El Estado de México (Edomex) no adquirió nueva deuda en 2024. Sin embargo, cerró el año con una deuda pública bruta de 61 mil 742 millones de pesos. A pesar de la contención en el gasto y de los anuncios de reestructuración, el pasivo sigue creciendo. Lo más preocupante, el mayor peso financiero no se pagará ahora, sino entre 2032 y 2038.
En esos años, el gobierno estatal deberá desembolsar al menos 13 mil 285 millones de pesos en vencimientos: 7 mil 091 millones en 2032 y 6,194 millones en 2038. Además de otros pagos intermedios. Este calendario de pagos muestra que, más que solucionar el problema, los últimos gobiernos lo aplazaron.

Una deuda que se multiplica
Desde 2005, el endeudamiento del Edomex ha sido constante. Cuando Enrique Peña Nieto fue gobernador, su secretario de Finanzas, Luis Videgaray, implementó una refinanciación de 25 mil millones de pesos a 25 años. Aplaudida en su momento por la baja de tasas, pero criticada por extender la carga a largo plazo.

Con Eruviel Ávila, la deuda cerró en 39 mil 968 millones; con Alfredo del Mazo, se disparó a 60 mil 809 millones; y bajo el primer año completo de Delfina Gómez, el saldo alcanzó su máximo histórico.
Aunque la administración actual se abstuvo de adquirir nuevos préstamos, el endeudamiento aumentó 933 millones en 2024 por disposiciones de líneas de crédito ya existentes. La deuda, pues, crece sola.
¿Quién gana con esta deuda?
El sistema financiero ha sido el gran beneficiado. Bancos como Banorte han renegociado tramos de deuda a través de reestructuras —como la firmada en julio de 2024 para reducir tasas de interés—, pero sin que eso implique una disminución real del saldo total. Además, programas como PROFISE (para infraestructura social) y FONREC (para desastres naturales) han servido de vehículos para canalizar recursos. Muchas veces sin rendición de cuentas clara.
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Los bancos cobran, el Estado difiere, y la ciudadanía paga.
¿Y qué implica esto para la gente?
El peso financiero de la deuda consume 2.2% de los ingresos ordinarios del estado, lo que representa 7 mil 199 millones de pesos en intereses solo en 2024. Es más del doble que hace cinco años y supera al presupuesto asignado a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) para 2025, que fue de 6 mil 437 millones 236 mil 276 pesos. El dinero que se destina a pagar la deuda no puede ir a escuelas, hospitales ni programas de seguridad. Y lo peor está por venir.

En palabras simples: el Estado de México está hipotecado, y no por decisiones tomadas en el presente, sino por un modelo de gobierno que decidió financiar el pasado a costa del futuro.
Una deuda sin final a la vista
A pesar del discurso de austeridad, la deuda permanece y se proyecta hacia adelante. El actual gobierno evita el endeudamiento, pero no puede esquivar los pagos ni revertir las decisiones heredadas. Hoy, cada mexiquense debe 3 mil 633 pesos, y esa cifra seguirá creciendo mientras los intereses y amortizaciones devoren el presupuesto.
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El problema de la deuda no es solo financiero. Es estructural, político y ético. Porque en el Estado de México, como en muchos otros rincones del país, las decisiones más costosas no se pagan al instante, sino que se heredan.


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