El Miguelazo

Había una vez una niña muy buena que quería mucho a su abuelita, su mamá le pidió un día que usará su caperuza de color rojo y le llevará alimentos variados a su abuelita que vivía del otro lado de un bosque, pero en este bosque había un lobo feroz que de acuerdo a varias versiones, secuestro a la abuelita, espero a que saliera de su casa para suplantarla o de plano se la comió, en cualquier caso el lobo con ciertas tendencias a vestirse de mujer, se mete a la cama de la abuelita, intenta engañar a la nena
agosto 6, 2014

Había una vez una niña muy buena que quería mucho a su abuelita, su mamá le pidió un día que usará su caperuza de color rojo y le llevará alimentos variados a su abuelita que vivía del otro lado de un bosque, pero en este bosque había un lobo feroz que de acuerdo a varias versiones, secuestro a la abuelita, espero a que saliera de su casa para suplantarla o de plano se la comió, en cualquier caso el lobo con ciertas tendencias a vestirse de mujer, se mete a la cama de la abuelita, intenta engañar a la nena de la caperuza, que de manera asertiva descubre que es un depredador y no su tierna abuelita, y es rescatada por un amable leñador que atenta de manera exitosa contra la vida del lobo, vamos, que lo mata a hachazos y todos viven muy felices.

 

Había una vez un patito nada agraciado, además de afroamericano o afroeuropeo, o algo así (con eso de que esta mal visto decirle negros a los negros, pues el patito no le podemos decir así) y más en contraste cuyos hermanos eran patitos rubios y coquetos, entonces el pobre patito es víctima del bullying, por parte de la mitad de los bichos del bosque donde vivía, hasta que resulta que no era un patito de color serio, si no un cisne que, vayamos a saber por que confusión (o indiscreción de mamá pata), resulto que salió del huevo con los otros patos. En toda su belleza (y fiereza porque los cisnes son muy bravos), es admirado por sus hermanos y todos lloran impeles del bosque, lo aceptan y todos vivieron felices.

 

Había una vez un estado de una muy maltrecha república, donde se hacían las mejores carnitas del país, se cultivaban los mejores aguacates, los más sabrosos limones y los más numerosos migrantes hacia el norte. Este estado era asolado por varias bandas de malosos, algunos con connotaciones baratas de guerreros cruzados, y otros con lazos paternos, hasta que llegó un hombre capaz de hacer aparecer niñas debajo de los edredones de sus camas, y como por arte de magia en un par de meses pacificó la tierra, se tomó muchas fotos, hizo muchas declaraciones y todos vivieron felices para siempre.

 

Las tres breves narraciones anteriores son resúmenes de cuentos salidos de la imaginación, inventos de una realidad que no existe, ya que es difícil pensar que los lobos sean travestis y puedan engañar niñitas, o que un huevo de cisne llegue mágicamente a un nido de patos, o que los animales hablen o que los políticos afirmen y crean y declaren que la inseguridad, el cobro de derecho de piso, los asesinatos, los secuestros con tortura y el tráfico de estupefacientes hayan desaparecido de Michoacán.

 

Dice el dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y si ven y de todas maneras declaran lo contrario a lo evidente, estamos frente a declaraciones falaces o mentirosas. Hay que recordarles de vez en cuando a los políticos como al Licenciado Castillo en Michoacán y a sus jefes en la federación, que la realidad a diferencia de la percepción de ella se transforma con trabajo serio, metódico y sobre todo honesto, y no con declaraciones triunfalistas que salen lindas en los periódicos y en los discursos, pero nada sirven a los ciudadanos que siguen sufriendo el flagelo de la delincuencia. Y este cuento se acabó.

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