Toluca, México; 8 de marzo de 2019.
Hay muchas historias de mujeres que han muerto en la búsqueda y defensa de los derechos de las otras, las que seguimos aquí.
Hace 161 años, un 8 de marzo, un grupo de obreras organizó una marcha en Nueva York, pedían mejores condiciones laborales y mejores salarios, pues recibían menos paga que los hombres aunque realizaban las mismas tareas. La policía las reprimió, 120 mujeres fueron asesinadas por ejercer su derecho a manifestarse.
En 1908, un contingente muy nutrido de obreras (aproximadamente 15,000) tomó las calles de Massachusetts, al grito de “¡Pan y rosas!”, miles de mujeres exigieron mejoras salariales, derecho al voto, el fin del trabajo infantil y horarios de trabajo más justos (recordemos que, además del trabajo remunerado, un gran porcentaje de mujeres se encarga también del trabajo doméstico, sin paga). De nueva cuenta, esto sucedió en marzo.
Para 1910, en Dinamarca, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas acordó proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No fijaron el día, pero sí el mes: marzo.
México no se queda atrás en cuanto a luchas durante el siglo XX, época que nos legó una oleada de movimientos de mujeres que confrontaron un sistema de oportunidades y valores claramente desigual.
Aunque no se llevaron a cabo en marzo, hubo congresos donde uno de los temas centrales fue promover el derecho al voto femenino (estos congresos se realizaron en 1915 y 1919; en México, las mujeres pudimos votar hasta 1955, aunque en 1953 se decretó, oficialmente, nuestro derecho a votar y ser votadas).
Durante la década de los veinte, en la ciudad de México, algunas mujeres decidieron usar el cabello corto y liberarse del corsé; ellas fueron atacadas verbal y físicamente, por “desobedecer” los mandatos de la feminidad de aquella época.
Si la conquista de los derechos de las mujeres ha sido violenta
¿por qué nos felicitan?
De acuerdo con la doctora Velvet Romero García, las felicitaciones forman parte de un ejercicio que busca despolitizar nuestras luchas, luchas con las que buscamos tomar y defender las garantías que nos corresponden: “por eso hay marchas, por eso hay manifestaciones, por eso hay paros”, señaló Romero García.
En ese sentido, el 8 de marzo se tendría que reivindicar como un día en el que las mujeres demanden derechos, exijan justicia por las muertas, así como las condiciones para una vida en la que, en palabras de Rita Segato, las mujeres del futuro no sean como el hombre que estamos dejando atrás.


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