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Empatía y responsabilidad ante la crisis sanitaria

Empatía y responsabilidad ante la crisis sanitaria

Empatía y responsabilidad es lo que demanda este momento. No bastará con la declaración de un nuevo semáforo si la gente no experimenta empatía con los demás y no se hace responsable de sus actos públicos.

Hace muchos siglos, cuando algunos filósofos y pensadores buscaban argumentos para convencer de que era necesario construir una nueva forma de organizar la sociedad, distinta a los modelos monárquicos, profundamente desiguales e injustos, se esbozaron algunas ideas respecto a la necesidad de “ponerse en el lugar del otro” para perfilarse como un buen ciudadano. Rousseau y Leibinz lo expusieron desde el siglo XVIII. Pero fue hasta principios del siglo XX cuando desde la psicología se acuñó el término “empatía”, para referirse a esa capacidad de imaginarnos los problemas y penas de los otros, llegando a experimentar incluso dolor ante el dolor de otros.

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El desarrollo de esa capacidad y sensibilidad que permitan entender la frase “el otro soy yo, pero bajo otras circunstancias” es lo que define a la empatía. Aquel que es capaz de experimentar sensaciones y emociones a través de las experiencias de otras personas puede decirse empático. Esto, desde luego, implica que, al menos por un momento, me olvide de mis propias necesidades y advierta los problemas y sentimientos de los otros para actuar en consecuencia.

El momento que vive el país a causa de la pandemia por Covid-19 demanda, más que nunca, empatía para, desde nuestra propia conducta, contribuir a que los problemas sanitarios no se agraven. A estas alturas del año, los datos oficiales de contagios y defunciones permiten sugerir que no hay familia en México que no haya tenido un caso de contagio y/o defunción por Covid-19. Me refiero, desde luego al concepto de familia extensa: que incluye abuelos, tíos, primos, etc. Esto es fácil de deducir si atendemos a los números revelados por la Encuesta Nacional de Salud que se realizó con motivo de la Covid-19 y cuyos resultados fueron dados a conocer la semana pasada: 25% de la población habría estado expuesta al virus, aunque muchos no presentaron síntomas ni enfermaron. Igualmente, si tomamos en cuenta que se estima en unos 220 mil casos el exceso de mortalidad en nuestro país durante el presente año, y asumimos que la mayoría de ellos muy probablemente tuvo que ver con la pandemia que actualmente padecemos, entonces se puede afirmar esto que digo: no hay familia en México que no haya tenido un caso en lo que va del año.

La muerte de cualquier persona representa una tragedia para un grupo de personas: los padres, los hijos, los hermanos; vaya, el núcleo familiar en el que esa persona era “alguien” a quien van a extrañar, les va a hacer falta y dejarán un vacío. Igualmente alguien que enfermó de Covid-19 y se recuperó, va a tener secuelas, algunas de ellas muy graves, y eso va trastocar necesariamente su vida y la del nucleo familiar en el que vive. Quienes no hemos enfermado deberíamos ser capaces de mirar en esas circunstancias sufridas por otros razones suficientes para conducirnos con responsabilidad.

¿Qué sería yo capaz de hacer de frente a todos aquellos que han perdido a uno o más de sus familiares? ¿Puedo organizar mi gran posada sabiendo de su tragedia? ¿Puedo salir de fiesta sabiendo que hay quien está haciendo fila para poder ingresar a un hospital porque sus pulmones han colapsado y no hay camas disponibles? ¿Puedo irme de compras o a beber sabiendo que hay gente muriendo en su casa por falta de oxígeno? 

No sólo es la compasión ante los males de los otros, es sobre todo el ejercicio de la capacidad para responder por nuestros actos frente a los demás; eso es a lo que se llama responsabilidad ¿Qué sería yo capaz de hacer de frente a todos aquellos que han perdido a uno o más de sus familiares? ¿Puedo organizar mi gran posada sabiendo de su tragedia? ¿Puedo salir de fiesta sabiendo que hay quien está haciendo fila para poder ingresar a un hospital porque sus pulmones han colapsado y no hay camas disponibles? ¿Puedo irme de compras o a beber sabiendo que hay gente muriendo en su casa por falta de oxígeno? 

Empatía y responsabilidad es lo que demanda este momento. No bastará con la declaración de un nuevo semáforo rojo que han hecho las autoridades por el repunte de casos de Covid-19 si la gente no experimenta empatía con los demás y no se hace responsable de sus actos públicos (porque afectan a los demás), el problema va a seguir. Ahora van a detenerse actividades económicas durante las próximas tres semanas, con su correspondiente impacto a la economía de miles de familias. Hay que tener empatía con ellos, de cara al futuro inmediato. Ninguna posada, ninguna cena, ninguna convivencia de fin de año vale lo que una vida o una empresa quebrada. Ponte en los zapatos de los demás y condúcete de modo que puedas dar la cara a quienes hoy sufren a causa de la pandemia.

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El sistema de salud, endeble por décadas, está siendo rebasado. Todos quieren (porque tienen derecho a ello) atención médica; pero es sencillamente imposible atender a decenas de miles a un mismo tiempo. ¿Quieres hacer fila abordo de una ambulancia? ¿Quieres peregrinar de hospital en hospital esperando que haya uno donde reciban a tu pariente que está muriendo? ¿Te gustaría que otros se pusieran en esa condición? ¿Sabes el dilema que representa para un médico o una enfermera tener que negarle el acceso a alguien al hospital o al respirador artificial porque no hay más? ¿Qué vas a hacer al respecto? Yo me quedo en casa y deseo salud para todos.