Egipto, protagonismo perdido

Imperio durante miles de años, escenario de una derrota napoleónica, de una retirada británica en la II Guerra Mundial y de una revolución antimonárquica estremecedora, Egipto trata de recuperar su condición de epicentro político en Levante. Inmerso el país en una guerra de baja intensidad con grupos islamistas que han desbordado sus acciones de la península del Sinaí, noreste, a esta capital y a otras ciudades, el presidente AbdelFattah El Sisi ha reiterado varias veces desde su ascenso al poder en junio pasado que se propone devolver a Egipto el brillo perdido. Tras la deposición por una revuelta popular a
enero 25, 2015

Imperio durante miles de años, escenario de una derrota napoleónica, de una retirada británica en la II Guerra Mundial y de una revolución antimonárquica estremecedora, Egipto trata de recuperar su condición de epicentro político en Levante.

Inmerso el país en una guerra de baja intensidad con grupos islamistas que han desbordado sus acciones de la península del Sinaí, noreste, a esta capital y a otras ciudades, el presidente AbdelFattah El Sisi ha reiterado varias veces desde su ascenso al poder en junio pasado que se propone devolver a Egipto el brillo perdido.

Tras la deposición por una revuelta popular a principios de 2011 del expresidente Hosni Mubarak, las subsiguientes convulsiones llevaron a la primera magistratura a Mohamed Morsi, uno de los miembros de la dirección de la Hermandad Musulmana (HM), cuya gestión apenas se extendió un año.

El triunfo electoral de Morsi en los comicios de 2012 fue conseguido por estrecho margen en alianza informal con partidos laicos e izquierdistas que trataban de evitar a toda costa una victoria de su rival, Ahmed Chafik, la cual habría representado un mubarakismo por otros medios.

Pero la HM despilfarró ese triunfo con su decisión de imponer a los egipcios un modo de vida ajustado a la ortodoxia extrema del Islam, incongruente con el laicismo prevaleciente en la sociedad por la revolución de los oficiales libres que llevó a la presidencia a Gamal Abdel Nasser e imprimió a este país un carácter peculiar.

El fallecimiento del mandatario en 1970 dio paso a un sector político personificado en Anuar El Sadat y, tras su muerte violenta en 1981, en Mubarak, cuya corrupción administrativa y alianza a ultranza con Estados Unidos propició el incremento del apoyo a la HM.

Esa secuencia de hechos explica que en los días previos y en los posteriores a la turbulenta defenestración de Morsi circulara una abundante iconografía en la cual aparecían los rostros de El Sisi y de Nasser, igualados para la historia, al menos en el imaginario de los opositores tanto de Mubarak, como de la cofradía islamista.

Instalado en el sillón presidencial, e incluso antes, durante su campaña electoral, el ex ministro de Defensa insistió en su intención de hacer que Egipto recuperara su papel preponderante tanto en la política africana, como en la árabe.

La irrupción en el Magreb de Estado Islámico (EI),  el movimiento armado que ocupa zonas en Iraq y Siria y está implantado en Túnez, Argelia, Libia y el propio Egipto; y los avatares de la guerra en Siria, brindan una oportunidad dorada que El Cairo parece tener intenciones de capitalizar con fines políticos regionales.

A mediados de enero el Gobierno egipcio ofreció albergar un encuentro de las partes en pugna en Siria, lo que pondría a este país en el papel de mediador en un conflicto respecto al cual se mantiene equidistante de las partes, aunque es notorio que se opone al avance de las fuerzas de EI, su Némesis.

Esa voluntad de El Cairo es compartida por Estados Unidos y las potencias de la Unión Europea, integradas en una coalición de 40 países, 10 de ellos árabes, diseñada para combatir a EI, a cuyo auge contribuyó en cierta medida al apoyar a los grupos armados que hace más de cuatro años quieren derrocar al presidente sirio Bashar El Assad.

Aunque Egipto se integró a esa alianza, El Sisi tomó distancia y aclaró desde un principio que el respaldo excluye la participación en combate de sus tropas, una forma sutil de remitir el esfuerzo a los creadores de la crisis, los cuales como era de esperar, rehúsan verse envuelto en otro conflicto levantino tras el pantano iraquí.

En este contexto hay que insertar el ataque contra un semanario satírico a principios de enero en Francia  e incidentes en otros países europeos, nubarrones de una tormenta que atemoriza a ese continente, separado por un corto tramo del mar Mediterráneo del norte de África, donde EI está implantado con pie firme.

Hechos en fecha reciente indican que El Cairo podría haber elaborado o estar preparando una estrategia para presentar cara a EI con alcance nacional,  entendiendo como tal el conjunto de los países árabes del Levante y el norte africano, un concepto desarrollado por Nasser.

El tema fue puesto sobre el tapete en la reunión urgente de cancilleres de la Liga Árabe el 14 de enero pasado, durante la cual se enunció la conveniencia de crear una fuerza regional para combatir a los radicales en la cual Egipto, con el Ejército más poderoso de la región, tendría posición de mando.

Otro indicio en ese sentido fue la visita a esta capital del primer ministro iraquí, Haider El Abadi, el pasado 10 de enero, durante la cual huésped y anfitrión acordaron «dar pasos tangibles entre musulmanes chiítas y sunitas para reducir las tensiones en la región».

Asimismo hay que tomar en cuenta la rúbrica de una alianza estratégica económico con China, la mejoría sustancial de los lazos con Rusia y la visita del primer ministro japonés a principios de enero, indudables espaldarazos a El Sisi, que ha demostrado ser paciente, coherente y efectivo en sus propósitos.

La formulación es un mensaje velado a Irán, paladín de los chiítas, sobre la necesidad de cohesionarse contra EI, importante, dados los estrechos nexos de El Sisi con Arabia Saudita, en pugna con Teherán por el predominio en el Golfo Pérsico, pero que convergen en el deseo de ver desaparecer al grupo radical.

Ante esa realidad, un fortalecimiento de Egipto está en el interés de Europa, que pagaría el favor dejando de lado sus críticas a la forma en que la Hermandad Musulmana fue desalojada del poder y alentando el retorno de las inversiones directas, un flujo de liquidez que El Cairo necesita con urgencia.

* Corresponsal Jefe de Prensa Latina en Egipto.

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