En todos lados se cuecen habas, reza el antiguo refrán, por lo tanto podemos esperar razonablemente que en todos los países del mundo, todos los funcionarios públicos, ciudadanos y empresarios, tengan siempre la permanente tentación de ser corruptos, en cualquiera de su multitud de formas, desde tirar basura en la calle, pasarse un alto y pretender que el policía que te detuvo te deje ir sin una infracción, ya sea ofreciéndole dinero o apelando a su discrecionalidad, o la tentación de soltar de un 10 a un 20 por ciento del contrato ya sea al funcionario que pone el folder hasta arriba, el que te da la información de los competidores o el que pone concursos de adquisición a modo para determinado proveedor, dinero que después hábilmente ocultas para que cuando te revisen las cuentas digas: calumnia de todas las calumnias, yo nunca robé un centavo (como más de uno que le asignó millonarios contratos a sus ex compañeros de escuela, hijos y compadres gritan profusamente, si se les acusa de rateros, no de idiotas).
El punto es que si la corrupción es un fenómeno inherente al ser humano, entonces porque no se da con la misma intensidad en todas partes, ya que objetivamente podemos afirmar que los japoneses, los daneses y los suecos son mucho menos corruptos que los mexicanos, nigerianos o venezolanos; si hay países donde la corrupción no es forma de vida generalizada, entonces ya no fue característica natural del ser humano, si no un elemento con fuertes cargas culturales que es cambiante a lo largo y ancho del mundo.
Aquí es donde la reflexión se pone interesante, ya que entonces esto significa que podemos cambiar el estado de las cosas, significa que los mexicanos podemos dejar de tener un país con una cleptocracia (gobierno de los ladrones), significa que podemos tener la esperanza de que este espantoso cáncer que es la fuente de todos los problemas y tragedias nacionales puede entrar en remisión, puede ser combatido y eliminado del cuerpo de la sociedad mexicana.
Y frente al optimismo del sí se puede aparece la aplastante pregunta: ¿y como le hacemos?, es acaso un fenómeno que se combate de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, tenemos que esperar un buen presidente, gobernador, presidente municipal, diputado, senador, secretario que decida un día que no más, que ahora si van a trabajar sin ser por ejemplo legisladores empresarios; que ahora si no van a recibir terrenos, departamentos, casas, joyas, obras de arte que aparecen misteriosamente en las declaraciones patrimoniales como donaciones y regalos; o sale de una sociedad que se niega a dar una mordida, o exige rendición de cuentas de los políticos y castiga, premia o reconoce con su voto y además ejerce una ciudadanía crítica y participativa. O tenemos que esperar que los burócratas de mandos medios y operativos se decidan a denunciar ante la sociedad todos los abusos y latrocinios de sus jefes, en vez de esperar una palmadita en la cabeza y unos pesitos o un puestecito que reconozca su lealtad al cáncer.
Que la tarea se ve titánica, que lo encuentro complicadísimo, que Roma no se construyo en un día ni la práctica de la corrupción va a desaparecer de un día al otro, pero estoy convencido de que poco a poco, si ponemos todos nuestro granito de arena si se puede, pero por algún lado hay que empezar.


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