusiones, hacer énfasis en que, por la periodicidad en que entraron algunos presidentes de la república mexicana, a algunos les tocó tener dos ediciones olímpicas y a otros solo una.
En ese sentido, jugando de locales en 1968 con Díaz Ordaz, se obtuvo la mayor suma de medallas con 9 en una sola edición. De ahí, el más cercano a esa suma fue en el periodo de Felipe Calderón, que en 2012 logró 8 que, sumadas a las 4 en 2008, suman 12 en su mandato.
En el resto de la lista, y también con dos ediciones olímpicas, encontramos a López Obrador con 9 medallas. Le siguen Miguel de la Madrid con 8, Zedillo con 7, Enrique Peña con 5 (en una edición). Luego viene Vicente Fox, empatado con López Portillo con 4, y al final viene Carlos Salinas con 1 medalla obtenida en su mandato.

Este cuadro deja muy claro el enorme egoísmo y mezquindad de nuestros gobernantes. Ganar más o menos preseas olímpicas, lamentablemente, siempre ha sido utilizado como botín político. Los que en ese momento están en el poder se jactan de ellas como un logro; sus detractores utilizan la falta de éxitos o preseas como símbolos de fracaso y denostación del rival político.
Dinero, no lo es todo
Los atletas olímpicos mexicanos, de ayer y hoy, no han sido parte de los programas gubernamentales, sino de enormes esfuerzos familiares individuales que sacrifican tiempo y dinero para llevar a sus pequeños a clubes o deportivos a practicar, de manera extracurricular, deportes que en sus escuelas públicas o incluso privadas no tienen.
Los presupuestos gubernamentales son muy importantes, pero tampoco son sinónimos de éxito infalible. Peña Nieto aumentó en 1,300 millones de pesos (4,800 MDP) el presupuesto otorgado por Felipe Calderón y solo obtuvo 5 medallas, las mismas 5 que con menos de la mitad se obtuvieron ahora en París 2024. Si no hay un modelo, un proyecto, dirigentes más capaces, menos soberbia, federaciones menos corruptas, no importará cuánto dinero se le inyecte.

Sin empatía y con demandas
Fue absolutamente vergonzoso que muchos de los atletas de alto rendimiento, para poder cobrar sus becas, hubieran tenido que llegar al extremo de demandar y ampararse contra las decisiones de la CONADE, dirigida por Ana Gabriela Guevara, quien los mandó a vender calzones y tupperware, mientras ella sí pudo viajar en Business Class, gastando en un solo viaje de avión casi 160 mil pesos, más de lo que el doble medallista Osmar Olvera obtuvo de beca en los últimos ¡4 AÑOS!
Para poder cobrar, Alejandra Orozco, Randall Willars, Jahir Ocampo, Gabriela Agúndez, Kevin Berlín, Sergio Guzmán, Carolina Mendoza, el nadador José Ángel Martínez, y la Selección de Natación Artística ganaron sus amparos, y la CONADE fue obligada por ley a devolverles de manera retroactiva sus becas que fueron retenidas, algunas por más de un año.
Fue evidente por parte de Ana Guevara y su equipo la falta de gestión, empatía e inteligencia para encontrar una salida alterna o temporal al problema que vivía la corrupta Federación Mexicana de Natación, más aún cuando en su etapa de excelsa deportista se quejaba del burocratismo de esa mafia de dirigentes. A pesar de ello, increíblemente, hay quienes la apoyan para que se mantenga en el cargo.
Beca de empleada doméstica
Los malos manejos, la disparidad en los apoyos y becas de los atletas olímpicos quedaron en evidencia. El portal Medio Tiempo reportó que en los últimos 20 meses antes de ganar la medalla olímpica, el boxeador Marco Verde recibió 141,783 pesos.
Si dividimos esta cantidad entre los 20 meses comprendidos entre los doce del 2023 y los ocho del 2024, ya que se suman solo hasta agosto, la CONADE habría pagado 7 mil 89 pesos al mes al boxeador ganador de la medalla de plata. Y si esa cifra total de 141,783 pesos la dividimos entre los 586 días transcurridos del 01/01/2023 al 12/08/2024, nos arroja la «exorbitante» cantidad de 241 pesos diarios.
El salario mínimo vigente en la Ciudad de México es de 248 pesos, es decir, la CONADE gastó menos de un salario mínimo, mucho menos del salario que se le paga a una empleada doméstica de entrada por salida, que fluctúa entre los 450 y 600 pesos diarios.
En fin, hay de manera evidente mil y un temas que tratar. Acabaron los Juegos Olímpicos y comenzaremos a vivir esa amnesia selectiva. Los medios de comunicación nos olvidaremos de incluir en nuestros noticiarios, columnas y programas información sobre judo y de Prisca Awiti, Osmar Olvera, Ángela Ruíz, Ana Paula Vázquez, Juan Celaya, Ale Orozco y Marco Verde. Pronto la amnesia selectiva y colectiva hará su parte, como sucede cada cuatro años.
Desechables
Como ya pasó, estos medallistas ya NO venderán, ya serán noticia pasada. Los patrocinadores que pagaban por sus entrevistas exclusivas, por lo mismo, se alejarán de ellos, ya no los necesitarán por el momento, ya no son útiles, ya no son negocio. De vez en cuando, a manera de limosna, les regalarán algún espacio en las grandes cadenas, si es que ganan algún campeonato mundial, se meten en algún escándalo o hacen una declaración estridente.
Los dejarán ahí, con sus medallas y abandonados. Volverán a ser titulares y portadas en los medios temas del fútbol mexicano y sus futbolistas, que casi NUNCA ganan nada, pero aun en su mediocridad rampante, siguen facturando bien cada semana por la audiencia que generan ante millones de aficionados.
Estos mismos que, desde la comodidad del sofá, califican como fracasados a los olímpicos por NO ganar medalla o terminar en un cuarto o quinto lugar, pero sueñan y piden el milagro de que la selección mexicana llegue a un quinto partido para calificarlos como héroes. Para ellos eso SÍ sería una hazaña. ¡Viva la incongruencia! ¿Cómo calificarían un cuarto lugar en un mundial?
Será hasta dentro de tres años o poco antes de Los Ángeles 2028 que los medallistas sobrevivientes, o los olímpicos que estén de moda, vuelvan a ser buscados por los medios, las empresas, los políticos y las grandes televisoras. En ese lapso, los aficionados seguirán sin seguir sus competencias.
Son leyendas vivientes, pero también, lamentablemente, héroes desechables. A la CONADE, al COM, se quedarán los mismos o llegarán otros, y reciclarán las promesas de antes, los discursos de siempre. Saben que en el país donde nunca pasa nada, nada pasará.
“Admira a quien lo intenta, aunque fracase” – Séneca.


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