El mismo ritual priísta de siempre

  Fue un viaje de regreso al pasado. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) reeditó sus viejas prácticas. La unción de un candidato revivió la cargada, el acarreo, la manipulación y el enojo de quienes se sienten utilizados. A las 9:40 horas, la colonia La Magdalena se convirtió en un embudo, en un bunker rojo, donde las calles dejaron de pertenecer a la ciudadanía para convertirse en pasarela de políticos y acarreados. En las inmediaciones del Comité Directivo Estatal del PRI, el movimiento era frenético. Cientos de personas bajaron de los camiones para tratar de estar cerca de su candidato, pero
marzo 26, 2017

 

Fue un viaje de regreso al pasado. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) reeditó sus viejas prácticas. La unción de un candidato revivió la cargada, el acarreo, la manipulación y el enojo de quienes se sienten utilizados.

A las 9:40 horas, la colonia La Magdalena se convirtió en un embudo, en un bunker rojo, donde las calles dejaron de pertenecer a la ciudadanía para convertirse en pasarela de políticos y acarreados.

En las inmediaciones del Comité Directivo Estatal del PRI, el movimiento era frenético. Cientos de personas bajaron de los camiones para tratar de estar cerca de su candidato, pero muchos se resignaron a que les cerraran las puertas y retornaron a los camiones a comerse su lonche; otros más se sentaron en el camellón para, al menos, escuchar lo que se diría en la Plaza de la Unidad.

Desde Ecatepec, Valle de Chalco, Tlalnepantla, Naucalpan, Nezahualcóyotl, San Felipe del Progreso, Tecámac, Ixtapaluca, Sultepec, Nicolás Romero, Teotihuacán, Chimalhuacán, Chicoloapan, Temoaya, Tultitlán, Melchor Ocampo, Metepec y Toluca. Mujeres, niños, adultos mayores, dirigentes de seccionales, llegaron en camiones para fundirse en una masa amorfa. Unos porque los llevaron, otros porque trasladaron a la gente; unos cuantos sin saber de qué se trataba.

Hubo empujones, gritos y mentadas de madre, tanto en la sede del partido como en las inmediaciones. Automovilistas miraban incrédulos que las calles estaban cerradas. “No es justo, vengo al hospital y no puedo pasar” se quejó un automovilista, mientras los elementos de tránsito apostados en la zona desde las seis de la mañana no atinaban a decir nada y se concretaban a señalar puntos lejanos de escape.

A las 10 de la mañana es imposible el acceso: empujones, golpes, rasguños, pisotones, gritos de “no avienten” y los encargados de logística y seguridad cierran el paso ayudados de vallas de metal a los asistentes.

“Necesito una ambulancia en la puerta principal”, pide por radio un elemento de seguridad. La razón: una señora que, por los empujones, se fracturo la mano. “Tiene fractura expuesta, pero está bien”, señala una de las dirigentes seccionales.

“Alfredo, amigo Ecatepec está contigo”, se escucha de fondo mientras los organizadores acomodan a la que llaman “su gente”: “No se separen, no se me vayan a perder, cuidado con los globos, ahorita pasamos todos, pónganse bien el sticker…”

Sentada bajo el rayo del sol está una señora que dice llamarse Rosa. Llegó de Valle de Chalco. A las seis de la mañana la citaron, al igual que a sus vecinos, quienes llenaron 20 autobuses. Mientras se cubre del sol, afirma que no le pagaron absolutamente nada por estar ahí, ni un centavo, ni una despensa, ni  nada: “Vengo por voluntad y vengo también por el deseo del progreso nacional, no me han dado nada, a lo mejor al rato, quién sabe si nos den…”

Los comités municipales del PRI fueron los encargados de convocar a los militantes, gestionar los autobuses y el traslado de personas, según detalló Iván Navarrete, secretario de Acción Electoral de Cuautitlán Izcalli: “Nos tocó estar controlando toda la estructura de seccionales y venimos a apoyar al candidato, salimos a las 7 de la mañana y llegamos aquí a la 8 y cuarto; el día de ayer empezamos la convocatoria en la mañana y para las 2 de la tarde ya habíamos conformado el contingente de 269 personas…” 

Menos de 300 metros separados por vallas dividen a los militantes de a pie, a la masa, a la base, a la estructura, de la clase política; estos últimos, sin empujones ni contratiempos, también esperan la llegada del ex diputado federal. Del lado izquierdo están alcaldes mexiquense; más al centro, secretarios del Gabinete estatal; del lado derecho diputados locales y uno que otro federal y destaca por ir vestida de color rojo de pies a cabeza, Carmen Salinas, quien apoyada por dos personas arribó al lugar.

El tiempo avanza y del hasta entonces precandidato ni sus luces, cuando el reloj marca las 12 ya es un lleno total, no entra nadie más, difícilmente alguien podrá salir, todos los que lograron ingresar y tienen su lugar asegurado intentan distraerse, unos comen, otros se pierden en la pantalla de su teléfono celular, algunos más bostezan, los jóvenes bailan y algunos niños lloran por el calor, la espera y la gente en demasía.

Finalmente se acerca, a lo lejos se ve a Del Mazo, ataviado en unos jeans, camisa blanca arremangada a tres cuartos y chaleco rojo. Camina entre los pasillos escoltado por Enrique Ochoa, dirigente nacional del Revolucionario Institucional. También en la comitiva esta Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, detrás de ellos Arturo Montiel Rojas. Unos cuantos pasos más el gobernador Eruviel Ávila.

Apretones de mano, intentos de abrazos, selfies, un teléfono celular sale volando.

En punto de las 12:43 horas, el presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, tomó protesta a Del Mazo como candidato a la gubernatura del Estado de México quien en su mensaje sostuvo que “mientras otros hablan de revanchas políticas, nosotros hacemos propuestas pensando en las próximas generaciones”.

Además de José Narro, titular de la Secretaría de Salud federal, en la toma de protesta estuvieron presentes el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal; los exgobernadores Alfredo del Mazo González, Emilio Chuayffet y Arturo Montiel Rojas. A éste último, cuando lo presentaron, se escucharon algunos silbidos.

Fue un viaje al pasado, un viaje a lo que el PRI ha sido, a lo que nunca dejará de ser.

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