El inodoro y las clases sociales

“El inodoro se convirtió en el gran separador social de América Latina y el Caribe”, asegura el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un reciente artículo publicado en el marco de la Semana Mundial del Agua 2019, misma que se celebró en los últimos días de agosto. Y es que, según sus cifras, en la región latinoamericana hay al menos  490 millones de personas que no tienen acceso a saneamiento seguro: la recolección de excretas, el tratamiento de las aguas residuales que generan y su disposición segura en el medio ambiente. En términos muy coloquiales, significa que convivimos en esta
septiembre 6, 2019

“El inodoro se convirtió en el gran separador social de América Latina y el Caribe”, asegura el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un reciente artículo publicado en el marco de la Semana Mundial del Agua 2019, misma que se celebró en los últimos días de agosto. Y es que, según sus cifras, en la región latinoamericana hay al menos  490 millones de personas que no tienen acceso a saneamiento seguro: la recolección de excretas, el tratamiento de las aguas residuales que generan y su disposición segura en el medio ambiente.

En términos muy coloquiales, significa que convivimos en esta área del planeta personas que pueden ir al baño cómodamente, llevarse su celular, tardarse el tiempo que quieran y sentirse en un espacio seguro y absolutamente privado, al tiempo que hay otros millones de personas cuya experiencia de ir al baño representa exponerse a malas condiciones higiénicas, falta de privacidad, acoso y hasta violencia sexual.

Es más, de acuerdo siempre a las cifras del BID, en los países latinoamericanos hay todavía más de 19 millones de personas que orinan y defecan al aire libre de forma cotidiana. Una práctica que, por supuesto, tiene consecuencias negativas en su salud y el medio ambiente.

El diagnóstico que hace el BID sostiene que “en los últimos 50 años nuestra región ha logrado avances significativos en proveer agua para cerca del 95% de sus habitantes. Esto no significa que todos tengan un servicio de calidad, ininterrumpido y directamente en sus casas. Sin embargo, la tarea de llevar saneamiento seguro para todos es la más rezagada”.

En el caso de México, el INEGI estima en 94.6% el porcentaje de casas a nivel nacional que cuentan con el servicio de agua potable y 93.2% con drenaje, aunque hay estados, como Guerrero y Chiapas, en donde los porcentajes son mucho menores. Para nuestro Estado de México los datos más recientes de que se disponen hablan de 92% de viviendas con agua potable y servicio de drenaje. Traducido en números absolutos, estamos hablando de más de 300 mil viviendas en todo el territorio mexiquense sin ambos servicios. Se trata de las viviendas correspondientes a las personas en el nivel socioeconómico más bajo en la pirámide poblacional. Hasta un 20% de estas casas tienen paredes construidas con materiales de desecho, como láminas, cartón, madera y otros. Sólo la mitad tiene un techo sólido y en la mayoría sólo hay uno o dos espacios en los que se ubican todos los servicios de la casa.

Evidentemente vivir así representa muchos problemas; son muy pocas las casas de este nivel socioeconómico que están conectadas a una red de agua potable y viven con severos problemas de abastecimiento de este líquido vital. La vida para ellos implica no contar con un baño (sólo el 5% de este sector poblacional cuenta con ello); el inodoro no existe, está compartido con otra función de la casa o con otra casa y, por su puesto, no tiene descarga de agua directa. Un buen número descarga en fosas sépticas. Toda esta gente tiene como principal sistema de almacenamiento de agua las piletas, los tambos o algunos otros depósitos improvisados.

No se debe perder de vista que la ONU estableció dentro de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) reducir esta brecha de saneamiento que persiste en América Latina, así como en otras partes del mundo antes del año 2030. No obstante, el ritmo que tiene esta dotación de servicios indica que no se logrará esa meta, porque harían falta inversiones por unos 180 mil millones de dólares. Pero el BID sólo espera poder financiar obras por un monto de 15 mil millones en los próximos cinco años. Tener o no drenaje en casa es un factor importante para medir el bienestar de las personas. Por ahora el inodoro seguirá siendo un gran separador social y no un servicio universal para todos en América Latina y el Caribe.

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