Bajo escrutinio de la ONU por desapariciones, ¿hacemos lo correcto?

La ONU ha iniciado un procedimiento formal sobre México, al considerar que podría existir un patrón sistemático de desapariciones
abril 13, 2025

Por primera vez, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha iniciado un proceso sobre el caso de las desapariciones en México. Su Comité Contra la Desaparición Forzada (CED, por sus siglas en inglés) abrió un procedimiento cuyo fin último es que este problema se aborde en el seno de la Asamblea General de la ONU. Esto ocurrió hace apenas unos días y va a transitar por varias etapas, iniciando con una solicitud de información al gobierno de México sobre la “existencia de un contexto generalizado o sistemático de desaparición”.

Para entender mejor: Problema de desapariciones forzadas en México escala a la ONU; inician protocolo

Nosotros, en México, sabemos que el problema es grave y, el que sea llevado a la ONU, no solo obligará a que se hable mucho más de él allende las fronteras, sino que debería encaminarnos como país a establecer estrategias y acciones para tratar de revertir la situación. Este problema lleva casi 20 años; arrancó con la fallida Guerra contra la el Narcotráfico del señor Calderón y no ha dejado de crecer, llegando las cifras a niveles que desbordan todos los precedentes.

Creo que la razón de ese desbordamiento tiene que ver con el hecho de que, para el caso mexicano, “desaparecido” es un término que sintetiza muy diversas formas de violencia que, en lo que va de este siglo, se han radicalizado en México a niveles inimaginables.

Lee también: Desapariciones y la maquinaria de muerte impune

Voy a intentar explicarlo, para lo cual se requiere asumir, primeramente, que el concepto “desaparición forzada” no es adecuado para el terrible problema que tenemos en nuestro país. El que el CED haya tomado el caso no significa que los miles y miles “desaparecidos” en territorio nacional encajen en la figura que dio vida a ese comité.

Veamos: la “desaparición forzada” está definida en la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas en su artículo 2:

la desaparición forzada es, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer la privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida;  que colocan a esa persona fuera de la protección de la ley”.

Este concepto se acuñó en el marco de aquellos regímenes militares, dictatoriales. En ellos los ciudadanos eran víctimas de las fuerzas del Estado, casi siempre debido a sus ideas políticas o su activismo.

Desapariciones: herencia calderonista

En el caso mexicano hoy en día sí hay sucesos de este tipo, pero no son los más. Creo que hay evidencia suficiente para sugerir que las desapariciones se han incrementado en México justo por la omisión del Estado, no por su acción. Con esto quiero decir que se vuelven más susceptibles de desaparición aquellos a los que el Estado no ve. También los que no protege, no vigila, no custodia, no tutela, no cobija. Ahí donde está ausente el Estado es en donde imperan las fuerzas que “desaparecen” impunemente a las personas.

Esta situación no es circunstancial, no es una coyuntura del presente. Es la consecuencia de varias décadas de repliegue del Estado y de crecimiento de los grupos delictivos. Se requiere ver esto históricamente, porque si bien el narcotráfico en México lleva al menos un siglo, el fenómeno de las desapariciones (entendidas -repito- como síntesis de muchas violencias) se genera en el sexenio calderonista.

Desapariciones en México

¿Qué paso exactamente que hizo estallar este infame fenómeno? Ocurrió que, al declararles la guerra, el gobierno de Calderón los condujo a convertirse en fuerzas beligerantes, en grupos armados en creciente expansión que comenzaron a moverse por la lógica del control territorial. En una lógica de guerra, precisamente.

Lee más en: Las madres que cavan donde el Estado no busca

Durante décadas, la principal actividad de los narcotraficantes consistía en controlar rutas para el trasiego de drogas y ganar dinero con ello. Una vez que entran en la lógica de guerra, eso no basta, se necesita control total del territorio. Los distintos grupos criminales formados o consolidados de entonces a la fecha se fortificaron en territorios o regiones, echando mano de la fuerza, sí, pero también de la cooptación, corrupción e infiltración de las instituciones. Desde entonces se comenzó a hablar de “plazas” y de “dueños de la plaza”. Esto significa, control territorial por encima del Estado.

Justo en escenarios así es que miles de personas quedan al margen de la protección de las instituciones, del control del Estado. Justo ahí es en donde se generan las condiciones para que los “dueños de la plaza” dispongan ejercer todo tipo de violencia y quedar impunes. Las personas “desaparecen”, porque existen grupos organizados y armados que pueden llevarse a alguien que amenace su control. También que ponga en riesgo sus negocios, que incomode, que no se comporte a gusto de quien detenta ese poder o, inclusive, se los llevan para incorporarlos a sus filas.

En ese contexto, que alguien “esté desaparecido” lleva implícito que haya sido blanco de la violencia de esos grupos beligerantes. Además, la complicidad de las autoridades (sobre todo a nivel local), vuelve inútil el solicitar intervención y justicia.

Después de informes de ONU por desapariciones: ¿problema sin solución?

Este último elemento es el que ha contribuido a las multiplicaciones de colectivos dedicados a la búsqueda de sus familiares. Recorriendo el territorio nacional hay miles de personas hurgando en terrenos baldíos, recorriendo anfiteatros, siguiendo “pistas” de lugares a donde “se los llevan”. Su actuar ha obligado a las instituciones a generar normas, crear instituciones y, en general, a reconocer el fenómeno. Hoy las madres buscadoras son ya un actor político. Han irrumpido en el escenario nacional e internacional, llevando a que, como lo dijimos al inicio de este texto, la propia ONU haya iniciado un procedimiento.

Creo, sin embargo, que la única manera en la que el fenómeno pueda desaparecer es que dejen de existir las condiciones que le permitieron emerger. Mientras existan grupos que ejercen ese control territorial por la vía de la violencia y que cuenten con la complicidad y omisión de las autoridades, el problema continuará.

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