Foto: Especial
Nadie que no sean ellos mismos puede imaginarse el dolor, el miedo, la ira o la impotencia que los familiares de Jessica, la mujer de 23 años que murió a manos de Óscar García, sienten; nadie que no sean ellos puede entender lo que fue –según le contaron a El País– pasar cuatro noches afuera de la casa donde más tarde encontrarían muerta a la joven.
Nadie puede saber con exactitud lo que su familia o la familia de los más de 40 mil desparecidos que existen en México piensan, sienten o sufren, sin embargo, todos pueden sentir que el país, el Estado de México, el entorno y las calles que lo conforman son cada vez más inseguras y hasta sombrías. Todos pueden saber que el sistema de justicia no funciona, que la corrupción, la ineficacia, el burocratismo y la omisión actúan en contra de la población a la que deberían proteger.
Óscar García es un personaje cuya imagen ha estado en los últimos días en la mira de los medios, de la gente, de la Fiscalía del Estado de México; él, presuntamente, cometió el asesinato de Jessica –según sus mismas confesiones vía redes sociales– el de otras dos mujeres más y el de dos hombres, entre ellos su padre hace 12 años. Óscar García quería ser un asesino serial –como se llamaba a sí mismo en otra de sus cuentas de Fcebook– se burlaba de la Fiscalía por dejarlo escapar y describía los asesinatos cometidos con frialdad, con cinismo, quizá también, con orgullo.
Las noticias ya han dado cuenta del lugar donde vivía este hombre, de cómo fue que lo encontraron, de cómo fue que la Fiscalía estuvo en su casa y no pudo entrar porque no tenía orden de cateo, de cómo él salió a ahuyentar a los familiares de Jessica de afuera del inmueble, de cómo –cuando por fin tuvieron la orden para entrar– encontraron muerta a la joven, de cómo se escapó –también él mismo lo dice– por la azotea.
Óscar: “un cobarde y un pendejo”, escribió la activista Frida Guerrera en su twitter para que el asesino se enganchara: él escribió: “están lejos de mi categoría”, “pónganse a leer lo que les deje encerio talves y solo talves podrian predecir mis patrones”, “son el colmo de la mamada”, “puta madre les hare un mapa”, como si el hombre se asumiera superior… llamarlo pendejo, efectivamente, debía engancharlo, la activista asegura que deseaba mantenerlo conectado para que las autoridades pudieran aprehenderlo aunque, también –mencionó ella a Infobae– “me llegaron a decir [la Fiscalía] que él no era, que era otro sujeto, que se estaba burlando de mí y que no me ayudarían, pero quise seguir adelante”.
En la desaparición y búsqueda de personas, los familiares, la sociedad civil, las organizaciones han jugado un papel fundamental; ante la omisión y negligencia ellos son quienes realizan la búsqueda, generan lazos de colaboración, pegan y reparten volantes, revisan cámaras y, también, buscan osamentas en fosas. En esta ocasión la misma Fiscalía agradeció a la activista por su colaboración.
Al parecer Óscar no se alejaba de las redes, ahí vio fotos de sus mascotas en jaulas, darle noticias de sus perros y gata, explicó Frida Guerrera, fue parte del gancho para mantenerlo comunicado: él le pedía información, que los llevara a vivir con ella: parecían importarle mucho, mostró enojo por el encierro: “Para él sus mascotas eran sus bebés, incluso me dijo: Los únicos que merecen ser cuidados son los animales”.
Este hombre hizo circular los relatos de cómo asesinó a Mónica y a su padre, parecía que llevaba una vida normal, asistió al festival Ktnot Fest, al parecer vivía en Ciudad de México cerca del Politécnico, donde fue aprehendido cuando se conectó a la red de la institución, dicen, comiendo tortas: quiso pelear con los agentes y cuando lo redujeron amenazó con matarse comiendo dulces envenenados.
Al final, las autoridades lo aprehendieron y es inocente hasta que se le demuestre lo contrario, hasta que se investigue si sus víctimas fueron tres, seis o nueve, si asesinó a su padre, si mantenía relaciones con las mujeres muertas o era un acosador, ahora, al sistema de justicia le corresponde no dejarlo salir, como sucedió con al asesino de Abril.
Probablemente Óscar buscaba ser un asesino famoso, inteligente y audaz, con un apodo importante y una historia inolvidable, no lo es, es un asesino común que avanzó gracias a un sistema deficiente: las muertas son del sistema y aunque la aprehensión de Óscar es una buena noticia las desapariciones no terminan con su captura.
En este momento, aunque sea difícil saber exactamente cuál es el sentimiento que generó a sus familiares el fallecimiento no sólo de Jessica, sino de Fátima, de Cynthia, de Adriana, de Daniela, de Monserrat y de Brenda… de todas las mujeres asesinadas –diez diariamente– o de las desaparecidas, asesinadas, violadas, todos entienden del mensaje que cada mañana o cada noche se espera recibir de la hija o el hijo que salió al trabajo, a la escuela o a la tienda; se sabe de tomar una foto de las placas del taxi que se aborda, de compartir una ubicación, de no salir a la fiesta, se sabe que el sistema no cumple con “la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos” y se sabe que la realidad escala alarmantemente.


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