El seis a cero yo no lo olvido, ustedes menos.

Toluca siempre ha sido un equipo solitario. Sin rivales específicos, sin  clásicos, sin derbies. Ni Toros Neza (rival de entidad), ni Santos (hermano de compañía cervecera), ni Potros (compañero de ciudad) han conseguido ser una oposición real para el Deportivo.      Pero la afición tiene su opinión. La gente en Toluca ha escogido al América como su rival. La cercanía con la Ciudad de México, la migración de capitalinos (quienes no cambiaron a sus equipos) al Valle de Toluca y los grandes enfrentamientos entre choriceros y azulcremas dan un toque especial. Hay partidos que ninguno de los dos olvida.
abril 20, 2019

Toluca siempre ha sido un equipo solitario. Sin rivales específicos, sin  clásicos, sin derbies. Ni Toros Neza (rival de entidad), ni Santos (hermano de compañía cervecera), ni Potros (compañero de ciudad) han conseguido ser una oposición real para el Deportivo. 

 

 

Pero la afición tiene su opinión. La gente en Toluca ha escogido al América como su rival. La cercanía con la Ciudad de México, la migración de capitalinos (quienes no cambiaron a sus equipos) al Valle de Toluca y los grandes enfrentamientos entre choriceros y azulcremas dan un toque especial.

Hay partidos que ninguno de los dos olvida. Los de Coapa presumen la final de 1970 en la que con goles de Carlos Reinoso y López Salgado obtuvieron su sexta copa. También tienen aquella polémica final de CONCACAF en la que con gol ilegítimo de Kléber Boas se empató el partido que a la postre sería ganado por las águilas y un 7-2 en el Azteca. 

Pero en Toluca también hay grandes recuerdos. 

En los cuartos de final del invierno 2000, Toluca ganó 0-2 en el Estadio Azteca, en la vuelta, por el sistema de competencia, el América debía ganar por diferencia de tres. Apenas comenzando el partido, Toluca se adelantó en el marcador, así, América necesitaba cuatro goles… los hizo. Frankie Oviedo, Luis Hernández y Calderón –con pase de Fabián Estay– empataron el marcador global, hacía falta uno y llegó por conducto del Chuy Mendoza. La alegría de los azulcremas duró sólo un minuto. No terminaban de festejar cuando José Saturnino Cardozo puso el empate que dejó fuera a las Águilas. Una tragedia para ellos. 

Otro gran recuerdo son aquellos dos históricos 6-0, uno en 1975 y otro en el 2003, en este último se anotó uno de los goles más bonitos en la historia del fútbol. Cardozo hizo una jugada digna de cualquier fútbol en el mundo. Un baile. De ese gol surgió un poema que podría ser el himno de la ciudad:

"Entre Hassan y Vicente Sánchez le quitaron la pelota a Castro. Cardozo hace la finta y escapa, luego viene Rojas y se lo quita, y sigue Cardozo, y toca para Sinha, no hay fuera de lugar, Cardozo la tiene, toque para Sinha, Rafa, tiro, Cardozo, remate, golazo. ¡GOLAZO!".

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