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Ella es Ana González, la primera mujer que representa en cabildo a los pueblos indígenas de Toluca

Me dedico a mi familia, a mis hijos pero también a tejer mis palmas, mis sombreros, mis bolsas, todo lo que es artesanal”, explica Maria Ana en entrevista

Pese al arraigado machismo, las carencias y necesidades, María Ana González Hermitaño se ha convertido, desde hace un mes, en la primera mujer otomí que ocupa el cargo honorario de representante indígena en el cabildo de Toluca. En este espacio, María busca que las autoridades atiendan las demandas sociales de 49 comunidades indígenas y de la delegación de San Cristóbal Huichochitlán.

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La representante indígena para el periodo 2022-2024 ocupó el cargo luego de que una sentencia del Tribunal Electoral del Estado de México invalidara el proceso iniciado por el cabildo. Por esta razón, la elección fue resultado de una consulta previa a las comunidades, quienes decidieron las características de la convocatoria y posteriormente en asamblea fue votada por mayoría.

María Ana explica las principales problemáticas que enfrentan las comunidades indígenas de Toluca. Fotos: Jesús Mejía

¿Quién es la representante indígena ante el cabildo de Toluca?      

María Ana González es una artesana otomí originaria de San Cristóbal Huichochitlán:

“Me dedico a mi familia, a mis hijos pero también a tejer mis palmas, mis sombreros, mis bolsas, todo lo que es artesanal”, explica en entrevista mientras teje una bolsa con trazas de plástico que desde hace años han sustituido a la palma, por la durabilidad y resistencia que ofrecen. Esa labor la realiza desde que tenía 7 años y es una de las principales ocupaciones de su familia y vecinos.

Las preocupaciones de María Ana se centran, principalmente, en las limitadas posibilidades que tiene para vender sus trabajos; pues tarda un día en elaborar una bolsa y solo gana entre 5 y 6 pesos. Una situación que se repite también en otros oficios de artesanía en Toluca.

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“Nosotros no tenemos un trabajo de que ganamos como otras personas de la ciudades. Nosotras ganamos 600-700 pesos, nuestros esposos ganan muy poco, 900, hasta 1200 quincenales”, expresó la representante.

La situación económica que enfrenta ella y su comunidad la llevaron –desde hace 24 años– a involucrase en procesos de exigencia y gestión.

La venta de artesanías es la principal fuente de ingresos para María Ana. Fotos: Jesús Mejía.

Entorno de carencias

Afuera de su hogar, María Ana muestra su pequeño pozo de agua, que se ha secado desde hace unos meses. Explica que esta situación es desesperante, pues el servicio de agua potable en la delegación no llega de forma regular y solo tiene agua uno o dos días a la semana.

Después camina por calle que pasa frente a su casa, ahí son visibles los baches y las luminarias que no funcionan; pero esto no es lo más grave, sino como contextualiza la situación:

“Estamos muy inseguros aquí; no tenemos policías, nos hace falta mucha vigilancia. A los jóvenes que van a trabajar los asaltan frente a nuestras casas (…). Esta calle está muy oscura en la noche y la gente ya no quiere pasar por la inseguridad. Aquí dando la vuelta en la otra cuadra el año pasado encontraron una cabeza, un cuerpo. En la otra cuadra encontraron un joven muerto, por eso ya nos da miedo salir”, expresó.

Tiempos de cambio

Ya es tiempo de que una mujer indígena hablante de otomí pueda trabajar. Ya se acabó el machismo de los hombres porque aquí en los pueblos hay muchos hombres machista. Entonces, creo que ya es tiempo que nosotras como mujeres podamos trabajar y salir adelante”, explica María Ana.

María Ana narra las condiciones que enfrentan las mujeres en el lugar y la sociedad:

Ya estamos cansadas las mujeres de que siempre nos han utilizado a la gente. A nosotras como mujeres nos discriminan mucho, que porque somos mujeres, no sabemos trabajar, no sabemos llegar a donde tenemos que llegar con los presidentes, con el gobernador. Nosotras queremos ya trabajar para pedir el apoyo en nuestras comunidades”.

Las palabras de la representante reflejan, además, la condición actual de los pueblos indígenas de Toluca, quienes plantean una abierta exigencia al Ayuntamiento de Toluca.

[Los partidos políticos] sí ayudan cuando es tiempo de elección, sí vienen, nos buscan; pero nada más ese momento. Ya terminando la elección se olvidan de nosotros, se van y ya no se acuerdan, mucho menos de los indígenas”, cuestiona María Ana.

Explica que ya solicitó sus primeras peticiones al alcalde, y en los próximos meses buscará recorrer las comunidades indígenas para ampliar y las demandas de la ciudadanía.

“Debemos tener fuerza y decirla a los hermanos, que se acerquen a mí para que lleve sus peticiones al presidente (…). Que se involucren en la promoción y difusión de los derechos indígenas, que se sientan orgullosos de ser indígenas, que mantengan sus usos y costumbres y sobre todo que conserven la lengua como símbolo de identidad”, concluye.