Hermes encabeza el cortejo que lleva a Heracles al monte sagrado, Apolo viaja con su corona de laureles desde Delos a Delfos para consultar al oráculo, y Afrodita, desnuda, inspira la obra de algún escultor.
Las escenas podrían parecer comunes hace más de dos milenios, cuando ese territorio de esplendor y riqueza cultural que fue la Antigua Grecia estaba en su momento de auge, con artistas que giraban los ojos al Olimpo y cantaban a sus dioses.
Sin embargo, hoy despiertan la admiración y el interés, convocan a la mirada curiosa y seducen al hombre del siglo XXI, más aún cuando su escenario no es Eurasia, sino la populosa capital mexicana, que en medio de la vorágine de la cotidianeidad se detiene un momento para respirar
el hálito griego.
Las personas que por estos días acudan al Museo Nacional de Antropología se llevarán la grata experiencia de acercarse a la religión, tradiciones, costumbres y arte de ese periodo trascendental para el devenir de la Humanidad, a través de piezas originales de la época.
Agrupadas bajo el nombre de Keramiká, materia divina de la Antigua Grecia, 94 obras con más de dos mil años develan al visitante latinoamericano la magnificencia de una civilización que dejó su impronta en la cultura del orbe.
Vasijas, copas y ánforas utilizadas tanto en el día a día como en celebraciones y ceremonias funerarias integran la muestra, llegada desde el Museo del Louvre francés en enero pasado.
La exhibición también incluye cinco mármoles creados en Atenas entre los años 530 y 520 antes de nuestra era (a.n.e), los cuales son un ejemplo de la técnica de relieve desarrollada por los reconocidos escultores de la etapa.
Desde el momento en que se encuentra frente a frente con las piezas, el espectador comienza a plantearse interrogantes y a sentirse más y más seducido por ese mundo de magia y misterio recreado en las diversas obras.
En la primera de ellas, Zeus, en su trono, sostiene el rayo y el
cetro, seguido por Apolo con su cítara en mano, quien voltea hacia Hera que porta diadema y bastón de mando, en una estancia donde también se encuentran Hermes, Poseidón, Atenea y Hades.
Asamblea de dioses es el nombre de esa imagen que adorna un vaso de uso cotidiano elaborado aproximadamente en el 470 a.n.e., y ese título adelanta al público cuál será el contenido fundamental de Keramiká (la palabra griega para cerámica): el vínculo del hombre con sus deidades, la forma en que las imagina y se ve a través de ellas.
El viaje está dividido en tres grandes secciones: la primera
introduce en la lectura del amplio universo de la mitología griega, mientras que las otras dos abundan en la relación de los mortales con sus dioses, tanto en la esfera pública como en la privada.
Según anuncia el cartel que abre el recorrido, la elección de una exposición de cerámica, más allá de los valores estéticos, obedece a que las vasijas están presentes en todos los ámbitos de la vida helénica, ya sea en el doméstico o en los espacios de culto como el santuario y la tumba.
CERÁMICA, TÉCNICA, ARTE
De acuerdo con José Enrique Ortiz, coordinador de Museos y
Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Keramiká es una exposición única por muchas razones, entre ellas la de abordar con tal profundidad el tema de las creencias.
Es interesante también el paralelismo que existe entre el mundo antiguo y el mesoamericano como culturas politeístas y animistas, por lo que la religiosidad se manifiesta en algunos sentidos de modos muy semejantes, subrayó.
Para el especialista, otro elemento interesante de la muestra es la humanización de las deidades, pues se trata de seres con pasiones, celos, sufrimientos, congojas, que aman y odian.
Todas esas impresiones llegan por medio de las vasijas, que más allá de su empleo como envases para el agua, el vino o los perfumes, constituyen expresiones pictóricas de la vida y la cultura de los antiguos griegos.
La arcilla con la que se elaboraban esos vasos se extraía de
canteras: si provenía de Atenas, su color solía ser rojo o anaranjado por su alto contenido de óxido y hierro; en cambio, si era sacada de Corinto, los utensilios adquirían un tono beige o amarillo.
Según los especialistas en la materia, los artesanos decantaban el material con agua y potasa, y con las partículas más finas que quedaban suspendidas fabricaban la sustancia conocida como barniz negro para el decorado.
Entre las técnicas aplicadas para los diseños destacó la corintia, de figuras negras, con detalles internos grabados con una punta y el fondo al vacío, pero con el tiempo fue superada por el método ateniense que empleaba el rojo y blanco para las figuras talladas, y les daba un mayor mimetismo.
Ambos estilos están presentes en los pelikés, olpes, ánforas,
cráteras (el vaso más común de la cerámica griega antigua), oinochoes y lekitos que conforman Keramiká.
NARRACIONES Y MITOS
Millones de personas alrededor de todo el orbe han escuchado o leído algún mito vinculado con el Olimpo, muestra de la amplia impronta de la
tradición griega en el devenir del mundo occidental.
Ya sean con recreaciones de los 12 duros trabajos de Hércules, la
seductora belleza de Afrodita o de los continuos deslices de Zeus, la música, la pintura, la literatura y, más recientemente, el cine y la televisión, han perpetuado ese legado.
El clásico de las letras universales que es la Odisea, atribuida al poeta ciego Homero, ha permitido que generación tras generación el universo de los griegos y la relación con sus deidades se mantenga presente en el imaginario colectivo.
Con la muestra exhibida en el Museo de Antropología de México, las personas que crecieron con referencias de esa civilización maravillosa consiguen un acercamiento más completo a sus características y cosmovisiones.
No es fortuito entonces que fragmentos de esa obra literaria
acompañen algunas de las piezas, son ellos la mejor explicación para las historias narradas en los recipientes, para las imágenes de las estatuas, para los mensajes que se esconden bajo la arcilla y los colores.
El viaje se torna aún más completo con las salas lúdicas puestas a disposición del visitante, que podrá observar en un techo el árbol genealógico de los dioses, formará palabras con letras griegas en un muro, o apreciará en tercera dimensión el proceso de cocción de vasijas como las expuestas.
Tras escuchar las explicaciones y detenerse ante las obras mismas, los rostros de los espectadores muestran asombro y admiración: contemplan la belleza de las piezas, descubren nuevas leyendas, y comprenden un poco más por qué el arte es ese hecho supremo que trasciende espacios y tiempos.
*Corresponsal de Prensa Latina en México


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