Vota Israel bajo sombra de la guerra y Netanyahu disputa su permanencia

Las encuestas anticipan una elección cerrada y un Parlamento fragmentado. La oposición, encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot, busca desalojar al primer ministro, pero tampoco tiene asegurada la mayoría necesaria para gobernar.
octubre 26, 2026
Dos cajas

Israel celebra este martes sus primeras elecciones legislativas desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, una jornada que exhibió una falla histórica de sus servicios de seguridad y desencadenó la guerra en Gaza, además de confrontaciones en Líbano e Irán.

Los ciudadanos elegirán a los 120 integrantes de la Knéset, el Parlamento israelí, en una votación que también pondrá a prueba la continuidad de Benjamin Netanyahu, el político que más tiempo ha gobernado el país.

El primer ministro llega a las urnas bajo el peso de las preguntas que dejó el ataque de Hamás: cómo pudo ocurrir, quién debe asumir la responsabilidad y por qué, después de años de guerra, la seguridad sigue siendo la promesa central de una sociedad profundamente inquieta.

Benjamin Netanyahu busca mantener el respaldo parlamentario para continuar en el poder / Foto: RR.SS.

Netanyahu buscará convertir los votos de la derecha, la ultraderecha y los partidos religiosos en una mayoría parlamentaria. Frente a él se encuentra una oposición que comparte el propósito de sustituirlo, pero no una misma visión del país ni de la relación con los palestinos.

Encuestas sin mayoría clara

Para formar un gobierno con mayoría se necesitan 61 de los 120 escaños de la Knéset. Ningún partido espera alcanzarlos por sí solo, de modo que el desenlace dependerá de las alianzas y negociaciones posteriores a la votación.

Un promedio de cinco encuestas difundidas entre el 22 y el 23 de octubre daba al Likud de Netanyahu 23 escaños y a Yashar, el partido de Gadi Eisenkot, 22. Después aparecían Beyachad, encabezado por Naftali Bennett, con 13, y Los Demócratas, con nueve.

Otro seguimiento, que reunió nueve mediciones, estimaba en promedio 52.4 escaños para el bloque de Netanyahu y 49.6 para los partidos opositores sionistas. Las listas árabes reunían alrededor de 14; otras candidaturas completaban el reparto.

Las encuestas individuales, sin embargo, mostraban diferencias amplias: las proyecciones para el bloque del primer ministro iban de 48 a 62 escaños. Son estimaciones previas a la elección. El desempeño de los partidos pequeños y el umbral mínimo de votación pueden modificar el reparto final.

Eisenkot, el rival

El principal adversario de Netanyahu es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y dirigente de Yashar. Su trayectoria militar le permite disputar al primer ministro un terreno decisivo en la política israelí: la seguridad.

La oposición israelí disputa los escaños necesarios para formar gobierno / Foto: RR.SS

Eisenkot se presenta como una alternativa para sacar al país de la crisis y recuperar la confianza en sus instituciones. Es, sin embargo, una figura de seguridad con apoyos en el centro y la derecha. Su eventual llegada al poder no supondría por sí misma una ruptura con la política de fuerza que ha dominado la respuesta israelí a los conflictos regionales.

La oposición también reúne a Naftali Bennett, ex primer ministro y dirigente de Beyachad, aliado con sectores de Yair Lapid; Yair Golan, al frente de Los Demócratas, y Avigdor Lieberman, líder de Israel Beitenu.

Sus diferencias son profundas. Bennett se opone a la creación de un Estado palestino, mientras Lapid la ha apoyado en el pasado. Otros dirigentes ponen el acento en el costo de vida, la relación entre religión y Estado, la obligación de prestar servicio militar y la recuperación de la confianza institucional.

Coinciden en que Netanyahu debe salir. Para gobernar juntos tendrían que resolver después sus diferencias.

Los aliados de Netanyahu

El primer ministro conserva una base política disciplinada y una alianza con fuerzas religiosas y de ultraderecha. Entre sus socios figuran Itamar Ben-Gvir, dirigente de Poder Judío, y Bezalel Smotrich, referente del sionismo religioso, además de partidos ultraortodoxos.

La continuidad de esa coalición daría nuevo peso a dirigentes que han defendido posiciones extremas sobre los palestinos, la ocupación y los asentamientos en Cisjordania.

Itamar Ben-Gvir, dirigente de Poder Judío y aliado de ultraderecha de Benjamin Netanyahu / Foto: Archivo AD Noticias

Sus aliados también tienen intereses propios. Las diferencias sobre el servicio militar de los jóvenes ultraortodoxos son una fuente de tensión en una sociedad que ha soportado una movilización prolongada de reservistas.

Cada escaño de esos partidos puede acercar a Netanyahu a la mayoría, pero también aumentar el precio político de su apoyo.

Los votos árabes y el bloqueo

Las listas que representan principalmente a ciudadanos árabes de Israel podrían resultar decisivas en la aritmética parlamentaria. Sin embargo, los principales dirigentes de los dos bloques han mostrado resistencia a incorporarlas a una coalición.

Eso estrecha las opciones de una oposición que, aun si reúne más escaños que el bloque oficialista, podría quedarse sin mayoría propia.

La derrota de Netanyahu en votos o escaños no equivaldría necesariamente a su salida del poder. Para sustituirlo, sus adversarios tendrían que reunir una coalición viable o encontrar una fórmula parlamentaria capaz de sostener un gobierno.

La seguridad y las consecuencias de la guerra marcan la contienda electoral en Israel / Foto: Archivo AD noticias

Gaza y el alcance de un cambio

Un relevo en Jerusalén podría modificar el tono de las relaciones exteriores de Israel, la forma de administrar la guerra y la relación con Estados Unidos y otros aliados. También podría abrir una discusión distinta sobre las responsabilidades por el 7 de octubre.

Sería prematuro, sin embargo, afirmar que una victoria opositora conduciría por sí sola a la paz o al reconocimiento de un Estado palestino. Las fuerzas que aspiran a reemplazar a Netanyahu no comparten una propuesta única sobre Gaza, Cisjordania o el futuro político de los palestinos.

La diferencia entre los bloques puede ser significativa para las condiciones de una negociación. La población palestina, entretanto, continúa soportando las consecuencias de la guerra y la ocupación.

El resultado también será observado por su posible impacto en la relación de Israel con Irán, Líbano y los países árabes. Ninguna de esas consecuencias puede darse por definida antes de conocer quién logra formar gobierno.

El futuro de Gaza figura entre los asuntos que rodean las elecciones israelíes / Foto: Archivo AD Noticias

Semanas de negociación

Las casillas cerrarán a las 22:00 horas de Israel, cuando se conocerán los primeros sondeos de salida. Serán una señal inicial, no el resultado definitivo ni la designación automática de un primer ministro.

Después del recuento, el presidente Isaac Herzog consultará a los partidos y encargará la formación de gobierno a quien considere con mayores posibilidades de reunir apoyos. Las negociaciones pueden prolongarse durante semanas.

Si ningún dirigente consigue construir una mayoría, Israel podría volver a las urnas y el gobierno actual permanecería de manera provisional.

La elección se disputa alrededor de Netanyahu, pero también de las fracturas que su figura concentra: seguridad y responsabilidad política, religión y Estado, guerra y aislamiento internacional. Las urnas repartirán los escaños. Las alianzas decidirán quién gobierna.

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