Toluca, Estado de México; 31 de octubre de 2018. El Día de Muertos es una tradición mexicana reconocida en todo el mundo, una celebración hacia la muerte que en términos prácticos implica gastos que repercuten en el bolsillo de los ciudadanos; colocar un altar de muertos con elementos básicos no es barato.
Si a nuestro difunto cuando estaba vivo le gustaba fumar, se deberá adquirir una cajetilla de cigarros cuyo precio se encuentra alrededor de 53 pesos. Y aunque no fumara, un elemento imprescindible son las veladoras que, con vaso de vidrio, en el supermercado cuestan alrededor de 20 pesos, mientras que las más sencillas pueden encontrarse en 16.
Las flores de cempasúchil, el ramo pequeño, cuesta 20 pesos; una calavera oscila entre 10 y 15 pesos. El precio de las mandarinas, naranjas y la calabaza va de 19 a 20 pesos; si el platillo es más elaborado, el kilo de mole se puede comprar por más de 100 pesos, mientras que el arroz vale $20 pesos.
El pan de muerto, suculenta pieza que sólo se encuentra en esta época, cuesta 10 pesos, con relleno de zarzamora o queso puede valer hasta 25 pesos, dependiendo del lugar y del tamaño; en las panaderías se paga por ella hasta 80 pesos.
Entre el papel picado y el copal se podrían gastar más de 20 pesos, 10 el sobre de copal y 10 por mantel, también dependiendo de las dimensiones y de complejidad del diseño. En suma, una ofrenda sencilla, básica, para recibir a su los muertos podría costar entre $300 y $400 pesos.
Aunque año con año se eleva el precio, colocar el altar es parte de las costumbres del mexicano y es impostergable, también es verdad que entre más elaborada es mucho mejor porque es la manera de recibir a los seres queridos, ofrecerles todo lo que les gustaba y sentirlos cerca.
La ofrenda y sus significados
Así, la ofrenda de Día de Muertos se convierte en un ritual a través del cual los vivos conviven con las ánimas que llegan cada noviembre a visitar a sus seres queridos; esta tradición es una combinación de la raíces europeas con las indígenas de la época de la conquista: de los primeros se extrajeron las flores y velas, los indígenas colocaban el copal, la comida y la tradicional flor de cempasúchil. Cuando los mexicanos reciben a las almas del más allá se tienen que combinar los cuatro elementos de la naturaleza: agua, aire, tierra y fuego.
En el altar que representa la brecha entre el mundo de los vivos y de los muertos no puede faltar la fotografía del difunto; también se puede colocar una cruz hecha con ceniza que significa que alivia el alma del difunto. Además de colocar imágenes de santos que representan la intercesión y la buena relación entre la vida y la muerte.
Entre los elementos imprescindibles en la ofrenda se encuentra el agua que se ofrece a la almas para que después de su largo viaje sacien su sed y purifiquen su espíritu.
También se puede colocar la sal que tiene un significado similar, pero esta ayuda a que el alma no se corrompa en el recorrido que realiza cada año.
Las velas simbolizan las luz, la fe y la esperanza, pues alumbran del camino del difunto a su antiguo hogar y a su morada perpetua; el copal es un elemento que limpia la mesa o sitio a donde va llegar el ánima de lo malos espíritus, para que pueda entra a su casa.
Las flores, además de dar color aromatizan y armoniza la estancia del familiar fallecido, las de nube son utilizadas para los pequeños, pues significa pureza y ternura. El pan de muerto no puede faltar pues representan ofrecer y compartir el cuerpo de Cristo.


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