El match de la muerte

Toluca, México; 8 de junio de 2018. Era el verano de 1938 e Italia encabezada en el ataque por Gino Colaussi y Silvio Piola, dos fenómenos de la época, se imponía con autoridad 4-2 al cuadro Húngaro protagonista del futbol mundial en aquellos días y entrenado por Alfred Schaffer.  Así terminó la tercera edición de la copa del mundo que se proyectaba se jugarían cada cuatro años, y la siguiente edición -planteó la FIFA- se jugaría en América con las potencias futbolísticas de Brasil y Argentina levantando la mano para organizar el evento. Muy pocos pensaron que en aquellos días
junio 8, 2018

Toluca, México; 8 de junio de 2018. Era el verano de 1938 e Italia encabezada en el ataque por Gino Colaussi y Silvio Piola, dos fenómenos de la época, se imponía con autoridad 4-2 al cuadro Húngaro protagonista del futbol mundial en aquellos días y entrenado por Alfred Schaffer. 

Así terminó la tercera edición de la copa del mundo que se proyectaba se jugarían cada cuatro años, y la siguiente edición -planteó la FIFA- se jugaría en América con las potencias futbolísticas de Brasil y Argentina levantando la mano para organizar el evento.

Muy pocos pensaron que en aquellos días los ánimos expansionistas de Adolf Hitler obligaron a cancelar las ediciones de los mundiales de 1942 y 1946, pero aquello no fue impedimento para que Alemania invadiera con un feroz ataque el territorio polaco el 1 de septiembre de 1939.

Gran Bretaña y Francia saltaron al terreno de juego con feroces contragolpes que no amedrentaron la defensa alemana, por el contrario Hitler mandó a calentar a sus fuerzas y las envió a ocupar los territorios de Noruega y Dinamarca.  

En Italia, el fascista Benito Mussolini se olvidaba de que la escuadra azzurra pudiera conseguir el bicampeonato mundialista y optaba por lazar metralla para ampliar sus fronteras, primero invadiendo sus propios territorios, pero ante afrentosas y deshonrosas derrotas de su ejército, decidió mejor reforzar los ataques alemanes.  

Y mientras que en Polonia los edificios y plazas públicas seguían ardiendo como antorchas, los amantes del futbol mundial se perdían de ver la diarrea goleadora de Telmo Zarra, considerado en las crónicas deportivas de aquellos días como un jugador de otra época; se perdieron también de ver en su mejor momento las gambetas, dribles y el olfato goleador de Leonidas da Silva "El Hombre de Goma", aquel que se convirtiera en ídolo en las favelas de Sao Paolo, equipo con el que consiguiera cinco campeonatos.

 

La afrenta alemana

Pero mientras en muchas de las ciudades europeas el fuego y las detonaciones no paraban, el 9 de agosto de 1942 en Ucrania se disputó un partido que fue lo más cercano a una competencia de futbol mundial, dos equipos uno integrado por soldados alemanes, que habían invadido las ciudades, y otro integrado por prisioneros ucranianos -algunos de ellos jugadores del Dinamo de Kiev-, quienes saltaron al campo sabedores que ganar en la cancha les costaría su vida, o al menos esa fue la versión que cobró más fama al término de la guerra. 

En los textos mitad fábula y mitad realidad se sostiene que los jugadores ucranianos dieron la batalla en el campo de juego y a pesar de su mal estado físico aplastaron sin ninguna dificultad a las fuerzas de ocupación, que vieron la derrota como una afrenta y una humillación, y mandaron a fusilar a los jugadores ganadores.

Pero el testimonio de algunos sobrevivientes desmentía aquellos relatos y aunque reconocen que en realidad sí hubo al menos cuatro jugadores fusilados fue porque el equipo era un apéndice de la policía secreta soviética y no por una macabra revancha deportiva, aún así la leyenda dio pie a varios largometrajes como El partido de la muerte, que se estrenó en 1963. 

Luego de aquel legendario juego tuvieron que pasar tres largos años para que se apagara la metralla y los bombardeos, Hitler y su ministro de propaganda Goebbels se suicidaron; Mussolini fue asesinado y Japón sufrió la rabiosa revancha estadounidense que lanzó bombas que dejaron 150 mil muertos al instante y miles de personas heridas. 

El mundo se perdió lo que, "podría haber sido uno de los mejores Mundiales de la historia”, sostuvo alguna vez Sergio Levinsky, periodista y sociólogo argentino especializado en fútbol internacional. “Hubiese sido un choque de trenes entre el fútbol alegre y ofensivo de la escuela suramericana y el juego más físico y directo de la mayoría de selecciones europeas”, citó Carlos Marañón, periodista director de Cinemanía, experto en fútbol y cine.

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