¡Estamos encabronados!

La diversidad sexual ha sido pisoteada, mancillada, humillada y vilipendiada en el Estado de México. Estamos dolidos, sorprendidos, indignados, enojados ante el rechazo institucional que se nos hace, pero sobretodo, estamos encabronados por la omisión, la displicencia, la injuria y el odio que se nos tiene. Estamos hartos de exigir derechos que nos corresponden por nuestra simple naturaleza humana. El pasado 31 de mayo fue un día gris para la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travestí, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) en el Estado de México. Después de anunciarse con bombo y platillo que los diputados de la LIX Legislatura local
junio 3, 2016

La diversidad sexual ha sido pisoteada, mancillada, humillada y vilipendiada en el Estado de México. Estamos dolidos, sorprendidos, indignados, enojados ante el rechazo institucional que se nos hace, pero sobretodo, estamos encabronados por la omisión, la displicencia, la injuria y el odio que se nos tiene. Estamos hartos de exigir derechos que nos corresponden por nuestra simple naturaleza humana.

El pasado 31 de mayo fue un día gris para la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travestí, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) en el Estado de México. Después de anunciarse con bombo y platillo que los diputados de la LIX Legislatura local discutirían y aprobarían la iniciativa de ley para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, el tema no prosperó. Las presiones del clero, los intereses políticos y los grupos conservadores surtieron efecto y la discusión se pospuso, otra vez, por tiempo indefinido.

El Estado laico se arrodilló ante las sotanas, se doblegó ante el yunque de la derecha, se postró ante los pies del fanatismo religioso. Pesaron más las marchas de odio, los vituperios, los prejuicios, los estigmas, la ignorancia de los folletos que advertían sobre los “peligros de la homosexualidad”, que los argumentos en los foros de discusión y las recomendaciones de la UAEM, la CODHEM o la SCJN para que el Código Civil de la entidad sea modificado al considerarlo discriminatorio contra la comunidad LGBTTTI.

Y todo porque la palabra matrimonio les causa escozor. Todo porque nos siguen considerando como inferiores, porque siguen creyendo que vivimos en la Edad Media, porque confunden su libertad de expresión con la violencia. Todo porque desconocen el Estado laico, por ignorancia, por prejuicios, porque se creen inquisidores y jueces. Los “defensores” de las luchas sociales buscan aplastar los derechos humanos. ¡Qué cinismo!

No les caería nada mal escuchar la voz del padre, Alejandro Solalinde, respecto al tema: “A nosotros, a nosotras, no nos toca decir si una persona es o no es, ella es lo que quiere ser y punto y hay que respetarla, los derechos humanos no son privativos de un sector, son inherentes a la persona y tenemos que respetarlos”.

Respetamos las creencias personales del obispo de Toluca, Francisco Javier Chavolla Ramos, de los panistas, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, Juan Carlos Núñez Armas, Alfonso Bravo Álvarez, Marcos Álvarez Malo, Víctor Guerrero, Martha Guerrero, Orlando Gouyón, Arturo Tonatiuh, María del Roció Pedraza Ballesteros y Mónica Fragoso Maldonado, o del Frente Nacional por la Familia, pero en lo que no estamos de acuerdo es que a través de sus discursos disfrazados por la “defensa de la familia”, “amor al prójimo” y argumentos anacrónicos promuevan el odio contra dos hombres o mujeres que se aman y que quieren ser reconocidos por la ley.

Se excusan en que no son homofóbicos aunque siempre pongan un pero en el respeto a la comunidad LGBTTTI. El respeto no incluye peros. No buscamos su aceptación, ni queremos convertir sus creencias o destruir a la familia. Exigimos respeto. No más, no menos.

No tenemos más que decir. SI creen que la lucha se acabó, no se equivoquen, estamos dispuestos a defender lo más preciado que tenemos: nuestra vida. Estamos encabronados.

Ya nos leyó en Alfa, ahora toca el turno de escuchar sus opiniones y comentarios en nuestra cuenta de Twitter @FDCRadio , se lo agradeceremos.

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