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El coletazo económico de la pandemia

El coletazo económico de la pandemia

En nueve de cada diez hogares mexicanos se habría presentado la disminución en los ingresos mensuales

Los promedios diluyen los contrastes, pero ayudan a entender las tendencias. Así deben tomarse los datos dados a conocer hace unos días por el INEGI, respecto a la caída de los ingresos en los hogares mexicanos a causa de la pandemia de covid-19. En efecto, la “nota” al final de la semana anterior fue que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), el ingreso de los hogares mexicanos reportó un descenso de 5.8% en el 2020, ubicándose en el nivel más bajo desde 2014.

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Esta es, desde luego, una tendencia verificable no sólo en nuestro país sino en gran parte del mundo. La misma se debe a la suspensión de actividades económicas como medida para evitar la movilidad social y, con ello, intentar que los contagios no crecieran de manera descontrolada. Las plantas productivas y los aparatos de servicios de la mayoría de países en el mundo quedaron parados durante varios meses, provocando la caída en el Producto Interno Bruto (PIB) de casi todos los países, con excepción de naciones como China. Hubo casos dramáticos, como España, que registró una caída de su PIB del 11% respecto al año 2019; y hasta potencias, como los Estados Unidos, no lograron evitar una caída de 3.5%. En el caso mexicano, el PIB sufrió una disminución de 8.5%.

Si se produce menos, se gana menos.

Así de sencillo es deducir que durante el año 2020 el ingreso promedio en los hogares tuvo una caída. Según los datos del INEGI, en promedio los hogares mexicanos registraban en el año 2018 (último año en que se realizó la anterior encuesta del tipo) un ingreso equivalente a 17 mil 806 pesos al mes, pero los mismos se redujeron a 16 mil 770 pesos en 2020. Queda claro que hay familias con ingresos por debajo de este promedio (las más) y otras que logran obtener muchos más (la minoría), pero establecer una media permite medir, comparar, contrastar.

A la luz de los datos recabados en la ENIGH, en nueve de cada diez hogares mexicanos se habría presentado la disminución en los ingresos mensuales. En tanto, sólo 10% de las familias habrían conseguido incluso incrementarlos durante el año pasado y se trata -según el INEGI- del 10% de las familias más pobres, sobre todo del ámbito rural. Cuando se habla de las familias más pobres estamos refiriéndonos a hogares con ingresos mensuales promedio de 3 mil 313 pesos. Ellas son las que habría incrementado sus ingresos, pero sólo 1.3%. En el otro extremo, el conjunto de hogares con más ingresos (en promedio 54 mil 427) fue el que más disminución experimentó, con menos 9.2%.

Como puede apreciarse, sigue siendo muy grande la distancia entre los hogares más ricos y los más pobres en nuestro país. Nada más como 16 veces. Pero esa diferencia era todavía mayor en el año 2018, porque alcanzaba 18.3 veces más ingreso para los más ricos respecto de los más pobres. Pero los contrastes que permiten ver estos resultados globales de la ENIGH son todavía más sorprendentes, pues resulta que el sector que más disminución de ingresos presentó el año pasado es el que tiene mayor grado de escolaridad: los que poseen posgrado (ya sea completo o no) vieron disminuir sus ingresos en 26%; en tanto, los que cuentan sólo con primaria terminada vieron incrementarlos en 15%.

Y entre lo rural y lo urbano también hubo diferencias en esta caída del ingreso de los hogares mexicanos: en las zonas urbanas la disminución fue 5% mayor que la de las zonas rurales. Lo anterior nos sugiere que la pandemia pegó mucho más fuerte entre las personas asalariadas que viven en las grandes ciudades, pues no debe olvidarse que la pérdida de empleos, según el INEGI, fue cercana a 13 millones durante el 2020. En ese sector de la población que tiene ingresos bajos, empleo precario, que vive en la ciudad y con muy pocas herramientas para soportar la vida, es en donde se sintió más fuerte el efecto de la pandemia.

En contraste, las personas de pequeñas comunidades, que tienen un estilo de vida rural, que reciben remesas o apoyos gubernamentales, que no tienen que hacer uso del transporte público ni salir a la calle a ganarse la vida, son las que menos habrían experimentado los efectos económicos de la pandemia. Lo anterior no quiere decir que hayan dejado de ser pobres o que sus ingresos crecieran de manera considerable, es sólo que se mantuvo. Además, los números que ahora se conocen indican que hubo una reconducción del gasto en los hogares mexicanos a raíz de la pandemia: se gastó mucho menos en esparcimiento (disminución de 50.1%), en comer fuera de casa (disminución de 44%), en el transporte público (disminución de 43%) y educación (disminución de 39%), lo cual es lógico dado que se suspendieron las clases desde hace más de año y medio.

En pocas palabras, los efectos económicos de la pandemia nos han hecho retroceder un buen trecho lo ganado durante algunos años en combate a la pobreza, en movilidad social, en consolidación de una planta productiva sólida, en estabilidad y seguridad laboral. Ya se sabía, se sentía, pero hoy los números nos dan un poco más de perspectiva para dimensionar la tendencia, no así los contrastes en cómo se vivió este coletazo económico de la pandemia en cada hogar.