Recientemente tuve la oportunidad de visitar los Estados Unidos de Norteamérica, a pesar de que el sistema priísta durante décadas nos vendió (y todavía vende) (junto con otras expresiones políticas como el PRD o Morena), que el mexicano verdaderamente mexicano, ni habla inglés, ni viaja a Estados Unidos y odia rabiosa y furiosamente a los malditos gringos que NOS robaron la mitad de nuestro territorio; en esta lógica entonces sí me confieso un muy mal mexicano, ya que hablo de manera razonablemente fluida el inglés, he visitado el norte del río bravo y me encanta.
Después de esta breve introducción de uno de mis grandes gustos, explico porque me encanta y muestro algunas nociones de lo que deberíamos estar copiando de los primos güeros: primeramente establecer como un hecho que también ellos tienen elecciones regulares para todos los cargos que tenemos en México y algunos mas, ellos votan por gobernadores, alcaldes, diputados locales y federales, senadores, el presidente y también por los fiscales (el equivalente a los procuradores de justicia, sólo que en Estados Unidos si son independientes del ejecutivo y generalmente no se encuentra la perversa complicidad y subordinación de quien tiene la obligación de procurar justicia y quien tiene la obligación de ejercer el poder dentro de la ley), también tienen elecciones partidistas previas a las elecciones de autoridades, sí, los ciudadanos adherentes a los partidos votan por quienes quieren que sean sus candidatos, no son elegidos por el gran elector en forma de dedo gigante, que elige a compadres o júniors que le aseguren el control de los órganos legislativos, y a pesar de ello, no necesitan de multitud de partidos ni un carísimo sistema de representación proporcional para sentirse representados, en el bipartidismo se encuentran representados casi todos y los que no, siempre pueden ser candidatos independientes.
Y con todo este sistema tan complejo y amplio no se ven las ciudades llenas de basura, pintas, banderines, espectaculares y spots tal como los que vemos en México, sí hacen campañas, pero sin atosigar a los ciudadanos por seis meses de promesas huecas, en general sus campañas duran más y de una mejor manera: trabajando por sus electores, no diciendo que hacen si no haciendo, sin necesidad ni necedad de tener que orinar todas las obras públicas con insulsos logos y presumirlas con jingles, ni colocando placas con sus nombres bien grandotes para pasar a la posteridad y a las siguientes elecciones alimentando sus hinchados egos, no, ellos le apuestan a que el ciudadano no es tonto y se da cuenta de que trabajas o de que robas, de este lado del bravo, se le apuesta a regalar televisiones, a la ignorancia y desmemoria del ciudadano, y la otra semana le seguimos.


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