La encarcelaron en Almoloya 19 años y la liberaron con reservas, pero su juicio sigue

Su detención ocurrió en 2007 durante el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna y la Agencia Federal de Investigación (AFI), época en la que la fabricación de culpables era común
mayo 10, 2024

Hace un año, Dulce, madre de un niño, fue liberada de la prisión de Santiaguito, en Almoloya de Juárez, Edomex, después de cumplir una condena de 19 años y, hasta la fecha, aún no ha recibido una sentencia definitiva.

Su medida cautelar fue modificada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), permitiéndole la libertad, aunque su proceso legal continúa y está a la espera de una nueva sentencia. Dos resoluciones judiciales anteriores se revocaron debido a la falta de pruebas, sin considerar su vida y su maternidad.

Ahora debe presentarse mensualmente en el juzgado, donde continúa defendiendo su inocencia en los delitos de secuestro y delincuencia organizada de los que la acusaron injustamente, narra.

Su detención ocurrió en 2007 durante el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna y la Agencia Federal de Investigación (AFI), época en la que la fabricación de culpables era común.

La arrestaron sin pruebas después de dejar a su hijo de 5 años en el jardín de niños. La urgencia de entregar un «pagador» a la víctima, según le indicaron los policías, resultó en su detención.

Además de golpes y amenazas, intentaron grabarla confesando su culpabilidad en un montaje en el que le hacían leer sus respuestas, que le pusieron en una cartulina, pero al notarse que no era espontáneo, decidieron no utilizar el video.

A pesar de los 24 meses de investigación en la que justificaron su captura, la arraigaron durante 52 semanas. Luego, ya detenida, le permitieron a la víctima interrogarla y amenazarla con dañar a su niño.

El tiempo en prisión le hizo perderse momentos importantes en la vida de su hijo, quien creció sin su presencia. A pesar de sus esfuerzos por mantenerse presente, su hijo enfrentó dificultades y cayó en las drogas. Aunque ahora tiene dos hijos propios y ha encontrado una salida en la música, ella sigue sintiendo el dolor y la tristeza de haber perdido tantos años de convivencia con él.

«Dejé a un niño de 5 años y salí para encontrarme con uno de 25. Fue triste no verlo crecer, perder muchas cosas como llevarlo a la escuela, celebrar su cumpleaños y bañarlo. Mi hijo sufrió mucho; nuestra familia cambió de domicilio y él se volvió triste y solitario, viviendo solo con mi mamá. Ella le preparaba la comida y la dejaba en el horno para que la calentara cuando llegara de la escuela. Él creció solo«.

“A los 15 años me dijo que ya no quería venir, que todos descansaban menos él. Quizás fui egoísta al querer verlo, y él, en lugar de irse a un parque un domingo, iba a la cárcel a ver a su mamá, y yo le dije que sí, que tenía que crecer, pero que recordara que lo quería mucho”.

Narra que siempre estuvo tan presente como pudo. Vendió garnachas, aretes, comida y tejidos para pagar sus estudios hasta la preparatoria.

Fue doloroso y cayó en las drogas. “Lo ayudamos y comenzó a escribir canciones, plasmando su vida en el rap. Ahora tiene dos hijos y a pesar de todo lo que carga, y lo que yo cargo, aún siento mucho dolor y tristeza. Perdí mucho, especialmente la convivencia con mi hijo, cuidarlo y festejar sus cumpleaños. Soy madre soltera, lo tuve que dejar a los dos años y medio para salir a trabajar, y a los 5 porque me metieron a la cárcel. Yo tenía 28 años”.

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