Al poco tiempo de jurar como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump inicio el cumplimiento de promesas realizadas en campaña, mediante un plan estratégico para los cien días de su mandato de temas destacados; utilizando como elemento discursivo la frase de “éstas acciones harían a su nación grande otra vez”, sin embargo la lección más grande que aprendió durante estos días de gestión fue que es muy fácil hablar, cumplir es más complicado o que una cosa es hablar y otra muy diferente es gobernar, ya que gobernar es todo un arte, se requiere de oficio político, característica que no tiene.
A estas alturas incluso en diversas entrevistas ha reconocido que “gobernar no es tan fácil como creía, que es más fácil manejar una empresa”, lo cual se explica fácil, no es lo mismo que seas dueño de un imperio que tiene una sola cabeza de mando y es quien dicta las reglas a seguir y se obedecen, mientras que gobernar es una conciliación de intereses de diversos sectores a fin de otorgar bienestar común.
El empresario se enfrentado a un sistema mucho más poderoso, el imperio legal, que no sólo implica el despacho de asuntos desde la casa blanca, sino obedecer normas jurídicas involucradas en un sistema de pesos y contrapesos y por ende ha sufrido derrotas humillantes; a pesar de ello todavía no se da por vencido, pese a tener una valoración baja en los tiempos modernos, de un 43 por ciento de aprobación, no obstante sigue contando con un electorado extremadamente fiel a él.
Sus derrotas lo han llevado a incorporar una nueva narrativa en su elemento discursivo, mucho más matizado, aunque su necedad sigue imperando, en fin, seguiremos observando cómo se va desenvolviendo sobre todo en tres temas que nos deben ocupar: el muro, el tratado de libre comercio y el más importante el destino y tratamiento a nuestros migrantes, pues en estos temas nuestro Gobierno debe estar a la expectativa para actuar de forma inmediata.


Síguenos