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El mundo de los desprotegidos

El mundo de los desprotegidos

En el mundo 4 mil millones de personas no tienen acceso alguno a la protección social

La vida en sociedad exige solidaridad. Vivir juntos implica asumir el compromiso de apoyar y ayudar a quien lo necesita: hoy por ti, mañana por mí. Desde los pequeños grupos familiares hasta naciones enteras, este ejercicio solidario es básico para sostener la vida común. En los niveles más amplios, ello se encarna en sistemas de protección social. Los Estados nacionales tienen entre sus responsabilidades organizar un sistema que permita a sus habitantes más pobres hacer frente a crisis o perturbaciones, pero también generarse a sí mismos y a sus hijos mejores oportunidades de vida.

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Este principio básico de construcción de sociedad está ausente en más de la mitad de las naciones del mundo. De acuerdo con estudios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aproximadamente 4 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso alguno a la protección social. Es escandaloso, pero es una tendencia global. Así lo confirma el Informe Mundial Sobre la Protección Social 2020/2022, publicado apenas hace unos días por la OIT. El documento informa que, a pesar de la “expansión sin precedentes de la protección social durante la crisis generada por la COVID-19, más de 4.000 millones de personas en el mundo siguen estando completamente desprotegidas”.

Todos los seres humanos merecen la protección social, dice la OIT, pero actualmente sólo 47 por ciento de la población mundial está efectivamente cubierta por al menos una prestación, mientras que 4.100 millones de personas (53 por ciento) no se benefician de ninguna seguridad del ingreso de su sistema de protección social nacional. Esta condición, de absoluta desigualdad y de alto grado de vulnerabilidad para miles de millones de habitantes del planeta, es una característica de la sociedad en la que estalló la primera gran pandemia del siglo XXI. Y, así, sin protección social alguna, sin respaldo de ninguna especie, la mayor parte de la población del planeta ha hecho frente al riesgo de contagiarse, enfermar y morir.

4 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso alguno a la protección social

En el cuerpo del Informe ya referido se detalla que, a nivel mundial, la gran mayoría de los niños aún no tiene una cobertura efectiva de protección social; sólo uno de cada cuatro niños (26,4 por ciento) se beneficia de una prestación de protección social; el resto está absolutamente desamparado. El nuestro es un mundo desigual, así de simple. Mientras en algunos países de Europa y de Asia central –revela la OIT- las tasas de cobertura llegan a 84 por ciento de la población con al menos una prestación, los estados árabes y África apenas y tienen cobertura para 17 por ciento de su población, en promedio.

El contar o no con un sistema sólido de protección social eleva o disminuye la posibilidad de ejercer los derechos económicos, sociales y culturales de las personas. La protección social cubre los ámbitos laborales, de alimentación, salud, vivienda, pensiones, entre otros. Por estas razones es que las generaciones pasadas debieron procurar la construcción de sistemas de protección social sólidos. Si no lo hicieron, toca a la actual hacerlo para que nuestros hijos puedan contar con ello.

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Se trata, desde luego, de un problema estructural de la sociedad de este tiempo. Es un tipo de vida social la nuestra en la que grandes sectores son excluidos de las supuestas ventajas de vivir en sociedad. Y son esos amplios sectores vulnerables quienes terminan pagando los costos de problemas globales, como la actual pandemia, los desastres naturales, los cambios climáticos, etc.

Por si lo anterior fuera poco, la OIT advierte que sería una muy mala señal que los gobiernos redujeran su gasto encaminado a la protección social debido a los efectos de la crisis económica derivada de la pandemia de covid-19. Al contrario –dice su director, Guy Ryder- “este es un momento propicio para utilizar la respuesta a la pandemia a fin de construir una nueva generación de sistemas de protección social basados en los derechos. Estos sistemas pueden proteger a las personas de futuras crisis”.

Hay signos de que, en efecto, nuevas crisis pueden estar en el futuro del planeta. Ello obliga, pues a recordar ese principio básico de la vida compartida que es la solidaridad. Sin ella, esos potenciales tiempos convulsos por venir tendrán consecuencias catastróficas.