¿Que es lo que queremos los mexicanos?, esa una reflexión tan vieja como la existencia de los mexicanos (casi siglo y medio), esa pregunta es la que guía muchísimas cosas en el país, guía por ejemplo la política, los negocios, los patrones de consumo, la propuesta cultural y de entretenimiento, los deseos aspiracionales, que estudiamos y como lo hacemos; vamos pues, que guía todo lo que somos y también lo que somos.
De entrada queremos ser campeones del mundo en fútbol (Ja!), porque de esa manera les podemos demostrar a todos esos países donde las leyes y los camiones si funcionan, pudiéramos mostrarle a los alemanes que ellos tienen las calles limpias pero nosotros tenemos al chicharito (aquí usted debe poner el nombre del héroe favorito del momento, quién después de verlo hasta en los sándwiches y las afores empezaremos de odiar cuando baje su rendimiento por la edad).
También queremos policías honestos, pero al mismo tiempo queremos hacer lo que se nos pegue en gana: pararnos en doble fila, pasarnos los altos, tirar la basura en donde sea, queremos pues tener quién nos controle y aplique la ley, pero al mismo tiempo no queremos ley cuando consideramos afectadas nuestras libertades más fundamentales (que creemos que son todas).
También pareciera que aspiramos a poder viajar por el mundo, con viáticos pagados por el erario público, agarrándole el trasero a cuanta munífica brasileira se nos atraviese, pero no estamos dispuestos a aprender de otras culturas rasgos positivos y constructivos o a respetar sus leyes, salimos del país a mostrar lo peor que tiene México, como gritos homofobos, que somos bien tequileros, parranderos, los más cabrones de todos y capaces de apagar de una meada flamas perennes que hasta los nazis cuando estuvieron en París respetaron.
Que queremos ser diferentes pero no estamos dispuestos a cambiar, y quienes están dispuestos a hacerlo terminan recluidos y rapados por el gobierno federal. Tristemente ese pareciera ser nuestro destino: corruptos y corrientes por siempre y para siempre; en verdad que a veces pienso que no tenemos solución, que las palabras del jefe Diego nos describen a la perfección cuando afirmaba que éramos un pueblo de agachones, por eso es que los políticos, los nuevos conquistadores hacen y deshacen a su gusto y preferencia. Diría Julio César: la suerte está echada.


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