Toluca, México; 8 de marzo de 2019. La violencia sexual tiene diversas manifestaciones, algunas tipificadas y otras no: la violación es la que más reconocemos, así como el abuso, el acoso, y el hostigamiento, pero quitarse el condón para penetrar a una mujer (aunque haya habido consentimiento de coito) o enviar fotografías sexuales sin que éstas hayan sido pedidas, o haber acordado coito interrumpido, pero eyacular dentro de la mujer argumentando que no sabía cuándo iba suceder, son también expresiones de violencia sexual; lo mismo que los piropos, los toqueteosy la masturbación en espacios públicos (exhibicionismo), son formas de violentar a las mujeres.
En el Estado de México, el acoso sexual se tipifica como delito y lo comete quien, “con fines de lujuria asedie reiteradamente a persona de cualquier sexo, aprovechándose de cualquier circunstancia que produzca desventaja, indefensión o riesgo inminente para la víctima”. El castigo para quien acose va de seis meses a dos años de prisión, o de 30 a 125 días de multa. La pena se agrava si el delito lo comente un funcionario público (quien, además, sería removido de su cargo).
En enero de 2019, en la entidad mexiquense, se denunciaron 389 delitos contra la libertad y la seguridad sexual: 170 casos de abuso, 24 de acoso, 181 de violación (simple y equiparada). Sin embargo, la mayoría de las mujeres afectadas por algún tipo de violencia sexual no denuncia porque se trata de un proceso tortuoso en el que se les revictimiza y, en ocasiones, hasta se les persuade de continuar con este trámite legal.
Sin embargo, el 24 de abril de 2016, Facebook y Twitter se inundaron con testimonios de mujeres que, usando el hashtag #MiPrimerAcoso, contaron cómo había sido su primera agresión sexual. Gracias a este ejercicio cibernético, se supo que las mujeres de entre 20 y 34 años de edad son las más expuestas a la violencia sexual; pero que se empieza a padecerla a los cinco años, aproximadamente.
De 46.5 millones de mujeres de más de 15 años, 66.1% ha enfrentado algún tipo de violencia; 43.9% ha sido agredida por parte de su pareja.
Si hablar puede ser una cuestión complicada para las mujeres; hablar acerca de las violencias que les afectan, pero que, penalmente, no se identifican como tales, puede dificultarse porque, a decir de Estefanía Vela, responsable del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Programa de Derecho a la Salud del Centro de Investigación y Docencia Económicas, nadie cree en la violencia diaria, a pesar de que todas y todos la condenemos.
Es importante entender que la violencia es siempre responsabilidad de quien la ejerce y tiene que ver con una relación de poder. En el caso específico de la violencia sexual, cuyas víctimas son, mayormente, mujeres, no se les agrede por deseo, sino porque es posible, dice la doctora Velvet Romero, doctora en sociología.
La escritora afroamericana, feminista, lesbiana y activista por los derechos civiles, Audre Lorde, señala que los motivos del silencio se tiñen con los miedos de cada una: el miedo al desprecio, a la censura, a la crítica, al reconocimiento, al reto o a la aniquilación. Sin embargo, afirma, a pesar de los miedos es necesario hablar y escuchar las palabras de las mujeres, compartirlas y ver cómo se vinculan con la vida.


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