Todo mundo se lo pregunta: ¿accidente?, ¿descuido de la Marina Armada de México?, ¿es tal vez un ominoso mensaje de los ídolos de los dioses prehispánicos que yacen debajo del zócalo?, ¿o tal vez la bandera de México es tan orgullosa que cuando quien dice representarnos a todos no la saluda apropiadamente, ella simplemente hace el desaire de vuelta?. Esa es la nota trascendente de la celebración del inicio de la guerra independentista (ojo, que la independencia fue hasta la firma del acta constitutiva de la nación mexicana de 1821). Sí, simplemente se cayó la bandera cuando el señor Presidente intentó con su manita santa izarla con un botoncito.
Yo recuerdo cuando era niño el famoso concepto de la noche libre del 15 de septiembre, con un primo muy querido comíamos pambazos, nos subíamos a la azotea, veíamos los fuegos artificiales, en la pantalla de televisión admirábamos al presidente que arengaba a las multitudes y desde su ronco pecho nos ponía la carne de gallina con un profundo "viva México", que de niño, el Presidente era José López Portillo y si algo le salió muy bien, fue dar discursos, dar los gritos el 15 y defender el peso como un perro, además de robar muy bien.
De estos recuerdos del siglo pasado, con algunos kilos de más, con muchos años más y sobre todo con mucho cinismo encima, simplemente vi una ceremonia deslavada, un presidente sin chiste, demacrado, vamos que le encuentro hecho mierda a pesar del triunfalismo de la spoticracia (forma de gobierno contemporáneo donde nos gobiernan a punta de spots de televisión y radio). Pude ver a los acarreados, con platerías del PRI, con sus lonches calientes y frios, sus camiones y organización para que el preciso se sintiera apapachado por la "ciudadanía".
También pude ver como los nuevos gendarmes cacheaban bebés, metiéndoles mano en los pañales y traseros, como si fueran a pasar un rifle de alto poder para volarle la cabeza a alguien o como si en los pañales limpios o sucios se escondieran granadas michoacanas para repetir el morelianazo de hace unos años, y luego el cinismo y desfachatez de los responsables de la seguridad afirmando que era para la seguridad de todos, con lo que la reflexión sobre las afirmaciones categóricas de que el país está en paz, simplemente suenan huecas y retumbantes.
Ese orgullo que sentía de niño, se convirtió en vergüenza de pertenecer a este México, cínicos, ladrones, abusivos, mustios, lo que más dolor me da es que para los nuevos niños sólo queda en acarreos o demagogia de lonche. ¿Viva México?.



Síguenos